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Catálogo a la exposición Ever Fonseca, Oleos de 1968 a 1971
Jorge Rigol
 
Lo primero que llama la atención en Ever Fonseca es el largo y sostenido aliento de su pintura, su caudalosa imaginación, el espacioso ámbito en que discurre. Esa apasionada meditación sobre el hombre y sus conflictos cruciales que es, en definitiva, la mo-tivación de su obra, se expresa plásticamente con extraordinaria riqueza formal y adquiere una dimensión poé-tica no muy frecuente en nuestra pintura. Su personalidad poderosa, pero de una plasticidad que le permite re-gistrar las más sutiles y opuestas reacciones anímicas, le lleva a enfrentarse a las más ambiciosas empresas. De ahí esas a modo de cosmogonías plásticas, esos “recuentos” de las luchas del hombre contra las fuerzas negativas y adversas, esa exaltación hímnica del amor y de la primavera prevaleciendo de la destrucción y la muerte, esa épica del acontecer revolucionario. Ever Fonseca es una nueva voz necesaria en nuestra plástica. Una voz de re-gistro tan amplio que admite simultáneamente el candor de un primitivo y la mayor sabiduría artesanal, el co-mentario lírico y la reflexión filosófica, la más alta tensión emotiva y la especulación intelectual. Ever Fonseca se incorpora a nuestra pintura con la autoridad y el paso de los que llegan para quedarse.



Jorge Rigol (En: catálogo a la exposición Ever Fonseca, Oleos de 1968 a 1971, Museo Nacional de Bellas Artes, 1971, Consejo Nacional de Cultura).