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Víctor Patricio de Landaluze. Su obra y su época.
Richard Neumann
 
El primero que ha penetrado la esencia cubana y se ha arraigado espiritualmente en el pueblo mismo, como es y vive, fue Don Víctor Patricio de Landaluze, peninsular de nacimiento, pero mentalmente y por su predilección cubano aplatanado.

Su influencia como inspirador de sus sucesores hasta los pintores contemporáneos de Cuba es enorme y siempre creciente, aunque concentrada en lo temático y folklórico. ... F. Calcagno en su diccionario biográfico, New York, 1878, dice sobre Landaluze: “Notable caricaturista peninsular y regular pintor de escenas de costumbre. En 1862 fundó Don Junípero, satírico y caricaturista, en el año 1881 ilustró la obra Tipos y Costumbres de la Isla de Cuba”.

Jorge Mañach le elogia y reconoce su observación aguda y su habilidad expresiva en relación con el folklore, pero critica vehementemente a este artista como “aplatanado artísticamente, pero imperdonable sicofante y conformista con inhibición servil del instinto liberal”.

300 años de arte en Cuba, La Habana, 1940, dedica a Landaluze un largo párrafo. Dice que llegó a Cuba probablemente en el año 1863 y menciona la fecha correcta de su fallecimiento en 1889. Menciona que su actuación como caricaturista político le restó la simpatía de los críticos de arte cubanos pero acentúa que es más que amateur de arte o notable caricaturista o dibujante humorístico el primer artista que captó los tipos nacionales ... Dice en resumen que Landaluze es más cubano que Melero y que Chartrand y añade que esto es paradójico si se consideran sus tendencias políticas.

Martha de Castro en su Arte Cubano Colonial, Habana 1944, ya acusa sus dudas de la fecha de la llegada de Landaluze a Cuba (...) por el hecho de su colaboración anterior en periódicos cubanos. Ella también elogia sus méritos como folklorista ... y como el primero en desarrollar el motivo negro.

El catálogo de la exposición La Pintura Colonial en Cuba, Habana 1950, dice así: “Landaluze, Víctor Patricio. Cultivador de la caricatura de sentido político y del costumbrismo pictórico, aspecto éste que le asigna un lugar único entre nuestros artistas de la época colonial, impartiendo a su obra –aparte del estético– un alto valor documental, cultiva la acuarela y el óleo al que da la transparencia de la pintura al agua. “Tipos y Costumbres” es un venero inagotable de la tipología cubana captada por este español, enemigo en lo político, del movimiento emancipador, que supo, en su pintura, expresar como nadie, lo criollo que le sirve de tema y que traduce plásticamente con un certero sentido de observación y calidades de composición y colorido.”

Las indagaciones hechas además en las publicaciones mencionadas en el Museo Nacional, en la Parroquia y en el Colegio de los Padres Escolapios de Guanabacoa, en la Sociedad Económica de Amigos del País y en varias bibliotecas, permiten sustanciar con verosimilitud una biografía de Landaluze.
Víctor Patricio Landaluze (se escribe a veces también Landaluce) nació en Bilbao en el año 1827. Gerardo Castellanos en su Panorama Biográfico afirma que era de blasonada estirpe que ostentaba la corona de marqués de Prado Largo. Por tradición familiar destinado para la carrera militar, recibió una educación esmerada. Hizo varios viajes a España y Francia y residió durante un tiempo en París. Habló seis idiomas, tenía excelentes relaciones con la buena sociedad y como hombre deseoso de instruirse aprovechó todas las ocasiones para profundizar sus conocimientos de los problemas de cultura y arte sin dedicarse profesionalmente a una rama especial. Por el ambiente familiar y social y por su orgullo de ser español de pura raza desenvolvió una cierta altanería e inclinación hacia la sátira. Su llegada a Cuba parece claramente establecida por la necrología publicada el día 19 de junio de 1889 en el Diario de la Marina. Allí se puede ver que llegó antes de mayo de 1850 y residió temporalmente en Cárdenas. No es cierto que ocupara allí algún puesto oficial o militar. Landaluze presenció el 18 y 19 de mayo de este año la expedición ... de Narciso López, su desembarco del buque Creole con los 500 hombres, la toma rápida de la ciudad, el eco insuficiente de tan nobles intenciones, el fracaso resultado de falta de preparación e información, las inevitables acciones sangrientas y la muerte dramática del lancero Carrasco, quien –caído de su caballo se negó a rendirse y fue perforado por las bayonetas de los expedicionarios. Este gran suceso que ha presenciado dejó en Landaluze una impresión duradera, contribuyó a falsificar su opinión sobre el carácter ideal del movimiento liberador e influyó en su actitud y crítica con respecto a la emancipación de la colonia. Poco después entró en la redacción del Diario de la Marina como crítico teatral y costumbrista.

