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UN PINTOR NEOEXPRESIONISTA
David Mateo
 
UN PINTOR NEOEXPRESIONISTA

Adonis Ferro ha probado ya en varias exposiciones que posee los recursos expresivos y conceptuales necesarios para formar parte de esa nueva oleada neoexpresionista que ha arremetido con fuerza súbita en el panorama artístico cubano; a pesar de que, por su condición autodidacta y las limitantes legales del sistema galerístico, se le ha hecho engorroso el camino hacia la inserción y el reconocimiento en comparación con artistas egresados de la Academia San Alejandro o del Instituto Superior de Arte.
El año 2006 consta en su breve currículum como el período en el que inicia un ascenso de sus actividades promocionales, y en el que su trabajo logra ponerse a la vista de algunos especialistas y curadores. Sin embargo, fue en la exposición Equilibrium del año 2009, gestada por iniciativa propia, presentada primero en la Embajada de Inglaterra en Cuba con motivo de la visita de la compañía Royal Ballet, y luego en la Sala Rubén Martínez Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba1, cuando un grupo significativo de figuras, investigadores y críticos del medio toman conciencia de su obra y de los valores que ella posee. Algunos estudiosos muy perspicaces, como el recientemente fallecido Rufo Caballero, no solo llegaron a detectar en su pintura una metódica peculiar, diferente, sino ciertas actitudes que lo vinculan a esa nueva generación y perspectiva pictórica surgida a mediados de la década del 2000. Al valorar el trabajo de aquella etapa Rufo afirmaba: “Adonis está harto de certezas, no quiere más certezas; intenta comprender la complejidad de una amalgama de sentimientos que alcance a compartir con el espectador la densidad emocional de su propia vida ahora mismo en Cuba”.
La muestra colectiva organizada un tiempo después por el curador Píter Ortega, que llevó por título Bomba y que fue exhibida en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, terminó de ubicarlo en circunstancia y contribuyó a acreditar las fórmulas esenciales de su trabajo. Más allá de los aciertos o desaciertos que puedan adjudicársele a esa exposición, podemos asegurar que los dos cuadros de Adonis Ferro incluidos en ella (La cuerda e Insostenible) suscitaron comentarios favorables entre los espectadores y algunos entendidos del patio. También supimos por otras fuentes que recibieron elogios especiales del curador latinoamericano Ticio Escobar, durante una visita que hiciera a la institución. Si bien la exposición Equilibrio, del 2009, demostró las capacidades técnicas e interpretativas de la pintura de Adonis, inspirada para la ocasión en escenas y personajes clásicos del ballet como Bodas de sangre, Manon, Cascanueces, Romeo y Julieta, la exposición Bomba, del 2010, ofreció evidencias sobre una obra sostenida de manera raigal en los valores autónomos del retrato, abiertamente intimista, en ocasiones visceral, y sobre todo expuso con claridad las amplias posibilidades de su procedimiento creativo, justificado en la tensión entre lo caricaturesco y lo dramático, y cómo era capaz de interconectarse con el resto de las estrategias artísticas imperantes. Sin duda alguna, Píter abrió para Adonis la puerta de una de las instituciones legitimadores por excelencia del arte contemporáneo cubano: el Centro Wifredo Lam, y pudo hacerlo gracias a la amplitud de perspectivas con que se trabaja hoy en ese centro, que comienza a abrirse cautelosamente a las propuestas de curadores independientes. Esta es una decisión acertada que –como he afirmado en otras oportunidades- podría re-oxigenar incluso los postulados curatoriales del centro, tanto en el plano nacional como extranjero, siempre velando -como es lógico- por la calidad y autenticidad de todo lo que allí se exhiba. El crítico de arte y curador Nelson Herrera Ysla, uno de los especialistas fundadores del centro, declaró públicamente que en varios de los creadores reunidos en este proyecto -entre los que incluyó a Adonis Ferro- se imponía una nueva figuración, asociada a la trasvanguardia italiana y argentina; y sobre su pintura aseveró: “… diferente del resto, crea sus propios seres desasidos, alineados de cuanto les rodea en el espacio pictórico”.

Profunda sed, exhibición organizada ahora para la Casa de México en La Habana Vieja, es el proyecto que consolida ese ciclo de inserción y reconocimiento de la pintura de Adonis Ferro, y es también el acontecimiento que cierra un periodo de madurez y perfeccionamiento de apenas dos años, en el que el artista no solo fue capaz de conquistar una figuración peculiar, distinguible dentro del panorama visual cubano, sino donde resumió también su sentido de proyección conceptual y alegórica. Profunda sed agrupa un conjunto de obras en las que el artista alcanza un nivel de suficiencia en todo lo que se refiere a la composición y el diseño, donde las tonalidades adoptan valores y proporciones mucho más definidas y espontáneas, donde los retratos muestran un absoluto desenfado de sus líneas y contornos, donde se afianza el dominio de la pincelada y, complementariamente, se hace más vigorosa y gestual.

Aunque Profunda sed no solo se queda en el propósito de dar nuevos testimonios sobre la perfección de un estilo, de una metodología compositiva dentro del abordaje fisonómico; sino que advierte, subraya, la complejización desde el punto de vista representativo que ha estado mostrando de manera acelerada la pintura de Adonis Ferro en los últimos meses del año 2010; el rotundo salto de enfoque que esta ha estado experimentando desde lo íntimo a lo público, desde lo ingenuo, inocente, hacia lo inductivo y sarcástico. Se trata de lienzos inéditos de mediano y gran formato que expanden —e incluso traspasan— la indagación autobiográfica característica de su trabajo, para encarar con mirada incisiva, suspicaz, otras preocupaciones y realidades contingentes del hombre insular. Me refiero a un grupo de alegorías que hablan acerca de los sentimientos colectivos o individuales mutilados, que comentan sobre la pérdida de las expectativas, sobre las carencias espirituales y la falta de autonomía cívica.
En esta muestra Ferro refuerza como nunca antes toda la carga simbólica de los sujetos recreados —familiares o ajenos—, y al hacerlo no se remite exclusivamente como en obras anteriores a las insinuaciones del dibujo, a su impacto perceptivo, sino que también se dedica a recrear ambientes, a sugerir objetos y escenarios suplementarios que refuerzan el poder metafórico de la obra. Los sujetos no están en posiciones tan introspectivas, no se ven tan desasidos o aislados, ahora parecen estar más enfocados, inmersos en alguna que otra disyuntiva, en alguna que otra contienda que remite inexorablemente hacia el advenimiento de otros tiempos y experiencias. La animosidad de los rostros y miradas de algunos personajes empiezan a estar condicionadas visualmente también por determinados códigos, palabras y cifras de la memoria; las figuras luchan por no caer en trampas súbitas; se muestran indecisas ante profundidades lúgubres, enigmáticas; contemplan aviones que transitan hacia destinos imprecisos; dubitan entre árboles que mitigan la soledad y lo inhóspito… Poco a poco los cuadros comienzan a poblarse, a expandirse como un indicio de lo que podría llegar a ser, en un breve período de tiempo, una de las atmósferas pictóricas más complejas y sugestivas del imaginero neoexpresionista cubano. Oficio, pensamientos y desasosiegos hay en cantidades, y para rato.

David Mateo

La Habana, enero de 2011