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El papel en el Mercado del Arte
Juan Teódulo Vázquez Martín
 
En múltiples encuentros con coleccionistas y galeristas de diferentes países, fundamentalmente latinoamericanos, ellos manifiestan el rechazo de adquirir obras realizadas en soportes de papel (cartulinas o cartones) alegando la poca durabilidad, fragilidad y lo efímero del material. Tienen razón, pero a medias, la responsabilidad la hemos tenido los propios pintores al crearles el polémico y sostenido prejuicio que se le ha dado al papel. He sido defensor del papel como soporte, sobre el que se dibuja, se pinta o se imprime, también en la participación del artista en el proceso artesanal del papel, todo esto como medio de expresión estética. Quien haya tenido la oportunidad de visitar y estudiar algunos de los más importantes museos de Arte Tradicional Oriental, en China, Corea o Japón, o en cualquier otro museo de Arte Oriental en Occidente, habrá podido apreciar las obras maestras de ese arte, realizadas en su mayoría sobre papel, conservadas hasta nuestros días en perfecto estado y que datan de hace varios siglos.

Del Renacimiento italiano se conservan en diferentes pinacotecas sobre papeles de trapo, dibujos y bocetos de estudios de Leonardo da Vinci y Miguel Angel, conservados firmes y resistentes hasta nuestros días. Cuadros al óleo sobre papel de Rembrand, Hans Thomas, Delacroix, Holbein el Joven y muchos otros pintores de la época conservados irreprochablemente. Edgar Degas (1835-1917) realizó decenas de cuadros teniendo como soporte el papel; Degas fue pionero en emplear el papel como obra definitiva, no como bocetos de futuras obras para otros soportes, como telas, muros, etc., dándole al papel personalidad propia.

Algunos de los pintores cubanos hemos sido los mayores responsables del pésimo estado de conservación y deterioro de obras significativas realizadas en los últimos treinta años, unos por ignorancia técnica y otros por pobreza económica; tomando cualquier cartulina de origen desconocido, ignorando las consecuencias irreparables; apurados en muchos casos en plasmar las ideas plásticas, violando así, las cualidades y limitaciones que tiene todo material de soporte, llámese cartulina o lienzo, etc.

En el mercado existen variedades de papeles, cartulinas y cartones para fines exclusivamente pictóricos, de altísima calidad y muy costosos, fabricados por la casa Fabriano fundada en 1275-76 en Italia; el taller de James Whafman, fundado en 1757 en Inglaterra, y otras firmas de conocido prestigio internacional.

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No ha sido mi intención pintar con papel como medio de expresión tal y como lo hicieron Picasso, Braque o Juan Gris en 1912, encotando, recortando rollos de papel imitando madera y pegándolos sobre un dibujo de carbón; o como lo haría Matisse en 1914, “recortar directamente en el color”, como él mismo dijera; como lo hizo Joan Miró en 1980 en el taller Barker, dibujando directamente sobre la masa de papel húmedo, generando obras únicas; o como lo ha hecho Nelson Domínguez empleando las pastas de papel en diferentes superficies y rellenos.

Desde hace varios años trabajo con cartulinas de alta calidad que manos amigas me han ido suministrando, de las cuales he podido disfrutar la fragilidad y la piel, que me ayudan a perfilar las direcciones explorativas del acoplamiento expresivo, sin violentar su naturaleza delicada y noble en evidente relación interna expresiva entre figura/fondo, línea/forma, color/textura e idea/materia, para obtener una inquietante realidad metafórica, sobre pasando el discurso poético, aumentando la actividad de la superficie pictórica, que da la materia densa y espesa.

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18 de junio de 1995, Juan Teódulo Vázquez Martín