hemeroteca 
  textos críticos

Buscar  
 

 
Del cuerpo a la mente, veinte años de Rocío.
Rufo Caballero
 
...
Hasta las Geishas Rocío era una buena pintora; después de Hombres, machos, marineros Rocío es una pintora descomunal. Aproximadamente hasta el año 96, el arte de Rocío se muestra físico, descriptivo, mientras que las series que irrumpirán unos dos años más tarde pasean ya una vocación sicológica tendente a la introspección y el escrutinio de las más intrincadas relaciones humanas. El arte de Rocío hasta las Geishas se contentaba, sin que le faltase virtud, con la violencia de una imagen estática. A partir de Hombres,... tres fenómenos aceleran la madurez de la poética: Rocío ya no sólo asume sino que despliega el principio de la narratividad que de siempre habitó su obra; deja de centrar sus proposiciones en la figura femenina, ademán que acaso venía estimulando una lectura demasiado lineal y literal en el sentido de que los textos representasen primarios alter egos de la autora, lo cual conducía, quisiera ésta o no, a una especie de pudor alusivo que nada tiene que ver con la honestidad visceral de su pintura; las obras pierden el estatismo de la individualización y los lienzos y cartulinas, por lo general, presentan grupos de personajes, duetos o tríos sujetos a un indesligable proceso de asociaciones, cruzamientos, derivaciones. Hasta ayer Rocío describía una situación; hoy se adentra en un acto humano sorprendido por su pulso. Hasta ayer era el cuerpo, con sus mil escondites, el protagonista de unas piezas que se ufanaban de denunciar un ocultamiento; hoy es la mente, sus pasadizos impresumibles, sus capas de manipulación de lo real, cuanto importa al imaginario robustecido y decantado de la artista.
...
En mi criterio no por disminuir el protagonismo de la figura femenina la artista halla una coartada que le permite huir del feminismo. Si el feminismo es por fin la capacidad de resaltar el universo físico, racional y emocional de la mujer, como mismo una filiación de mirada que denuncia una singular percepción, no tengo ningún problema en admitir que la mirada que teje Hombres, machos, marineros sigue siendo aguzadamente femenina. Una mirada que se solaza ahora en advertir –y subrayar con socarronería- la fragilidad de la condición sexual masculina, esa que se pregona y se “falometra” a cada segundo de nuestras vidas, pero que es plena de veleidades, concesiones y deslices que nuestra autora sorprende con una gracia y una agudeza propias de la mejor siquiatra. Es ahora deliciosa la concepción espacial de las piezas: predominan aquellas tipologías donde el corrimiento y el camuflaje de la identidad sicosexual se siente a sus anchas: el puerto, la playa, la piscina, el billar, el baño, el espejo. Más o menos físicas, más o menos metafóricas, son dimensiones caras a esa deconstrucción de la hegemonía falocrática que interesa a la autora cuando muestra el mundo de perversiones y relajamientos que se permite y regala la sicología masculina.... El domador y otros cuentos, en 2003, reporta el colmo de la perspicacia en la representación y la majestad pictórica.
...
(Fragmento del texto de Rufo Caballero: Del cuerpo a la mente, veinte años de Rocío, abril, 2004)