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Cirenaica Moreira
Mabel Llevat
 
Las fotografías de Cirenaica Moreira parten de una idea narrativa que encierra una historia hecha imagen, acompañada además de un gesto corporal fotografiado, que coadyuva a connotar la puesta en escena teatral. Es un acto que parece congelarse y condenarse a la imposibilidad de su continuación y término, como los gestos y acciones emotivas capturadas en un trazo de pintura gestual.

Esta negación que advertí desde un inicio en las obras de Cirenaica, se acentúan al llevarlo al plano conceptual. Imágenes que nos pueden recordar las piezas teatrales de Virgilio Piñera, donde la esencia dramática, el conflito que mueve a la acción, es precisamente la nada en su devenir diario, la negación de un ciclo vital donde se perpetuan lo infructuoso, lo estéril, lo patológico. Una extraña ambigüedad entre lo cotidiano y lo infrecuente: la percepción de estados anómalos en ambientes habituales y corrientes.

De esta manera, la obra de Cirenaica se mueve en un territorio donde confluyen categorías como lo doméstico y lo sofisticado, lo afectuoso y sensitivo en su sentido de protección y amor hogareños, y lo violento y agresivo. La evocación de imágenes aparentemente retenidas en la memoria, le confieren a la fotografía la posibilidad de hacer alusiones a la subjetividad infantil que nos pueden explicar esa capacidad de obtener mezclas tan contradictorias como las mencionadas. Ella evoca esa subjetividad del niño en su calidad de espía orweliano de lo oculto doméstico, capacidad que se desarrolla solo por el placer de descubrir lo prohibido y así aparece una diferente connotación del cuerpo desnudo o del sexo como lo negado que se revela sorpresivamente; la moda, el vestuario en su calidad de instrumento de tortura, como prisión –construcción del cuerpo; y la atracción y el placer que provoca el dolor.

Mabel Llevat