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El arte es útil: Jorge Luis Rodríguez y Ángel Madruga
Antonio Fernández Seoane
 
El arte es útil: Jorge Luis Rodríguez y Ángel Madruga
I.- LOS PRESUPUESTOS TANGENCIALES…

Dos jóvenes artistas, estrechamente ligados a la docencia de las Artes Plásticas en la más antigua de nuestras academias latinoamericanas, SAN ALEJANDRO, han unido –ahora- sus respectivos ingenios en una exposición que nos podría parecer –a partir de sus propios discursos conceptuales- en total contradicción; sin embargo, en los postulados artísticos de cada cual, podemos descubrir puntos tangenciales que destruirían aquella idea: ambos parten de elementos tan vitales para todo creador como son sus propios componentes, es decir, lo manual y lo mental; y si bien uno –Jorge Luis Rodríguez- utiliza lo primero como apoyatura fundamental en su oratoria y el otro –Ángel Madruga- acude al segundo instrumento para sostener su muy particular idea, ambos no dejan de valerse de lo del uno y el otro e, incluso, hasta el tercer componente, supuestamente faltante aquí –lo visual- está manejado por ellos… Pero más, la propia designación de la exposición –apropiación disertada del título original de la obra de Benjamín Vautier: EL ARTE ES INÚTIL, VÁYASE A CASA- podría reducir las posibles dudas: Rodríguez y Madruga aún creen –se resisten- que es útil y para eso, a pesar del cierto “pesimismo” del segundo y de la afirmación del carácter portador de contenido de una obra de arte en el primero (los presupuestos opuestos), dan riendas sueltas a sus respectivas narrativas y hacerlo entender así; al menos, a mí me convencieron –no fue ese el propósito- de que el arte es aún –ojalá que para siempre- fructuoso.

II.- LAS MANOS…

“(…) ¿Qué es el arte? ¿Cómo se hace el arte?;
es a donde pretendo llegar.
Un punto de vista muy personal y subjetivo
–como toda obra artística en sí misma-
en el que está presente mi reflexión (…)”.
Jorge Luis Rodríguez.

Jorge Luis reafirma lo que en el Renacimiento, el gran humanista Leonardo había ya sentenciado, con respecto al motivo central que mueve la obra de este otro creador en la presente exposición, que “(…) aquel en quien la inteligencia no colabora con la mano, no puede ser artista”. Da Vinci, en este caso, responde contundentemente la primera pregunta desde la posición de quien lo hace; de la segunda, se encargará el propio Jorge Luis de contestarla.

Acudiendo a la fotografía, la que específicamente ya “no se usa”, o mejor, la que se subestima por ser “en blanco y negro” (error fatal de los que no piensen en esta valía), el autor recrea las manos en diferentes labores inmersas en el arte, como las del grabador y sus “operarios” o realizadores y otros que, como dice el propio artista, “tributan de una manera u otra al género artístico”. Inteligentemente, Jorge Luis –cual retratista que devela el alma de sus retratados- indaga en el papel que tiene que jugar este elemento físico –“sus” manos-, en su educación, en su práctica, en sus giros técnicos, para entregarnos composiciones bien diseñadas y con tal ritmo que nos parecen vivas. Pero su propuesta va más allá, al entrar en el campo de lo mental, y planteamos que la obra artística –como medio ¨utilitario¨- es una propia herramienta de quien la crea o disfrute, y de ahí su ¨utilidad¨.

Se trata, pues, de una incursión hacia el fondo de cómo se hace el arte, ése que él ha tomado como punta de lanza para ofrendarle a las manos su justo sitio en este ejercicio.

III.- UNA IDEA…

¨ (…) No queda nada por hacer.
Todos nos movemos como creadores
en torno a una línea que separa dos
espacios paralelos (…) ¨.
Ángel Madruga.

Planteándose una tendencia que ganó fuerza en el Congreso de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA), celebrado en Venecia en 1964, la de la muerte del arte, y de ella, una de las hipótesis o principales direcciones, la de la cosificación de la obra de arte (aportada a razón del análisis de un sistema social en particular, por el ensayista, crítico de arte y profesor Adolfo Sánchez Vázquez, que esbozaba que el arte acrecienta el capital al convertirse en mercancía), Ángel acusa esta posición pesimista, pero nos inunda de sus posibles incertidumbres al exponer que el artista transita por la zona intermedia entre dos universos: la de un espacio en blanco y otro saciado de imágenes y así cuestionar su posición de creador.

Tesis bien difícil -la suya, digo- para llevarla a la realidad de su hecho artístico. Entonces, como en una suerte de gran instalación, fragmentada, este artista utiliza una considerable cantidad de reglas de cálculo para armar los soportes donde descansarán frases, signos u otras formas (en las que cada cual deberá aplicar su propia exégesis) que harán centro en la diana de su diatriba y hacernos caer en su trampa para “calcular” –nosotros también, claro- hasta qué punto esto es cierto; algo así como un “final abierto” para que tomemos nuestras propias conclusiones y no infiero, para nada, especulaciones.

Queriéndolo o no, la obra de Ángel sería un certero ejemplo de lo que el arte le impone al hombre y de lo que hace liberar en éste. Al hacerlo, pues, refutaría aquella idea para acentuar que el arte sí nos sirve para algo, o para mucho…

IV.- CASI A MODO DE CONCLUSION…

No me atrevería a afirmar lo que Madruga asevera al decir que se encuentra en “tierra de nadie”, en esa línea separadora de espacios comparables; como tampoco estoy de acuerdo con Rodríguez, cuando plantea que su obra es “sobria y discreta”. El primero pisa firme en una “línea” que, seguro estoy, lo conducirá a nuevos derroteros en su actual disertación; el segundo, realmente muy modesto, debe saber que su propuesta se abre hacia una temática aún por bojear. Ambos tendrán que continuar trabajando mucho –si quieren seguir juntos en esta empresa- para conformar una teoría total y que no vaya, aparentemente, por rumbos diferentes. Sus reflexiones son válidas, ya desde el mismo hecho de que se nos acercan con este concierto en blanco y negro y a cuatro manos… La melodía será muy fácil, en tal caso, descubrirla: L’ ART EST UTIL, RENTREZ CHEZ VOUS…

Lic. Antonio Fernández Seoane.
La Habana, miércoles 30 de noviembre de 2005.