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“El taller de Louis Marquier y su continuador Santiago Martín”
Zoila Lapique
 
Louis Marquier comenzó a trabajar en la Litografía del Comercio, sita en la calle Obispo núm.42, entre Compostela y Aguacate, regenteada entonces por el también litógrafo y dibujante francés Gustavo Muguet (…) se aprecia que Muguet ejerció notable influencia como impresor en el entonces joven Marquier, recién llegado de Paría y de un escaso nivel técnico como litógrafo, según demuestran los trabajos que hizo para la revista habanera El Artista, órgano de divulgación del Liceo Artístico y Literario de La Habana, con la cual firmó un contrato en 1848 para ilustrar unos textos.
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Las ilustraciones aportadas por Marquier a El Artista fueron de diferentes géneros: caricaturas realizadas en París por los conocidos artistas H. Valentín y Cham, retratos, escenas de piezas de teatros y copias de cuadros famosos: El amolador, de David Teniers; Alegoría de otoño, de J.M.Granville, y Las pompas de jabón, de Mieris el Joven. Estas ilustraciones llevan su firma –lo que obliga pensar en una directa colaboración del artífice-, pero podemos afirmar que no eran láminas litográficas, sino tacos xilográficos comerciales hechos en el extranjero –en París, seguramente-, de donde las trajo este impresor. Tal cuestión parece equívoca en un principio, pero más adelante se aclara en la lámina que incluye dibujos de Fragonard y Deschamps, aparecida en el “Figurín de modas” de la edición del domingo 26 de noviembre de 1849, donde Marquier se ve obligado a declarar que se trata de un “Método de transportar sobre piedra los grabados en madera”, con lo que confiesa que tales ilustraciones no eran realmente litografías. Marquier trabajó para El Artista poco tiempo (…)
Francisco Louis Marquier se estableció por su cuenta en el local de la que fuera hasta entonces Litografía Cubana, sita en la calle Lamparilla núm.121 ½ y luego al número 11. En estos locales trabajó de 1849 a 1854, años en que tuvo la cooperación de los mejores artífices del momento (…) este taller realizó la tirada de una serie de vistas panorámicas de distintas ciudades de Cuba, dibujadas por Leonardo Barañano, litografiadas por Eduardo Laplante, e impresas primero por Marquier y después por su sucesor en la empresa, Santiago Martín. Estas vistas con un formato mayor, estaban destinadas a decorar las paredes de las casas como si fueran pinturas de caballete, en lo cual se diferenciaban de las series anteriores, hechas para encuadernarse como un álbum y tenerse como un libro de láminas.
Mención aparte merecen tres obras de gran importancia para la historia de la litografía en Cuba: Viaje pintoresco alrededor de la Isla de Cuba, que apareció a finales de 1848 –primera obra importante impresa por Marquier en La Habana-; el Álbum californiano, editado alrededor de 1850, y el libro Los Ingenios, con texto de Justo Germán Cantero, impreso de 1855 a 1857.
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En 1854 Francisco Louis Marquier dejó Cuba… se marchó, precisamente, cuando aún se cursaba en los tribunales ordinarios un juicio sobre propiedad artística, promovido por él y por Federico Mialhe contra el agente impresor Bernardo May, a quien acusaban por las copias de los paisajes al álbum Viaje pintoresco alrededor de la Isla de Cuba, hechas en una casa editora alemana que éste último representaba en La Habana (…)
Con la partida de Marquier, su taller continúa funcionando con el mismo nombre comercial, pero bajo la regencia y responsabilidad de su hermano Francisco Ulises; su dueño lo vendió al también impresor Santiago Martín y Martín, a mediados de 1855. Así pues, la realización del libro Los Ingenios, de Justo Germán Cantero, fue hecha por los impresores Santiago Martín y Francisco Ulises Marquier –como reiteradamente se ha afirmado-, asociados al pintor y litógrafo francés Eduardo Laplante y Borcou (…)
A mediados de 1856, cuando aún estaba en la prensa la sexta entrega del libro Los Ingenios, Francisco Louis Marquier regresaba a La Habana, para vender su casa impresora a favor del litógrafo Santiago Martín y Martín, un joven que procedía de una familia francesa de New Orleáns (…)
Fragmentos del capítulo: “El taller de Louis Marquier y su continuador Santiago Martín” del libro La memoria en la piedra, de Zoila Lapique. pp.145-197.