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La magia del Volumen
Alejandro Alonso
 
El diapasón de esta creadora es amplio; va desde la pequeña obra –digamos de cámara- hasta el conjunto monumental o la estructura destinada a calificar el ambiente; toca los materiales provisionales y también los definitivos, donde la mano tuvo ocasión de concretar con todas las consecuencias del caso la idea con las posibilidades que da el bronce, el mármol, la madera… Semánticamente, encontramos en su labor un gusto por lo sensual, lo táctil, la sublimación de formas que escogieron las líneas del cuerpo femenino como emblema de masas reconocibles, penetradas del vacío, rozando en ulterior desarrollo de la abstracción, pero muy a menudo ligadas a ese norte que marca un rumbo en el cual la coherencia revela el esfuerzo. ¿Quiere esto decir que no ha sondeado otros caminos? Por supuesto que no; la inquietud, la experimentación, los buscados matices, llevaron a Rita al sondeo de lo constructivo, a la utilización del objeto encontrado o de la chatarra, según vías transitadas a manera de alternativa, donde el alter ego que halla en una mujer de proporciones longilíneas, especie de correlativo estético, parece agazaparse para luego saltar en otro ejemplo recurrente de lo que ha constituido motivo constante de un trabajo profesional iniciado en 1932. De cualquier modo, en el planteamiento más racional de la autora, está siempre el sentido del ritmo, el fluir de una conciencia que, siendo el rasgo propio de un intelecto cultivado, recorre las ansias hedonistas de quien ha tenido ocasión de gozar de la vida en toda su plenitud. Sin abruptas rupturas, como el mítico rey Jano, con una cara vuelta a la tradición –al pasado- y otra apuntada al porvenir, a la innovación, llega a tocar los extravíos del deseo de cambio y transformación.

Las mujeres de Rita –sin duda eterna motivación- se apoyan en la gran tradición clásica, que admira en su doble potencialidad de solidez masiva y sugerencia simbólica al hacer del cuerpo humano centro, norma y medida de la existencia y las fuerzas que mueven al universo. Tienen tales figuras, la rotunda afirmación que tomaron los remanentes antiguos, Bourdelle y Maillol, son similar distancia a la hora de asimilar la herencia con respecto a aquello que provoca el admirado sentimiento de quien se iniciaba ante el proyecto de lo ya decantado por siglos y más siglos de depuración. A ello, sumemos una pizca del chic que aportó al modernismo la elegancia del Art Deco, y tendremos –grosso modo- la plataforma de despegue de la escultora.

Estilizar, ir al abordaje del material escogido para dejar plasmado eso ambiguo e inasible -¿la inspiración?-, con la seguridad de que cada uno tiene propiedades intrínsecas y que la tarea radica en liberarlo de todo lo superfluo –en gesto michelangelesco- para iniciar el canto. Por estos andurriales detectamos la clave de concepciones que tuvieron en cuenta la realización individual; pero que, con nobleza, generosidad y modestia, supieron respetar los niveles perceptivos de su auditorio, las demandas de los equipos interdisciplinarios en los que nada infrecuentemente figuró; y, por último, y no menos importante, el ambiente físico donde se insertarían sus creaciones. Así, los trabajos de Rita Longa tienen permanencia garantizada; alteraciones urbanísticas, desastres ambientales, cambios estéticos y modas no han afectado la eficacia comunicativa de sus obras. Una realización muy temprana, el boceto de 1941 para la Fuente de los mártires, emplazada en 1947, enseña los elementos esenciales de un período en el cual hace de los cuerpos humanos vehículo expresivo de la metáfora; la lírica línea que delimita los volúmenes del elemento central, tiene su eco en el vaso y los delicados chorros de agua del proyecto original, alcanzando en estrecha colaboración con el arquitecto Honorato Collete, en el parque dedicado a los muertos por la patria, que está aledaño al Paseo del Prado, donde se inicia la famosa vía, en el área que una vez ocupara la funesta Cárcel de La Habana. Este capítulo de la colaboración de la escultora en encomiendas de tipo ambiental, resulta plagado de obras que, como Grupo familiar, bronce ubicado en la entrada del Parque Zoológico del Nuevo Vedado, ciudad de La Habana, debido a la colaboración con el arquitecto Antonio Quintana, han alcanzado gran popularidad. En el caso de la Virgen del camino, la acertada concepción de la autora, logró que una imagen inexistente en el repertorio católico de divinidades, se hiciera objeto de culto, que la hace receptora de flores y plegarias. No es poca recompensa para quien –por otra parte- ha trabajado la iconografía católica con dedicación y éxito; recordar Santa Rita, 1943, yeso patinado que todavía espera su fundición en bronce, ideada especialmente para el altar mayor de la iglesia homónima del Reparto Miramar de La Habana, y cuyo desplazamiento de hace unos años a una de las capillas laterales del templo vulnera la esencia misma del proyecto, concebido en términos de una discreta modernidad donde la labor de Rita se ajustaba perfectamente al austero estilo del arquitecto Víctor Morales como jefe de los trabajos. No son excepciones dentro de esa línea de creación, pues su sencilla, pero devota y anticonvencional fe, se ha concretado con acierto en casos de toda escala: pensemos en el Sagrado corazón, piedra fundida para el Centro Médico Quirúrgico de El Vedado; el Bonus Pastor (desaparecido) piedra en los jardines del Seminario El Buen Pastor, Arroyo Arenas; o Pietá, de 1957, mármol en un panteón del Cementerio de Colón, entre otros.

Temas terrenales ligados a diversas demandas han dejado un rastro que incluye la obra Cáncer, 1945, premio de la Gold Medal Exhibition of the Architectural League of New York en 1951; Forma, espacio y luz, 1953, mármol emplazado en la fachada del Palacio de Bellas Artes, La Habana; o el indio Hatuey, 1955, bronce devenido símbolo de la famosa cerveza homónima. Rita Longa, pues, ha estado vinculada a empresas de determinado peso en la vida nacional, ya sea cuando hizo los relieves de las Musas y la escultura Ilusión para el Teatro Payret (proyecto de su primo Eugenio Batista) o Ballerina, símbolo del internacionalmente conocido Cabaret Tropicana.

Rita Longa es una destacada promotora de la escultura, lo cual redondea esa personalidad tan firmemente anclada al desarrollo cultural del país; en fin, puede decirse que la artista, en esencia y presencia, como activo factor de todo evento de importancia, consigue, en obra de madurez artística, una de las más cuajadas piezas monumentales de las hechas acá luego del triunfo de la Revolución, el Bosque de los héroes, 1973, en Santiago de Cuba, donde hallan punto de fusión las dos tendencias detectables en el trabajo de la escultora: de lejos, la dinámica estructura representativa del proceso de abstracción hacia el cual derivó su obra, adecuadamente inserta en el trazado urbanístico del lugar, que domina desde cierta altura; de cerca, las imágenes en hueco-relieve sobre el mármol, con figuras reconocibles e identificadas, de quienes son receptores del tributo. Estamos ante una obra de síntesis, tal como lo es La muerte del cisne, en los jardines del Teatro Nacional de la Plaza de la Revolución de La Habana; allí, en otros términos. Mucho más orgánicos en su referencia al cuerpo humano- hallamos una excelente combinación de componentes abstractas y figurativas, junto al constante fluir de líneas y volúmenes que caracterizan a su autora.

(…)

Alejando G. Alonso
(fragmento de las palabras al Catálogo La magia del Volumen, 1996).