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De Gutenberg a Landaluze
Jorge R. Bermúdez
 
(...) El primer paso, en tal sentido, fue dado, en 1845, por Ramón Allones, en su tabaquería La Eminencia, al recubrir las cajas de tabaco con bellas etiquetas litografiadas. En el ramo de los cigarrillos, otro tanto hizo la firma de Luis Susini e Hijo, dueños de la fábrica La Honradez, fundada en 1853. Más la nueva cualidad de tal función litográfica sólo llegó en 1861, cuando estos últimos fabricantes introdujeron la primera máquina de cromolitografiar, para tirar a colores las etiquetas de sus cigarrillos y, cuatro años después, complementaban tal innovación con la importación de Francia de una máquina no menos novedosa llamada grabador eléctrico, inventada por míster E.Gaiffe. En el capítulo I de Cuba a pluma y lápiz, del norteamericano Samuel Hazard, éste informa que, además de moverse por electricidad, permitía al dibujante grabar sus propios diseños en la piedra sin que mediara el siempre dudoso servicio del grabador o litógrafo. Avances que culminan en 1881, con la introducción de la fotolitografía por Alfredo Pereira Taveira. A Taveira –natural de Lamego, Portugal– se debe también la introducción del fotograbado en Cuba (1883), ...

Así, la gráfica, por mediación de la litografía, se inscribió de nuevo y de manera activa no sólo en las transformaciones técnicas de la época, sino también en la reanimación de un temario propiamente popular que contempló junto al hecho de actualidad –local o internacional– y los tipos y costumbres de nuestra sociedad, el paisaje cubano a color. Asuntos todos conformadores de una iconografía que, si bien en su diversidad se mostró unida por un lenguaje plástico dictado bajo los imperativos de la novedad y el mercado, no por ello dejó de acusar ya una forma de expresión más de lo cubano.


(fragmento tomado de Jorge R. Bermúdez De Gutenberg a Landaluze. Editorial Letras Cubanas, La Habana.1990. pp.232-233)