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Atrevida y vehemente
Jorge Rivas Rodríguez
 
Con la paciencia y suntuosidad de un maestro ebanista y la amorosa imperturbabilidad de una solícita costurera doméstica —respectivos oficios practicados por sus padres, entre los que aprehendió su particularísimo estilo artístico— ha trascendido la obra plástica de la destacada creadora Lesbia VentDumois (Cruces, 6 de noviembre de 1932), quien desde finales del pasado mes de diciembre expone, en la galería Rubén Martínez Villena, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), 20 piezas seleccionadas entre su prolífica trayectoria que abarca ya más de 50 años. Lesbia recibió allí el saludo de admiradores y amigos —muchos de ellos paradigmas del arte insular—, que asistieron a la inauguración de esta muestra concebida por la Casa productora Octavio Cortázar con motivo del rodaje de un documental sobre la vida y obra de la grabadora, dibujante y pedagoga, Premio Nacional de Curaduría, y acreedora, en octubre último, del Premio Maestro de Juventudes, conferido por la Asociación Hermanos Saíz, por su excelsa labor en el campo de las artes, las letras, el pensamiento y la docencia. Avezada alumna de grabado del también pintor, escultor y crítico Carmelo González (Casablanca, 16 de julio de 1920-La Habana, 10 de agosto de 1990); con quien vivió sólidas experiencias durante sus estudios en la Escuela de Artes Plásticas Leopoldo Romañach, de Villa Clara, y durante los años que sostuvieron fértil relación profesional y matrimonial, Lesbia fundó su cosmos artístico sobre los cimientos de su sensible existencia como hija, mujer, esposa y creadora. Según ella, empezó a sentir atracción por esta vocación cuando Elisea, su maestra de primaria, se la despertó. Poco después fue alentada por Antonio Alejo, su profesor de Historia del Arte, aunque ha confesado que en la adolescencia profesaba predilección por la arquitectura. De alguna manera, esa fecunda espiritualidad acumulada desde los años mozos está presente en el conjunto que integra la muestra que ahora exhibe en la sala Villena, la cual posee una visualidad contundentemente expresiva, que aunque no posibilita hacer una completa valoración de todo su quehacer artístico, sí permite escudriñar un segmento —bien curado— de su legado al arte cubano, del que constituye insoslayable figura caracterizada, ante todo, por la absoluta entrega y por el interés de manifestarse, atrevida y vehemente, con total libertad creativa. Trópico 1, 2012.Trópico 1, 2012. Tanto en sus grabados, como en sus dibujos y pinturas, Lesbia revela su sensitiva apreciación del entorno sobre el que creció y se consolidó como intelectual de primera fila al servicio de la cultura y de la patria. A través de sus grabados sobre la épica revolucionaria de principios de la década de los 60 del pasado siglo, y en sus posteriores dibujos y pinturas, muchos de ellos inspirados en la emancipación de la mujer —con mirada crítica, irónica— ella proyecta narraciones iconográficas —a veces espléndidas en matices y trazos— que conmueven mediante un lenguaje nítido que llega a los sentidos y a los sentimientos del público, identificado con sus pasiones, sueños y esperanzas, que también, de disímiles modos, circunvalan a toda existencia humana. La variopinta creación plástica de Lesbia hay que entenderla como proceso y no como resultado. Sus trabajos son reflejo espontáneo de un cúmulo de prácticas, costumbres, cultura e historias vividas que ella exterioriza con “un sentido totalizador” ajeno a los géneros, las tendencias o las corrientes de moda. La exhibición incluye un segmento importante de la fantástica y poética recreación que, sobre la feminidad, se destaca dentro de toda su producción plástica. Testimonio de recónditas vivencias que se aprecia, principalmente, en sus singulares urnas que evocan prominente intimismo, estridente, satírico, mítico, como provocando al espectador con propuestas proclives a lo kitsch, pero que finalmente devienen originalísimos y atractivos discursos cuyas conexiones surgen de la memoria, desde los años de la infancia, bajo el cobijo de la madre, costurera y dibujante. Entre esos trabajos en técnica mixta, figuran los de la serie Cartas de Amor, a la que pertenecen dos simbólicas piezas (2009), una de ellas inspirada en la epístola de José Martí a María Mantilla (Cabo Haitiano,1895); y la otra en un fragmento de Hexaedro Rosa, poema escrito (1924) por Rubén Martínez Villena a su esposa Asela Jiménez. Mujer enérgica y profusamente imaginativa y pasional, la VentDumois ha sobrellevado su arte junto con arduas tareas de dirección; primero, y durante más de cuatro décadas, como directora del Departamento de Artes Plásticas de la Casa de las Américas, y desde hace varios años como presidenta de la Asociación de Artistas Plásticos de la Uneac. Su imaginario estético es, ante todo universal. En la medida que se recorre su exposición puede corroborarse que el arte, conducido por ella con la maestría de una arquitecta y diseñadora del espacio, constituye fuente inagotable de multiplicidad de formas, colores y técnicas, indispensables, en estos tiempos, para dar mejor sentido a la vida.



Fuente: Artículo de Jorge Rivas Rodríguez, Lesbia Vent Dumois en la Sala Villena de la UNEAC.

Atrevida y vehemente

Trabajadores, Cultura/10, lunes 20 de enero de 2014