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La escultura en Cuba (fragmento)
Luis de Soto
 
Nuestra escultura en la centuria pasada (S.XIX) como la de las precedentes, sigue siendo cubana sólo por el lugar de su emplazamiento y, a veces, por el tema, ya que son sus autores extranjeros y el contenido de las obras se ajusta a las tendencias en boga en la Europa de entonces. Al realismo y al academicismo de siglos anteriores va a añadirse, hacia fines del siglo, el concepto romántico, bajo cuyo signo se abre el catálogo de las esculturas cubanas...



Las décadas finales del siglo XIX nos ofrecen los primeros nombres de escultores cubanos, con los cuales se inicia este aspecto de la historia de nuestro arte: Miguel Melero, Guillermina Lázaro y José Vilalta Saavedra.
Miguel Melero, escultor y pintor, maestro y animador, director de San Alejandro, en donde introdujo mejoras que han hecho imperecedera su memoria, es por lo que produjo como artista y por lo que, debido a sus enseñanzas, hicieron sus discípulos, la primera figura de relieve con quien se abre la historia de nuestra escultura.



Melero, escultor, ha dejado algunas obras que le sitúan, de acuerdo con su formación europea y con las tendencias imperantes en la época, dentro del realismo de tradición hispana y fuerte influencia de Italia. Su “Monumento a Colón”, hecho para la ciudad de este nombre, sus bustos en el Teatro de La Caridad de Santa Clara, su “Santo Tomás” que, hasta hace poco, estuvo en la Capilla Central de la Necrópolis habanera, son lo más notable y lo que mejor demuestra en su obra las características en ella señaladas.



De Guillermina Lázaro, la primera escultora que registran las páginas de nuestra historia artística, tenemos muy pocas noticias, contenidas en una carta de la propia autora. Por ella sabemos que se formó en Madrid, que fue premiada en la Exposición Universal de Barcelona, que trabajó el relieve, el retrato y la escultura exenta. Y, con legítimo orgullo se refiere a una estatua de “Colón”, hecha por encargo del Ayuntamiento de Cienfuegos. “El primer monumento escultórico que la mano de la mujer ha levantado en este suelo es obra mía; otra mujer levantará el mejor, yo levanté el primero”, dice la artista, facilitando un dato de interés a quien estudia el proceso de la escultura en Cuba.



José de Vilalta Saavedra es, de los tres citados, el que ofrece mayor importancia. Escultor habanero que trabajó en Cienfuegos y se formó en Carrara, fue el triunfador en el concurso celebrado para erigir un monumento a los estudiantes inmolados en 1871. Su primer encargo de importancia, esta obra suya es también el primer monumento hecho en Cuba por un escultor nuestro...



Obras del mismo autor son el grupo que remata la entrada monumental de nuestro Cementerio de Colón, que representa las “Virtudes”, tratado en talla heróica, y los relieves de asunto religioso que adornan los muros...



De Vilalta también es el monumento erigido a Francisco de Albear y Lara, que se levanta en la plazuela que lleva su nombre. Ejecutado en Florencia en 1893 es, por su estilo, una obra realista, de ese realismo pictórico que busca el parecido del personaje y copia con minuciosa delectación los más pequeños detalles de indumentaria y accesorios...



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Esteban Betancourt, formado en Barcelona y Roma, bebió en las más puras fuentes de la escultura realista de todos los tiempos, dentro de cuya modalidad se desarrolla su notable producción... Si Betancourt se inclina en su realismo, a la tradición y el clasicismo, Rodolfo Hernández Giro es un romántico, hecho en Europa y que, al regreso a Cuba, llevará a su Oriente natal las inquietudes de allende el mar... Romántico también es Carlos Era, artista hecho en Cuba, a quien en alguna ocasión he llamado el “imaginero” cubano del siglo XX. Formidable tallista, nadie le ha superado en lograr, con maderas del país, una estatuaria sin precedente ni parangón.



Con Lucía V. Bacardí nos llega de París y Nueva York, donde hizo sus estudios, el ímpetu creador de Rodin y Solon Borglum. Ellos dejaron en la joven artista la simiente que su fuerte temperamento haría fructificar al retorno a la patria. Romántica e impresionista va a enriquecer nuestra escultura con su aporte valioso y personal. “El nacimiento de Eva”, la “Faunesca”, revelan en nuestra escultura una honda huella rodiniana en su formación artística.



