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El sabor del castigo (entrevista a Ernesto Rancaño) (fragmento)
Mario Jorge Muñoz Lozano
 
Ernesto Rancaño
–¿Qué es para ti la amistad?

–Como el amor, es vital, necesaria, sin ella no puedo hacer nada. Solo no podría hacer nada. Los amigos me complementan.

–¿Por qué se repite en tu obra el colibrí?

–Estudiando en San Alejandro, un profesor nos dijo en clase que todo ser humano se parece a un animal y nos puso como ejercicio que buscáramos al que más nos semejábamos. Yo escogí el colibrí. Pienso que es el animal que más tiene que ver conmigo. Porque soy tranquilo y a la vez inquieto. Y soy así, tímido y nervioso. Hay amigos que incluso me dicen Colibrí. Para mí también se ha convertido en un elemento de suerte, un amuleto. En el balcón de la casa le tenemos un comedero con azúcar y hasta que no se acerca uno no me despego de allí.

–Junto a vírgenes, duendes, ángeles, en tu obra aparecen figuras tan terrenales como José Martí, Ernesto Che Guevara, ¿acaso no son elementos contradictorios?

–Esas vírgenes, esos ángeles, están en un plano muy espiritual. No son sujetos, sino símbolos de una espiritualidad. Con esas imágenes he tratado de mostrar lo mejor del ser humano. Es lo mismo que trataron de hacer Martí y el Che, lo que ha buscado todo hombre digno que aspira a lo mejor para todo el mundo.

–¿Cómo pintarías a Cuba?

–De hecho la pinto siempre. Todo lo que reflejo es Cuba.

.....

Dueño de una mano prodigiosa, hacedora de bellas fantasías e historias, el artista siempre anda con algo nuevo en la cabeza. “En mi obra hay como cuatro maneras de hacer que van paralelas. Es que en la medida que avanzo se van incorporando nuevas formas y cada una me gusta”

–¿Qué es entonces para ti la creación?

–Un castigo.


(Fragmentos de la entrevista realizada por Mario Jorge Muñoz Lozano y publicada en Bohemia bajo el título El sabor del castigo, 20 de enero de 2006, Año 98, No.2, páginas 8-10)