hemeroteca 
  textos críticos

Buscar  
 

 
Dándole cabeza
Caridad Blanco
 


(…) Los dibujos a línea, las monotipias y los animados reunidos como conjunto …, amén de expresar su intencionalidad en el humor, constituyen particular resumen de un lustro de su trabajo y forjan entre todos una visualidad: la imagen ascendente de su expresión gráfica. El trazo de estas metáforas ha venido sucediendo a raíz de sus muestras personales de los últimos años, el ejercicio de ilustrar (libros y otras publicaciones) o el hecho de animar una buena parte de sus ideas, no está al margen de lo que él ha conseguido en La ubre, espacio de humor de la Calle del Medio, en relación con su propio desempeño y también en lo relativo a la promoción de esa nueva hornada de humoristas que lo viene acompañando.

Un ser atrapado en los pliegues del tiempo resulta ese austero personaje que Zardoyas ha desarrollado. Una entidad volcada hacia asuntos viscerales cuya representación es conseguida con una gran economía de medios. Síntesis y limpieza que van a lo tremendo: la guerra, la violencia o el hambre, con un particular lirismo que alcanza también esa reseña acerca de anhelos y obsesiones humanas. En él hay un reporte de ese nadar en seco referido por Virgilio Piñera, que viene tras múltiples encrucijadas: las relativas al espíritu o aquellas definidas por el dinero, los intereses o el poder. Ese sitio impreciso donde su personaje interviene sumergido en su corporeidad, suma cada vez más apuntes al memorándum de este artista: fragilidad del entorno natural, adicción al consumo, migraciones, protagonismo del mercado y la tecnología, junto a rasgos de la sicología social contemporánea.

Vistas así, las obras de Dándole cabeza alcanzan a entenderse como los retratos de un gesto convertido en personaje. Con él, Zardoyas representa a la parte por el todo, y su protagonista actúa los desempeños, las vidas y las disyuntivas de otros.: siendo entidad, actor, intérprete. Es ese desempeño el que expone a las miradas esa tolerancia que bien sabemos no es aceptación, mientras llevamos una y otra vez el mundo a la cabeza, lo pensamos y distinguimos a la maldad acomo(dando) las alas de los ángeles.

Por Caridad Blanco