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El misterio del pintor Juan Moreira
Armando Reyes
 
Para el pintor cubano Juan Moreira el arte y, en especial, la pintura, es un misterio que, en su opinión, hasta ahora nadie ha desentrañado.

A lo largo de más de 40 años moviendo un pincel de arriba a abajo o de izquierda a derecha, Moreira afirma que el acto de creación artística continúa siendo tan misterioso para él como el primer día en que decidió que la pintura era su razón de ser.

De ahí que a sus obras las califique como sus hijos que nacen, crecen, se desarrollan y después al tiempo toman su propio camino y destino, aunque los vea con una frecuencia mayor o menor. Todas tienen una vida propia que va a más allá de las expectativas con que surgieron en el interior del artista, apunta el laureado pintor.

Se nutre de experiencias tan comunes como un paseo por la calle o en un vehículo de transporte público y ejecuta su faena con la intención de nunca ceder sus obras que, si por él fuera, quedarían todas a la distancia de unos pasos; pero como hijos, al fin y al cabo, acaban dejándolo y en manos de coleccionistas o en posesión de instituciones culturales.

El pintor cubano reflexiona en que el trazar líneas o curvas para dibujar, a veces no requiere de academia alguna, sino de la capacidad del artista de llevar dentro de sí algún mensaje que emitir. Un ejemplo con que el entrevistado ilustra su concepción del arte lo toma de un campesino (en Cuba les llaman guajiros) en la oriental provincia de Guantánamo, el cual empezó a picar piedras con un machete y un martillo para transformarlas en animales y construyó todo un zoológico de piedra que causa admiración en cuanta persona lo visita.

Luego, el artista guantanamero recibió instrumentos más adecuados y tal vez algún que otro curso de superación, pero como el arte lo llevaba en su interior, llego un día en que tuvo la necesidad de expresarlo. Igual sucedió con el llamado "Bárbaro del Ritmo", el cantante y compositor cubano Benny Moré, quien de origen muy humilde y pasando por los oficios peor remunerados y menos calificados, llegó a dirigir una orquesta y convertirse en una de las más renombradas figuras dentro de la llamada música popular, expresa el pintor.

"Cuando era muy joven yo comentaba con amigos que no me gustaba el estilo de Wifredo Lam -relata- pero un día un compañero me invitó a ver uno de sus cuadros. Subía la escalera cuando me topé con la obra de Lam y me dio un virtual golpetazo. Quedé impresionado con aquel cuadro, al punto de que estuve horas contemplándolo, analizándolo y viendo cómo de una sencillez de líneas y trazos aquello emitía una energía y una fuerza que me trasmitió como un corrientazo".

Así comenzó Moreira a pensar sobre los misterios del arte; incluso a los menos avezados en ocasiones les impacta una esencia que sólo los verdaderos artistas son capaces de captar, procesar y expresar. A su juicio lo que más se une o identifica con la pintura, es la literatura, y piensa que les ocurre así a muchos pintores. En su etapa juvenil escribía cuentos cortos, pensamientos, pero a la larga se convirtió en pintor y hay muchos escritores o pensadores a los que les pasó lo contrario: realizaron incursiones en la pintura. Por ejemplo, Martí que era un pensador, un literato, hizo dibujos mínimos, cositas que dibujó muchas veces. Nicolás Guillén dibujaba. Rabindranath Tagore, el gran poeta hindú, en una etapa de su vida, pintó, hizo exposiciones. El poeta español Federico García Lorca también estuvo en el mismo caso. Es decir, que personas que han sido reconocidas como escritores, dibujaban.

Al hablar del proceso por el cual ha transitado en la pintura, Juan Moreira refiere que los críticos han establecido tres etapas fundamentales: una inicial, de búsqueda, -de hace tantos años, que casi no recuerda-, insertada en lo que se calificó de "Realismo Mágico"; otra denominada "Erotismo-Órganico", y la más reciente, la actual, que pudiera nombrarse como de "Raíces Africanas e Indigenistas".

En la primera, indica que era muy joven y estaba en la búsqueda de un camino, de un estilo propio, y que ya al llegar a él, pintó a muchas figuras políticas e históricas como Martí, Maceo, Camilo, el Che, Fidel, Ignacio Agramonte, Máximo Gómez; después recreó el sexo de la mujer y del hombre con la vegetación, y que hace unos seis años pinta sobre raíces africanas e indígenas, tras un estudio de códigos y leyendas de estas culturas tan vinculadas a la América Nuestra.

El hecho es que a lo largo de la vida -acota Moreira- se va cambiando la filosofía de la vida, de las cosas, y en un momento, piensa más en el sexo, y a lo mejor, ahora, según parece, estoy más motivado por la historia y la cultura de Cuba, con la santería, con los mitos y leyendas cubanas de orígenes precolombino y subsaharano que forman parte de mi cultura personal.

Claro, los críticos -agrega- me han dicho que en todas las etapas se mantiene un hilo conductor, como que es la misma persona, y se conservan cosas como la línea, el dibujo o los colores.
En un recuento de su vida personal, el pintor cubano menciona sus primeros años de la existencia en que la pobreza lo golpeó tanto que apenas cursó cinco grados y trabajó en las faenas más fatigosas, entre otras, la limpieza de un local enorme.

Comenzó a hacer "pininos" en la pintura como cualquier niño más, pero se dio cuenta de que por ahí andaba su futuro. Llegó a ser rotulista de carteles comerciales y pintor de vallas; después estudió y se hizo profesor de la Escuela de Artes Plásticas de San Alejandro, en La Habana.

Llegado a la altura de convertirse en un reconocido artista en Cuba y en el mundo, Moreira no pinta cosa alguna con ánimo de venderla; sólo lo hace a manera de satisfacer un llamado interno que lo impulsa a tomar el pincel y los útiles de trabajo sin pensar en otra cosa que expresarse.

"Nunca pienso en que si hago esto más bonito me lo van a comprar. No, yo pinto porque me gusta. Cuando lo vendo, bien, tengo que vivir; durante muchos años enseñé pintura y pintaba, pero no vendía. Yo daba clases, vivía de un sueldo, y mis cuadros los exponía o los regalaba. Luego empezó la comercialización de los cuadros para instituciones, para coleccionistas, aunque un artista verdadero nunca trabaja con la idea de que va a ganar dinero y vivir mejor".

Texto de Armando Reyes, tomado de la Revista Excelencias Turísticas del Caribe