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Adonis Ferro y la solidez de un estilo
Píter Ortega
 
Adonis Ferro y la solidez de un estilo

La obra de Adonis Ferro (La Habana, 1986) ha ido evolucionando en los últimos tiempos hacia el expresionismo más desenfadado y gestual. Si en un primer momento el artista comenzó abordando el tema de la danza en obras más cercanas a la mimesis, con un trazo más académico y naturalista, en la actual serie en que se encuentra laborando (Per-cápita) opera con una pincelada totalmente suelta, vertiginosa, y acude al uso de los chorreados, las manchas gruesas y amplias, la presencia de zonas abocetadas, inconclusas, dejadas intencionalmente a medias. Emplea la distorsión física y la desproporción de las figuras como un recurso expresivo muy eficaz, que acentúa la violencia y la deshumanización de las imágenes. Asimismo, el uso del color es arbitrario, antojadizo, insuflado de las libertades más disímiles. Todo ello le confiere a la visualidad un toque de síntesis y economía de recursos que resulta muy seductor. Creo por tanto que a través de esta última serie el artista ha encontrado definitivamente el camino de su obra; ya posee una poética sólida, un estilo maduro. Anteriormente se encontraba todavía en tanteos, en búsquedas (típicas de un creador joven), pero ahora ostenta una seguridad estética y conceptual envidiable.

En cuanto a los temas o motivos de representación, en las piezas de Per cápita el artista versa sobre el ser humano y sus miserias, sus angustias, sus conflictos existenciales. Se trata de obras que apelan al género del retrato (desde una óptica muy contemporánea, claro está) para hablarnos de individuos enajenados, sufridos, seres que han perdido la utopía, y cuyas miradas exhalan desasosiego, pesadumbre, un desgarramiento atroz. En algunos cuadros como “Aterrizaje forzoso” o “Vuela, Habana mía”, se alude al viaje en tanto castración, en tanto imposibilidad que anula ilusiones. Temas todos de una hondura antropológica y psicológica muy marcada. Lo cual es doblemente meritorio si tenemos en cuenta que estamos hablando de un creador autodidacta, de un joven de apenas 23 años que recién ha comenzado a insertarse en los complejos senderos de la Institución-Arte.


Píter Ortega Núñez / 2009