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Abisay Puentes. Reflexiones
Rafael Grillo
 

Abisay Puentes. Reflexiones
Aún cuando él mismo confiese no querer que lo encasillen, para Abisay Fuentes será muy difícil librarse de la calificación de "posmedieval" -que acuñara el crítico Jorge R. Bermúdez para definir a una corriente que despegara dentro de la plástica cubana en la pasada década- que revolotea con fuerza sobre sus creaciones. Mucho hay en ellas de esa misma pasión por el oficio pictórico y la búsqueda de la belleza, de la preocupación por la espiritualidad o la sublimación de nuestro lado carnal, del deseo de articular estéticamente las acciones y sentimientos humanos que predominara en renacentistas y barrocos, y que configuró la elección estilística de artistas del patio como Cosme Proenza, Ángel Ramírez, Arturo Montoto, Ernesto Rancaño o Carlos Guzmán.




La propuesta de Abisay, ..., recrea atmósferas de claroscuros sutiles; figuras alargadas, góticas, ataviadas con brillantes atuendos de pasadas épocas, que consumen el pecado en posturas de devoción. Ritos y personajes donde la alegoría se postra de rodillas ante la tradición más arcaica.




Mas, no nos dejemos arrastrar tan solo por las apariencias de antigüedad. El propio autor aclara sobre los seres que pinta: "Adán y Eva ya no toman la fruta y la comen directamente. Se fabrican instrumentos que van creciendo y volviéndose más complejos hasta el punto de absorberlos (...) formando parte de ellos mismos". Sus personajes dejaron tiempo ha el escenario del edén, para reencontrarse en algún punto de la historia despojados ya de la inocencia prístina y la simplicidad material. Describe un rito, ambiguo, donde la manzana es el centro de un acto de deglución, introspectivo y sagrado pero, a la misma vez, sensual y obstinado, y que tiene tanto el aroma del incienso como el de los humos del vicio.




Con reminiscencias a esas libaciones en comunión que practican las culturas árabes, las escenas de Abisay Puentes hacen énfasis también en la seducción de "lo instrumental", en la reconversión humana por la vía de "lo maquínico". Por eso la contemplación de sus cuadros nos aboca a esta interrogante: ¿Posmedievales o posthumanos? ¿Seres del pasado o criaturas del porvenir que hoy anuncia la ciencia y la sociedad industrial?




¿Acaso adelantándose, como solo son capaces los artistas, Abisay Puentes nos ofrece su versión de la sexualidad para la era que hoy empezamos a recorrer? Para una época en que las euforias y los temores sobre "la virtualidad" andan parejas, podrían ser estos cuadros su expresión más refinadamente plástica. Abismos y puentes se evocan desde el nombre del artista... y también desde su pintura.




Cortesía Rafael Grillo