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El mundo no es cruel
Antonio Eligio Hernández (Tonel)
 
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Tamayo vagabundo por la pintura, merodea la cerámica, acepta el malentendido de ser juzgado según criterios y normas propios de otras formas de expresión artística... Tantos devaneos dan la impresión de ser una tímida excusa por el grueso de su obra formidable, la cual nos dice explícitamente que él es, en primer lugar, un narrador de Fábulas visuales, un artista dedicado a contar historias las más inesperadas, también las menos aburridas. Lo particular está en el aprendizaje y consecuentemente, en el medio donde este autor se ha desenvuelto. Es un historietista formado en al academia, algo así como el hijo bastardo de OPS y la pintura de caballete. De ahí el saber culterano de sus fabulaciones, la introspección –arte adentro– de personajes y atmósferas que conforman su repertorio. De ahí, también, su apego meticuloso a la técnica, y su insistencia en traer a escena recursos, imágenes que parecen siempre a punto para la reproducción.
En este arte hay lugar para la parodia y para la reflexión sobre ciertos pilares mitológicos de la “alta cultura”; pero hay, al mismo tiempo, una sensibilidad muy despierta ante lo específico del ser social cubano. Algo debe Tamayo, en tal sentido, a sus más cercanos coetáneos, artistas fascinados –desde diversos ángulos– por las facetas socio–políticas de su realidad cotidiana. Reinerio le entra al tópico con voz propia; voz matizada de lirismo y enternecida por esa cercanía innegable a los sucesos comentados.
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(fragmento tomado del catálogo “El mundo no es cruel” por Antonio Eligio (Tonel), IV Bienal de La Habana, 1991)