hemeroteca 
  textos críticos

Buscar  
 

 
Eladio Rivadulla
Alfredo Guevara
 
El tiempo oculta magia en sus cinceles. Esculpe en el diamante y en la arena. Eterniza los rasgos de un instante si un artista le ayuda a convertirles en novela, en estatua, en cuadro, en melodía y, en horas más recientes, en cine, que comprende a veces, la obra total, la ópera que fuera aspiración de síntesis. El tiempo eterniza cuando toca, porque su paso puede ser historia, más grande o más pequeña, la del héroe o el sabio o del crustáceo, que convertido en piedra nos resguarda en los palacios y en las casas, caparachón del hombre, su resguardo; el tiempo que eterniza descompone, de arrugas llena el rostro fascinante, las más rítmicas nalgas resultan celulíticas y el erguido esqueleto deviene osteoporósico. Es que el tiempo en su magia omnipresente, se hace dueño de la vida y de la muerte, de eso que vive porque va muriendo, que según muere revive y vive nuevas vidas, sus fragmentos, hoy niño, adolescente, joven, madurito, viejo y anciano y ancianísimo. Si lo que llega pasa, algo se queda; y siempre sorpresivo el mago eterno, funda para sorpresa del que observa y juzga, sorpresas nuevas, tan, tan sorprendentes, que aquello que en su día despreciaste, juzgaste de altanero en altanero, recupera o alcanza con su paso, un golpe de esa magia que se llama, algunas veces, la pátina, la pátina del tiempo.

Estoy ante carteles que recobran su vida. Que vuelven a decirnos mensajes divertidos, con la profunda risa de quienes no se rinden, de quienes son nosotros porque nos anteceden. Les miro con cariño, con amor, me fascino y me pregunto, amigos, si es que ya entré en la fase, en que el delirio tiene el encanto inefable, del recuerdo que llaman de saludable o nostalgia.


Alfredo Guevara. Fundador del ICAIC y del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.