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Introducción, Catálogo de la I Bienal de La Habana
Eliseo Diego
 
Las artes plásticas son, quizás, uno de los más arcaico afanes creadores del hombre. Ahí están, sobre las paredes de las cavernas prehistóricas de Altamira, los magníficos bisontes en ocre, rosa y negro, trémulos de vida y belleza, pintados en lo hondo de la tierra a la luz de quién sabe qué antorchas, y pintadas de mano maestra. Aquellos remotísimos antecesores nuestros quisieron perpetuar lo que era a la vez alimento para el hambre y para el alma: no querían, no, que los bisontes acabaran nunca. Y perpetuándolos, se perpetuaron a sí mismos. Los murales de Altamira nos dicen que eran gente de mucha fuerza y ternura. Nos dicen, los murales de Altamira, tanto más de ellos que cientos de volúmenes arqueológicos o antropológicos- fatigosas palabras, sin duda, cuando uno las pone junto a los ágiles bisontes.
Y es que, a nuestra manera de ver, las obras de las artes plásticas tienen dos significados de pareja validez: primero, el suyo propio, el de su esencia como arte, y segundo, el de servir como reflejo de los hombres y mujeres que los crearon porque tenían necesidad del arte y de verse en él a sí mismos… cuando uno contempla el Guernica, de Picasso, se abisma en su terrible belleza; pero también sabe de inmediato, en un relámpago, cómo es el pueblo español. Y así sucede, a su propio, originalísimo modo, con la Jungla, de Wifredo Lam.
La I Bienal de La Habana se celebra, justamente, para honrarlo a él, y honrar en él, que ha sido uno de los cubanos mayores por su genio y entereza, los veinticinco años de la Revolución Cubana, a la que sirvió siempre con ejemplar fidelidad. La de este año se dedica a las artes plásticas de la América Latina y el Caribe –pintura, dibujo, grabado, fotografía. Más de setecientos creadores nos han enviado sus obras, lo que constituye una abrumadora prueba de confianza y cariño. Se les unen, como hermanos, algunos de los más representativos artistas de Cuba.
En las salas de exposiciones hallaremos ejemplos de los más disímiles estilos y tendencias. Cada uno de ellos, si es una verdadera obra de arte, si responde a una genuina necesidad de expresión, tiene ya un valor inestimable, por cuanto es un intento de aproximarse el creador, desde un ángulo imprevisto, al enigma de la realidad del universo.
Lo curioso es que la proliferación de estilos y tendencias está presente en el conjunto de obras de cada una de las nacionalidades representadas en la I Bienal. Más que curioso, importante, esencial, porque en cada uno de esos conjuntos está el sello de la propia idiosincrasia, formada, en unos casos, por la fusión de las culturas precolombinas y las de España, Inglaterra, Francia, Holanda. Tal es el secreto de la diversidad dentro de la unidad –de las culturas mestizas, que descubriera Nicolás Guillén- donde se ocultan la fuerza y la esperanza que la América Latina y el Caribe ofrecen hoy a nuestra convulsa humanidad.
Aún aquellas obras de mayor intimidad y dificultad de comprensión, significan el afán de algún hombre o mujer por comunicar un fragmento de su realidad, de su pequeño universo, que no sólo enriquece al que se toma el trabajo de mirarlo con atención, sino que necesariamente refleja –como dijimos antes- la identidad del pueblo que forjó q quien lo concibiera, tal como sucede, en otra dimensión del ser, con las obras figurativas de los muralistas mexicanos, a quienes tanto debemos. Unas y otras se complementan, y las hemos acogido con igual esmero e interés, de acuerdo con el principio de nuestra Constitución que consagra la libertad de expresión como un derecho inalienable. Añádase que la fotografía figura, hombro con hombro, junto a las artes tradicionales, dentro de una misma jerarquía. El ser humano ha sido siempre capaz de enfrentarse a las dificultades, de sorprender, de aparecer donde menos se le espera, lo mismo con aquellas antiquísimas antorchas de Altamira que con las complejidades de la tecnología moderna, respondiendo con medios siempre nuevos a se necesidad de expresarse.
El arte es una de las vías que nos están abiertas para el conocimiento de la realidad. A la Revolución cubana le interesa cada hombre, cada mujer, cada niño, cada pueblo, en fin. Esta I Bienal nos permitirá conocer mejor cómo son los hombres, mujeres, niños, pueblos de la América Latina y el Caribe. Las que vengan después nos permitirán el mismo conocimiento entrañable de nuestros hermanos de África y Asia. En todas figurarán tanto las obras de los maestros consagrados como las de aquellos creadores jóvenes cuyo trabajo, sin este esfuerzo de Cuba, pasaría quizás desapercibido.
La incomunicación entre los pueblos del Tercer Mundo ha sido una catástrofe alentada por las aviesas intenciones de imperialismos ya caducos o en trance de corrupta descomposición. La Revolución Cubana se ha propuesto con inquebrantable empeño romper toda barrera entre hermanos, reintegrar lo disperso. De aquí que esta I Bienal sea, no sólo un importante evento artístico, sino un hecho de significación histórica que ha de tener incalculables y consoladoras consecuencias para el futuro de todos.

Eliseo Diego

Introducción al catálogo de la I Bienal de La Habana, 1984.