Su primer contribución de importancia en la línea costumbrista es su colaboración como ilustrador en la obra “Los Cubanos Pintados por sí mismos”, editado por D.José Robles con introducción de Blas San Millán en La Habana, 1852.

La iniciativa para esta publicación origina en la idea de D. Antonio Bachiller y Morales, que planeó un libro de lujo, ilustrando la vida y costumbres cubanas. Por falta de dinero se publicó solamente el primer tomo y la biblioteca Nacional posee solamente el primer ejemplar que pertenecía a D. Vidal Moral y Morales –una rareza muy envidiada por los bibliófilos. Allí presentó Landaluze sus primeros tipos cubanos, entre ellos el lechero, el tabaquero, el peón de ganado, el mataperros y otras figuras que ya dejan presentir su desarrollo futuro. Sin embargo, las ilustraciones en esta primera publicación costumbrista no tienen gran valor artístico ni perfección profesional sino que son solamente dibujos de un aficionado con cierta destreza y buen don de observación. Al mismo tiempo Landaluze publicó en La Habana también sus primeras pruebas en el campo literario –hoy olvidadas. Puedo citar con certeza su Doña Toribia, zarzuela, publicada en 1852. Probablemente es también el autor del drama fantástico El Corazón de una actriz o Sueño y Realidad, 1858, firmado D.V.P. y del juguete en un acto La Cosa Mala de la calle del Sol, firmada P.D.L.

Con sus conexiones sociales y como miembro de la redacción del Diario de la Marina, Landaluze frecuentó regularmente los salones elegantes de La Habana. Fue allá que pudo haber encontrado a Juan Martínez Villergas de Valladolid, hombre ambicioso, crítico y preocupado contra la política liberal. Villergas le invitó a ilustrar su nueva revista satírica literaria “La Charanga”, que se publicó en los años 1857 y 1858. Con Landaluze figuraron también como ilustradores de esta revista Miguel Melero, el futuro director de la academia San Alejandro y el graduado de San Fernando de Madrid, y discípulo del pintor parisiense Cognier, Augusto Ferrán, buen pintor y escultor. Las caricaturas se ocupaban en primer lugar en inconvenientes locales y excesos de la moda femenina y son de calidad bastante regular. Después de la suspensión de “La Charanga” el mismo Villergas publicó otra revista “El Moro Muza”, un poco más agresivo y recibió de cuando en cuando unas caricaturas de Landaluze. “El Moro Muza” se publicó desde el año 1859 y se continuó por cinco etapas. Sus tendencias y especialmente su antifeminismo causaron mucha indignación y crítica. Landaluze se retiró pronto de esta revista para editar su propio semanario “Don Junípero” que se publicó en los años 1862-1864 y desde 1866 hasta 1869. El estilo de las caricaturas de Landaluze iba cambiando correspondiente a su creciente habilidad y su fecundidad. En total el número de sus dibujos y caricaturas ascendió hasta 2000. Su manera inicial aseméjase a los trabajos de alumnos de escuela con dibujos sombreados de lápiz; más tarde Landaluze tentó a imitar los métodos de los caricaturistas franceses, pero nunca alcanzó la agudeza y la calidad artística de ellos (...)

