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Primera versión de Ever
Alberto Jorge Carol
 
En 1932 André Breton escribió: “el poeta futuro superará la idea del divorcio irreparable entre la acción y el sueño”. En 1971, la obra de Ever Fonseca confirma genuinamente la profecía. Heredero, no epígono, de aquella vanguardia, en él la imagina-ción no es una ruptura con la realidad —aún con la intención de reconstruirla— sino realidad ensanchada y reforzada por la poesía en un acto de familia. La liberación del subcons-ciente, no absurdo, sino una enorme equivalencia mágica que se da con la espontaneidad del Cuentero y con la resonancia de toda una apropiación de la Naturaleza por el Hombre. Mucho más que alegorías intelectuales, que irritación de la percepción, aquí no se trata de “acoplamiento de dos realidades aparentemente imposibles de con-ciliar, en un plano en que la aparien-cia no es conveniente para ellas” (Max Ernst) porque aquí la apariencia ha ganado una conveniencia nueva, coherente, al nivel de la sensualidad, la gracia primigenia, la congruencia que con la Vida mantiene el fabulador de nuestros campos. En sus cuadros conviven animales, lunas, gentes. El hombre participa de los asuntos y del mundo y los trata de igual a igual.



Pero sobre la admirable solución de un detalle —donde la técnica es tan acertada que pasa a segundo plano— importa el ambiente, la totalidad subrayada por la transparencia, que en lugar de disolver inunda, con los colores de la tierra y mar, del aire y los bosques. Y desde cada pulgada crece, se expande y esplende una plenitud, que gravita. Otra vez por todo, Ever sorprende: su solución plástica a la vez que gigante es menuda, a la vez que contundente es tierna, a la vez que dramática es ingenua y a la vez que ingenua, sensual. Nuevamente Naturaleza y Hombre se distienden en una contradictoriedad poética. Nuevamente se abre el hombre en una con-tradictoriedad que se apropia poéti-camente de lo natural y de sí mismo.



Ever Fonseca es, sin duda, el más só-lido mitificador, por lo menos, de nuestra generación ... Y a la par que un desarrollo surrealista, el entronque, la encarna-ción cabal del intimo espíritu que une en nuestra tradición a Carlos Enríquez, Abela, Lam, Acosta León e incluso Amelia. Profundamente cubano, profundamente pintor, profundamente hombre, su arte merece la atención y el amor de todos.




Alberto Jorge Carol (“Primera versión de Ever”. En: catálogo a la exposición Ever Fonseca, Oleos de 1968 a 1971, Museo Nacional de Bellas Artes, 1971, Consejo Nacional de Cultura).