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El camino de la abstracción
Carina Pino-Santos
 
Será, pues, el propio Antonio Vidal, pintor que ya siempre aparecerá en nuestra historia del arte por su obra y vinculación con la rebeldía estética de los cincuenta, y reconocido profesor de la Escuela Nacional de Arte, a quien sus antiguos alumnos recuerdan como una personalidad más bien hermética y, a la vez, un educador exigente en cuanto al resultado creador, quien primero nos dé su testimonio:

. “Los Once fueron el resultado de un encuentro generacional. Nos agrupamos porque al ser jóvenes queríamos romper con lo que nos antecedía. Eramos un grupo de idealistas que creábamos un arte que no se vendía y que, entonces, no le interesaba a la mayoría de la gente.

. “En realidad, cada uno de nosotros había trazado su propio camino, sin que nos pusiéramos de acuerdo, pues nunca hicimos un manifiesto, ni nos autodenominamos Los Once.

. “Eso sí, teníamos ideas parecidas sobre la creación porque en el fondo lo que queríamos era hacer otro arte, diferente al que hacían Portocarrero y Mariano..., de quienes éramos amigos. Estábamos influidos por la pintura norteamericana que algunos conocíamos por las revistas Goya y Art News. Luego, en la práctica, nos fuimos reduciendo hasta alcanzar la cifra de cinco que éramos muy afines: Hugo Consuegra, Guido Llinás, Raúl Martínez, Tomás Oliva y yo.

. “Raúl se integra después a Los Once, pues anteriormente había viajado a los Estados Unidos a estudiar a la Escuela de Diseño de Chicago, una especie de Bauhaus.

. “Sin embargo, ninguno de nosotros podía vivir del arte y por tanto dedicarnos sólo a éste. Yo, por ejemplo, tenía que trabajar la publicidad en una empresa norteamericana.

. “Compartíamos nuestras reuniones entre la casa de Raúl Martínez y el café Las Antillas, adonde iban escritores, poetas, artistas. Recuerdo a Luis Marré, Pedro de Oraá, Baragaño; Padilla iba poco (por cierto, era muy jactancioso) y Escardó que, cuando aquello, siempre estaba pasando hambre.

. “Comenzamos a exponer y llegamos a exhibir en la galería más prestigiosa de La Habana, que era el Lyceum. Allí nos reunimos y dijimos que no pensábamos exponer en la Bienal franquista, porque si Franco era un dictador, también lo era Batista e hicimos la Antibienal.

. “En la historia de Los Once hubo artistas más serios que otros y sucedieron anécdotas curiosas. José I. Bermúdez, por ejemplo, sólo participó en la primera exposición, luego se marchó para Washington. Imagínese si no sería abstracto que era cubista y tenía el criterio loco de que tenía que pasar por todas las etapas de la pintura para llegar a la abstracción. Luego Guido Llinás lo convenció de que aquello que se proponía era innecesario.

. “También había un pintor que se llamaba Viredo, para mí sin la calidad suficiente. En una exposición de Bellas Artes se apareció con un cuadro en el que hubiera sido necesario poner debajo un letrero que dijera “Ojo, pinta”, porque imagino que lo había terminado de pintar el día anterior, y lo rechazamos.

. “Para mí, hay tres pintores predilectos: Wifredo Lam, Amelia Peláez y Antonia Eiriz.

. “En aquella época hicimos una exposición, un poco para fastidiar, en el Círculo de Bellas Artes. Era como meternos en la cueva más académica de aquel momento. Muchos nos criticaron. Oraá, que lo percibió, lo calificó después en su artículo como lo que era, una boutade.


Carina Pino-Santos (Fragmento de “El camino de la abstracción”. Revista Revolución y Cultura, Nº 1- 1999).