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Don Quijote en la plástica cubana
Enrique Larroque
 
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El hombre crea mitos, a lo largo de la historia, tanto para satisfacer su necesidad de imaginación como, principalmente, para inmortalizar las grandes pasiones, las inquietudes y sueños que predominan en la vida. Desde las primeras civilizaciones, las que nacieron en torno al Nilo, al Eufrates y al Tigris, hay un proceso de modelación incesante de nuevos mitos, que giran en torno a la idea de la contraposición del Bien y del Mal en su permanente lucha.

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La literatura española ha dado lugar a diversos mitos que han pasado intactos a todas las culturas, a través de los siglos. De ellos los dos más importantes son Don Quijote, como prototipo del idealismo, y Don Juan, como espejo de la aventura de amor.

Del mismo modo que la antítesis del Bien y el Mal figura en todas las civilizaciones, pese a su aparente simplicidad, el contraste entre el realismo y el idealismo, entre el pragmatismo y la ensoñación se produce sin tregua en la vida de cada uno de nosotros. Tenemos, en efecto, un componente idealista y otro realista, del que no podemos librarnos. Y Don Quijote, el Caballero, por antonomasia, es sin duda alguna la representación más clara y rotunda del idealismo que subyace en la naturaleza de todos los seres humanos. Porque en definitiva una buena parte de la existencia consiste en intentar cosas por encima de lo que aconseja la razón a ras de tierra.

De un lado hincamos los pies en el suelo y echamos raíces en el territorio de la realidad. De otro, queremos elevar los brazos y tender la mirada hacia horizontes infinitos. Nos apoyamos en lo concreto y en lo utópico.

Así, Sancho Panza es el portavoz más idóneo de la sensatez, de la rotundidad en las ideas, de la medida de la realidad, mientras Don Quijote mantiene imperturbable el universo de ideales que hace embellecer todo cuanto contempla a su alrededor. Lo que el Caballero dice y se esfuerza por llevar a cabo no es más que una sarta de locuras, que el buen sentido rechaza; y sin embargo, Sancho Panza le ayuda con toda su fuerza, le es fiel hasta la muerte, llega algunas veces a convencerse de que los sueños imposibles van a plasmarse en hechos.

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Cuba es un país donde florecen los arquetipos, donde las utopías se llevan a cabo, donde las grandes pasiones encuentran almas irreductibles para defenderlas. Por eso, no es extraño que un artista cubano sea tan excelente dibujante de la figura de esa gran pasión que fue y es Don Quijote.


(Fragmentos de un texto de Enrique Larroque, ex embajador de España en Cuba, para el catálogo Apuntes y Dibujos sobre Don Quijote de la Mancha. Juan Moreira. Enero de 1985)