“Hatuey”, “Francisca”, “El espíritu de la fuente”, muestran la personalidad creadora de Lucía V. Bacardí... “Hatuey” fue su primer tributo romántico a la iconografía cubana, que debió continuar, y quedó interrumpido en “Tipos de mi tierra”, serie que hubiera sido un aporte interesante al arte nacional.



José Oliva Michelena, Alberto Sabas, Benito Paredes, Félix Cabarrocas, Crispín Herrera, Antonio Bachs y otros, figuran en ese notable y extenso grupo de escultores que al finalizar el primer cuarto del siglo (XX) dieron a nuestra producción extraordinario impulso...



En el orden monumental, ahora que comienza a confiarse a los artistas nuestros la tarea de inmortalizar hechos y honrar nombres de la historia patria. Sicre, que tiene una obra realizada y un nombre ventajosamente conocido fuera de Cuba y es aquí uno de los más altos exponentes de la escultura actual, tiene en su haber, entre otros, un monumento que es, para mí, una de las obras más notables del arte americano, su “Monumento al Soldado Invasor”, al que sólo podría superar ese “capolavoro” que es su proyecto premiado en el concurso del monumento a Martí...



Una segunda promoción de escultores, cuya vida se inicia con el siglo (XX) y que comienzan a florecer en las primeras décadas de la República, viene a engrosar las filas ya nutridas del arte de la forma... Caracteres comunes a los integrantes de este grupo son: la inquietud que se manifiesta en nuevas expresiones plásticas, bajo el influjo de tendencias del arte moderno universal, y la búsqueda de soluciones propias a los problemas básicos de la escultura. La estilización en sus diversas modalidades, el primitivismo, el sentido del ritmo, la preocupación del espacio como elemento plástico de la escultura, son directrices apreciables en su obra.



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En orden cronológico encabezan esta promoción de escultores nombres bien conocidos: Teodoro Ramos Blanco, Fernando Boada, Florencio Gelabert, Ernesto Navarro, Domingo Ravenet, Jesús Geraldes Nápoles, Jesús Casagrán, Mirta Cerra y Carlso Sobrino.



No obstante su coetaneidad, o la pequeña diferencia de edad que los separa, hay entre estos artistas diferencias apreciables en cuanto a las actitudes estéticas respectivas, a parte de lo personal que individualiza la producción de cada uno.



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Tres escultoras coetáneas, Caridad Ramírez, Lucía Alvarez y Rita Longa representan, con Jilma Madera y Rita Longa, la contribución de la mujer a la obra colectiva de este grupo de artistas.



Mientras Caridad Ramírez, quizás por ser también pintora, se ha mantenido dentro del realismo romántico, con su peculiar pictoricismo, Rita Longa y Lucía Alvarez se han alejado del concepto puramente “representativo”... Rita Longa ha buscado esa liberación y ha definido su personalidad por el camino de la estilización decorativa. Parquedad de elementos expresivos, sentido “musical” de la escultura en que la forma y los espacios se articulan engendrando ritmos... En Lucía Alvarez, la estilización ha ido más lejos todavía, adentrándose en un campo aun intransitado por nuestros escultores y, sin embargo, lleno de posibilidades: el de la abstracción.



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En contraste con las artistas que acabo de citar, se nos presenta otro grupo de escultores jóvenes cuya obra, nueva y osada en nuestro medio, revela una concepción diferente del “arte de la forma”.



Deliberadamente he usado en lugar de “escultura” la expresión arte de la forma, porque la obra de los artistas que voy a mencionar es en esencia y sobre todo eso, formas en función artística, manifestación estética a base de masas organizadas.



Lozano, Tardo, Girona, Madera, Rodríguez, Núñez Booth, Gutiérrez, Estopiñán, González Jerez, Arjona, son los nombres que ilustran esta dirección apreciable en la escultura cubana.



En ella pueden notarse dos modalidades: una que, empleando un término acuñado en la reciente historiografía del arte, suele llamarse “masivismo”, por el predominio de la masa sólida y ponderable, y otra que, sin denominación específica, se caracteriza por un concepto más amplio de la escultura definida en función de sus elementos plásticos fundamentales, forma y espacio

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(Fragmentos extraídos de: Soto y Sagarra, Luis de. La escultura en Cuba. En “Libro de Cuba”. La Habana, 1954. P.581-588)