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Posada, perfil de una época
Víctor Casaus
 
Posada, perfil de una época

Es cierto, lo dicen estas palabras en el catálogo de la exposición y estamos a punto de confirmarlo en unos minutos mientras navegamos por esta sala: Para cumplir con Posada, con el Gallego, se hace esta fiesta de su imagen y de su memoria en las paredes del Museo Nacional de Bellas Artes.

Esta exposición abarcadora y entrañable era una deuda pendiente de las instituciones y de la cultura cubana con su creador, artista incesante y testimoniante agudo –a través de sus obras plásticas y de su palabra- de las bellezas y las miserias de nuestro tiempo. Por ello encontraremos aquí su mirada incisiva sobre/contra los grandes poderes que han traído –y traen- desgracias planetarias y sufrimientos sin fronteras. Por ello encontraremos también el filo de su plumilla o de su pincel que dieron rostro –patético, descarnado- a los mancos mentales de todas las décadas y colores.

El título de esta exposición subraya una vocación intensamente cumplida en toda la obra de Posada: a través de caricaturas y dibujos, de grabados y colagrafías, comunicándose sobre los soportes multiplicados de las prensas o en los ambientes reposados de las galerías, el artista nos entrega, en el balance de lo visto, lo pensado y lo sentido, el perfil de una época.

Afincada en la maravilla de la imaginación desbordada y desbordante, multiplicada en la diversidad de recursos plásticos, reconfirmada en la solidez de una existencia vivida con admirable intensidad, esta exposición puede servir para alumbrar con sus claroscuros inquietantes la época actual, cargada de frustraciones latentes y esperanzas tenaces, y alcanzar con sus preguntas y propuestas la época que se avecina, silueta todavía imprecisa en los próximos, cambiantes horizontes.

Por ello es también importante en esta formidable exposición –deuda finalmente no impagable, sino solo aplazada durante mucho tiempo- que Posada llegue a nosotros ahora, en los inicios de este 2014, cuando la necesidad de construir espacios para la reflexión colectiva y el debate profundo parecen ser ya asignaturas inaplazables de la sociedad, de la gente.

Justicia justiciera, acto de honrar que honra, esta amplia muestra antológica recorre los caminos deslumbrantes y generosos de este creador interminable. Y al mismo tiempo, dato significativo y alentador, entrega nuevamente la voz a José Luís Posada Medio, el gallego para la gente amiga –que fue y es mucha entre nosotros y más allá-, de modo que comparta aquí este perfil de su época y de sus opini0ones y se extienda, en su eco, a las generaciones más jóvenes de hoy y de mañana.

En el centro de este proyecto que ahora se inaugura, organizado y con la curaduría a cargo del Museo Nacional de Bellas Artes, se encuentra la voluntad sistemática y entusiasta de la familia Posada, sus hermanos fieles que han reunido y conservado con esfuerzo y amor la papelería, las obras, las imágenes del artista. Ese empeño tenaz ha encontrado también alientos y raíces en San Antonio de los Baños, el terruño que acogió a la familia Posada Medio cuando llegó allí desde los territorios trágicos y violentos de la Guerra Civil Española a fines de la primera mitad del siglo pasado.

A los hermanos Posada debe agradecer la cultura cubana –y ahora lo hace desde esta exposición- la pasión por conservar y la generosidad para compartir, que pueden ser ejemplos para instituciones y artistas en el camino de la preservación y la defensa del patrimonio cultural de la Nación.

Para propiciar y sugerir otros caminos e esta fiesta de su imagen y de su memoria, también ocurrirán en las próximas semanas en el marco de esta exposición algunas acciones, que incluirán la exhibición de audiovisuales relacionados con la vida y la obra de Posada y presentaciones de libros que muestran y analizan su obra y evocan desde el testimonio la riqueza humana de su entorno vital e histórico.

Me alegra tener la posibilidad de compartir con ustedes estas palabras de bienvenida y traer también en ellas el saludo del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, que ha contribuido modestamente a la realización de este proyecto del Museo Nacional de Bellas Artes y comparte esa pasión por la memoria y la cultura, por el compromiso y el debate que hace un momento mencionaba.

Comencemos entonces esta fiesta anunciada: nos esperan las imágenes inquietantes de este artista revolucionario en muchos sentidos, imaginador de sueños y crítico de realidades, que nos dejó confirmadas sus pertenencias y sus convicciones en estas palabras:

Siempre me he sentido cubano, mi tierra la perdí cuando la guerra y la volví a encontrar cuando tenía ya sesenta años. Cuba te machaca para toda la vida. Este país tú no lo sueltas nunca.

Yo creo que todo humorista debe decir lo que piensa, sobre todo si tiene cabeza para pensar y corazón para sentir.


Víctor Casaus