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…EMPÚJALO, QUE ES DE CARTÓN.
Amilkar Feria
 
…EMPÚJALO, QUE ES DE CARTÓN.

“Empújalo, que es de cartón”, reza una sentencia del refranero popular, cuando se quiere llamar la atención sobre aquello que carece de autenticidad. No obstante, en el sistema de licencias reversibles que el arte se toma como herramienta esencial de sus procesos y métodos creativos, este apotegma podría quedar completamente invalidado.

Así es como Wilber Aguilera pone en práctica la reconstrucción del mundo, a partir de una cosmogonía social que hibrida, sin contratiempos, diversos aspectos de la realidad perceptiva, que pueden ir desde una lectura socio política de su entorno, hasta el desmontaje y trascendencia de héroes provenientes de la animación infantil.
Suicidios, haraquiris, obediencias, edictos-tribunas, banderas y carros de combate, desfilan por su dossier ante la perplejidad de quienes descubren que una maqueta puede construir “realidades” más sólidas que sus fuentes originarias de inspiración.

Poco atrás en el tiempo, en su propensión a concebir y generar tridimensionalmente sus obras, ciertas mascarillas, copiadas de juguetes infantiles, se rearticulaban en función de diversas misiones expresivas, tales como ofrecer un mosaico de determinada cantidad de “Felipitos” (individuos X, anónimos), o apropiarse del angustioso y protagónico semblante de “El Grito” de Munch, empleando el mismo algoritmo reciclado de estas máscaras cosidas en barro.

Simultáneamente a esta etapa, aparecen en la creación artístico docente del creador videos que resuelven, con ingeniosa economía de recursos, cuestionamientos de contrastante asociación cinética. Estos ejercicios, signados por la sorpresa y el estupor, acompañan experimentalmente la misma línea discursiva de lo metafórico social, casi fabulesco, que remite con inmediatez a lo controversial, obviamente contestatario.

En la cuerda regresiva, en el tránsito que va de su formación media a la superior, ya se advierten los síntomas de una proyección aplastante y brutal, en la que denuncia, con tópicos de expresiva síntesis, aspectos de la desbalanceada “condición humana”: trozos de ladrillos y otros materiales constructivos, son habilidosamente ensamblados con brazos y cabezas de muñecas, de modo que el resultado aparenta ser tan congruente, que no queda más que tomarlos por verídicos.

Más atrás, en su natal Camagüey, queda la memoria de una infancia signada por carencias materiales, que el artista reconoce como la mecha de su detonante creativo. “Un artista nunca es pobre”, escuché decir cierta vez a un personaje del celuloide, acuñando con ello un criterio tan básico para cualquier mortal consagrado a la creación, como el del que es objeto de escrutinio en estas líneas. De esa necesidad, engrosada y retroalimentada, concienzuda y revitalizada, es de la que Wilber se adueña para atribuirle al mundo (al menos el que está a su alcance) aspectos de autenticidad muy diferentes y extraños de aquel otro que acostumbramos a concebir como completo e inalterable.

En su obra están materializadas sus ideas, modeladas en el cartón desde donde la refundación del individuo, lo humano y universal, pudieran apuntar hacia el futuro, incluso desde el cañón de un carro de combate.


Amilkar Feria Flores
Mayo de 2013