Hasta el año 1866 sus temas fueron casi exclusivamente de interés local o alusiones a los sucesos mundiales, éstos sacados o copiados de periódicos americanos y europeos. Antes del año 1862 no puede descubrir la menor agresión contra los movimientos de liberación de Cuba. Tampoco se puede encontrar ni en la guía de forasteros, ni en los periódicos contemporáneos huella de que tuviera función de militar activo o –como dicen algunos autores– que había llegado como ayudante del gobernador general Francisco Lersundi. Este último tomó posesión como Capitán General el 30 de mayo del año 1866 para quedarse hasta noviembre del mismo año y por segunda vez ocupó el cargo desde diciembre de 1867 hasta enero de 1869 (... ) parece probable que Landaluze que Landaluze tenía relaciones –sean familiares sean sociales– con el general Lersundi, cuyas recepciones describió extensamente en sus revistas y cuyo retrato un poco adulador publicó en gran tamaño. La influencia de Lersundi, reaccionario mezquino, empezó a mostrarse en los ataques primeros contra el reformismo que aparecieron en su revista en los años 1866 y 1867. Sus asaltos más duros y mordaces contra los insurrectos aparecieron en los años 1870–1872 en la revista “Juan Palomo” en cuya primera página figuró Landaluze (D. Junípero) como ilustrador. Sus ataques están dirigidos principalmente contra la persona de D. Carlos Manuel de Céspedes y sus íntimos amigos y yo creo que no solamente la idea política del peninsular que odia que España, su patria, pierda esta joya querida, que fue a su juicio Cuba, sino que también razones personales deben ser el origen de tales demostraciones sociales y poco compatibles con su carácter de odio y agresividad. Fue entonces que se inscribió como voluntario. Sin embargo, su pasión como partidario activo se atenuó pronto y desapareció en gran parte con otros nuevos intereses y después del año 1872 casi no hay agresiones o caricaturas políticas (ver nota al final). Landaluze encontró otra y más simpática atracción. En una gran fiesta en el Palacio de la Marina conoció a la bellísima dama Rita Planas viuda de Granadas, se enamoró de ella y se casó con ella en el año 1874 en la ciudad de Guanabacoa donde residió hasta su muerte. Le nombraron coronel y jefe del batallón de color “España” de la milicia nacional pero no se ocupa mucho del servicio activo militar. En cambio en estos años sus actividades artísticas alcanzaban su más alto florecimiento. Nunca abandonó su predilección para el dibujo y la pintura, pero la atmósfera cubana y la vida multicolor del pueblo le ofrecieron la más grande inspiración y crearon una profunda simpatía para el país y su gente. Tomó con entusiasmo la idea de Dn. Antonio Bachiller y Morales de realizar finalmente su propósito de otrora y publicar un gran libro sobre los tipos y costumbres cubanos, ilustrados por Landaluze. Después de numerosos estudios, acuarelas y dibujos durante muchos años el editor Miguel de Villas pudo publicar en el año 1881 la obra monumental “Los Tipos y Costumbres de la Isla de Cuba” con una introducción y cinco capítulos de Bachiller y Morales y ochenta y una ilustraciones de Landaluze. Contribuyeron además J. V. Betancourt, Francisco de Paula Gelabert y varios otros autores con numerosos artículos. Entre los múltiples grabados de los dibujos de Landaluze merecen mención especial: “El Gallero”, “La Mulata de Rumbo”, “Los Guajiros”, “EL Calesero”, “El Puesto de Frutas”, “Los Negros Curros” (en color), “El Ñáñigo”, “Los Mataperros” (inspirados por los granujas de Murillo) y “La Partera” (un poco en el estilo de los costumbristas franceses del siglo XVIII.) Estas ilustraciones junto con sus estudios y acuarelas para esta obra fijan el valor y la importancia significativa de la obra de Landaluze. El no compite con la ejecución profesional o la composición ortodoxa de los profesores académicos o pintores de vocación. El no tenía escrúpulos en usar dibujos y formas de sus precursores, especialmente de Mialhe. Pero su contribución personal e incomparable es su penetración del alma criolla, la captación de la luz tropical, la reproducción inspirada de toda la alegría, de las pasiones y astucias, de las costumbres y burlas, de los prejuicios y supersticiones de los cubanos genuinos, sean blancos o negros. Basta la comparación con cualquier otro costumbrista para averiguar la enorme superioridad en realismo y emoción. Una de sus acuarelas mejor logradas "El Místico del Angel" se conserva en la colección Govantes. Obras como éstas son los mejores testigos de que Landaluze no fue enemigo del pueblo cubano y lo mismo se prueba por su colaboración íntima con un personaje de tal excelencia y patriotismo como fue Bachiller y Morales. El retrato de Landaluze, pintado por Federico Martínez presenta un buen hombre, de aproximadamente 50 años, estimado ciudadano de Guanabacoa con ciertos signos de haber sido en su juventud un "bon vivant", con ironía y comprensión para las debilidades humanas, un hombre sin odio y sin envidia. No abandonó su españolidad, miró y amó a Cuba como parte de su patria. Sus tipos siguen viviendo en multitud de cuadros hasta nuestros días. No ambicionó ser un gran maestro de la pintura sino un propagandista de la gracia y belleza de la vida cubana, un gran tipo aplatanado cubano (..... ) 1884. Entonces tiene que abandonar sus actividades literarias y artísticas por la tuberculosis de la que sufrió. Después de años de lucha sucumbió a esta enfermedad cruel y murió en Guanabacoa el día 8 de junio de 1899. En su entierro lucieron sus condecoraciones como comendador de la orden Isabel la Católica, como Caballero del Santo Sepulcro, como portador del título de "Benemérito de la patria" y la Cruz de María Luisa. El Diario de la Marina publicó una amplia necrología. Sus cuadros y pinturas figuran en muchas colecciones cubanas, americanas y europeas.

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Richard Neumann. Víctor Patricio de Landaluze. Su obra y su época. Arquitectura (La Habana) AñoXVIII, Nº 206, septiembre de 1950, p.422-427.

Nota: La mayoría de los investigadores atribuye este cambio de actitud en Landaluze, al fusilamiento del poeta Juan Clemente Zenea, con quien mantuvo una relación amistosa, y el proceso relacionado con los estudiantes de medicina fusilados por España.