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FUSTER, genio y figura en la pintura cubana
Virginia Alberdi
 
Frescura, espontaneidad, cubanía, son indiscutibles elementos identitarios en la obra de uno de los más reconocidos creadores cubanos, un criollo, que ha sabido enriquecer la pintura con la fuerza expresiva del ingenio popular, pero con la sagacidad de convertir en arte ese gracejo, así FUSTER, ocupa por derecho propio un bien ganado espacio en la pintura cubana de hoy. .
Esta afirmación se corresponde con el aliento que ha impregnado a su obra este creador auténtico, campechano y jovial que con indiscutible maestría desde los años 90 ha dotado a las artes plásticas cubanas de una iconografía inconfundible, guasona y simpática, en la que el pintor devenido en cronista de todos estos años ha llevado a las telas y papeles momentos, personajes y elementos que identifican al cubano, su idiosincrasia, su apego a las costumbres y la aparición de nuevos elementos que se han incorporado al imaginario popular.
Sorprende ver el dominio de una técnica como la acuarela en la que el artista desborda su imaginación para unir a un dibujo de trazo firme y suelto los colores que identifican la luminosidad que ha impregnado el sol del trópico en todo este mundo al que ilumina y calienta.
Así, este fabulador contumaz, burlón y zalamero, también ha poblado telas con la pintura de todo un imaginario insular que en el perpetuo caos de esos personajes y situaciones presentados en medio de un brillante estallido cromático conforman esas escenas que “encuentran su justa medida en una propuesta conceptual que jerarquiza símbolos y señales alusivas tanto a los íconos de la cultura cubana como a asuntos de reflexión universal, tanto valores doméstico-costumbristas como especulaciones ético-filosóficas ”,, como alguna vez expresé al presentar una de sus exposiciones.
Cronista de una época que ha iluminado con el colorido y la sensibilidad de un elocuente griot, lleva su atención a ese pueblo sencillo que dotado con la impronta de una rica gama cromática viaja en “camello”, ese vehículo sui generis, producto de la necesidad y el ingenio criollo que mitiga la ingente necesidad de transporte público existente, o disfruta de una cena en torno a una mesa con frutos del país y pescados porque la cercanía perpetua de este pintor a la costa se refleja en los hábitos alimentarios de sus personajes. En otra de las series de este infatigable creador, los rescatados autos de los años 40 y 50, verdaderas piezas museables que a diario transitan por las calles de las ciudades cubanas ocupan un espacio protagónico. Referencia obligada al desarrollar estas crónicas de Fuster es la música, esa musicalidad de que hace gala el cubano, se patentiza a través de la animada representación de músicos: guitarristas, bongoseros, maraqueros, parejas danzantes, todos evocadores del son, las décimas y otros ritmos de esos que animan el universo sonoro cubano.
La fauna insular en especial los caimanes y cocodrilos, de verde colorido, evocadores del contorno de la mayor de las mayores Antillas, también tiene su espacio en la pintura de FUSTER. Las mujeres de cuerpos rotundos y largas melenas, los guajiros de sombreros amplios, viajan, se aman, juegan dominó, cenan y se regocijan en constante festín gracias a la imaginación prodigiosa de este artista que ha dotado a las artes plásticas cubanas de una visualidad de picassiano dibujo, exaltado colorido y un espíritu vigoroso, del que no escapa esa desenfadada religiosidad que permite representar las deidades africanas en comunión sincrética con las imágenes cristianas.
El dibujo que en sus inicios, allá en los años sesenta apoyaba las creaciones tridimensionales del joven ceramista, con él maduró, cobró independencia y se reafirma en esta pintura que hoy le identifica, y lleva a convertirse en ese multiplicador de íconos, que enriquece la visualidad, y comunica esencias.
Fuster es, en definitiva, el pintor de un estado de ánimo, del tránsito entre lo popular preterido y lo popular conquistado, una espiral que asciende para fijar con tono propio y alma asaetada una de las más brillantes zonas en que la cubanía se proyecta a escala universal.



Virginia Alberdi
febrero de 2007