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Wilfredo Prieto
Wendy Navarro Fernández
 
Wilfredo Prieto

En medio de la expectación que supone la gran pasarela del arte contemporáneo (cada esperado “momento de éxito en la trayectoria de encumbrados artistas o del propio individuo”), Wilfredo Prieto presenta -.como segunda muestra personal en la Galería Nogueras Blanchard-, una larga alfombra roja extendida en línea recta a lo largo de todo el espacio. Sobre el inmaculado blanco recibimos el impacto de la gran franja roja, que en uno de sus extremos se levanta sutilmente, incitando a descubrir lo que hay debajo.

Una obra que se abre sorpresivamente al espectador desde su propia contradicción, desde el conjunto de ambivalencias y ambigüedades que genera. ¿Cómo reaccionar ante el hecho frustrante o revelador de encontrar una larga alfombra en medio de una galería? ¿Ante el intento de encontrar arte el arte allí donde no se ve?

Una vez más el impacto visual de las piezas es un camino hacia la activación de los sentidos del espectador. Aportando uno de sus mejores gestos de “minimalista perverso”, el artista nos sitúa frente a uno de los momentos en que mejor ha sabido abordar las propias contradicciones y preocupaciones que han ido dando lugar a su obra. Enmarcada en la línea de poéticas de lo impredecible (1), Alfombra roja reafirma esa especial vocación del autor por “la obra de camuflaje, la obra encontrada”, como único detonante posible para su audaz (e irrefrenable) indagación en el sentido del arte y de la propia vida.

Si bien su trabajo se inscribe dentro de una línea afín a cierta parte del hacer contemporáneo presente en las nuevas generaciones de artistas cubanos, que tienden hacia prácticas postminimalistas manteniendo la intención crítica, Wilfredo Prieto afianza, cada vez más, esa gestualidad que ha sabido desarrollar “sin antecedentes biográficos”, diferenciada de la propia sensibilidad visual de artistas como Félix González Torres, Gabriel Orozco, Wim Delvoye o Jeff Koons, entre otros, con los que ha sido relacionada su obra.

Con movimientos mínimos, sencillos, con los que jerarquiza o evidencia el contenido de los objetos (especie de “minimalismo simbólico”)(2), a la habitual “escenificación de la inutilidad”, presente en obras anteriores como Mucho ruido y pocas nueces (2003); Grasa, jabón y plátano (2006) o Masa boba (2007) (una masa de pan enorme e inerte ocupando inútilmente todo el suelo de la galería), añade aquí la irónica escenificación de la propia situación del arte, de la cultura y las industrias del entretenimiento que inundan la vida del individuo, como recurso simbólico que se refiere también al poder, a la economía y la política, englobados, en definitiva, dentro de la amenazante “crudeza manipuladora del presente” (3).

Como señalaba recientemente Rosa Olivares: “si el arte no se define ya por el objeto artístico, el producto final de todo el proceso creativo, sino por las ideas que lo generan, entonces ya no hay límites: todo puede ser arte y, por lo tanto, nada sería arte”. Tal vez sea esa sensación de falta absoluta de certezas, como posible punto de partida para reconducir una situación que se nos escapa de las manos (4), el detonante fundamental en el emplazamiento de obras basadas en las proyecciones de su propio espacio conflictivo, que “terminan siendo contradicciones en sí mismas”. Inquietantes paradojas, aparentes contrasentidos a través de los que el artista logra activar la atención del espectador.

Hablar del vacío desde el lleno (Biblioteca blanca, 2004), de la esencia desde la apariencia, de la política desde lo Apolítico (2001), incidir en lo profundo desde lo banal, afianzar comentarios sobre “lo esperado y lo inesperado dentro de los espacios expositivos y el engranaje artístico actual”, es un modo indudable de remover los cimientos del mundo del arte y de lo social. Alfombra roja incluye una sátira al “espacio conflictivo del arte que reconoce su afirmación como espacio vital”, y sobre cómo propuestas subversivas y cuestionadotas terminan siendo asimiladas por la institución arte, en medio de polémicas disquisiciones sobre la entronización del museo como espectáculo.

De un modo que enlaza con la enorme hendidura provocada por el “último de los espectáculos museísticos” (la intervención de la artista colombiana Doris Salcedo sobre el suelo de la Sala de Turbinas de la Tate), la extensa franja roja de Wilfredo Prieto secciona, atraviesa de un lado al otro el espacio galerístico, develando pertinazmente los escombros, la suciedad, las grietas, las cicatrices que hay debajo: la catástrofe que ya ha tenido lugar. Ambos “quiebres minimalistas” ejercen un mecanismo profundamente crítico y seductor, manifestando la necesidad de alterar las convenciones históricas (5) (inversión de disposiciones y cartografías hegemónicas) a través del polémico pero efectivo emplazamiento de lo espectacular, del gancho sensacionalista.

Con esta alfombra roja, evocadora de las entregas de premios, presentaciones y contiendas electorales, hasta el fenómeno de las ferias de arte donde el lujo y la opulencia adornan lo que pareciera ser un “mundo perfecto”, Wilfredo Prieto consigue una de sus más rotundas y contundentes creaciones, demostrando “que el artista debe ser aquel que aporte algo nuevo, diferente, algo personal a lo ya creado, a lo ya dicho”. Desde su postura de “no intervención”, y más allá del polvo que se oculta bajo el inmaculado glamour, privilegia, en cualquier caso, la participación y la palabra del espectador, extendiendo una amplia alfombra para todos.

Por. Wendy Navarro Fernández

Notas
(1) Cfr. Héctor Antón Castillo, “Wilfredo Prieto”, en Artnexus, Nº 58, Vol.4, 2005. p.130.
(2) Wilfredo Prieto, “Me interesan las obras de lectura instantánea y digestión lenta”, en ABCD las Artes y las Letras, 820, semana del 20 al 26 de octubre de 2007.
(3) Cfr. Héctor Antón Castillo, “Del cinismo virtual y otras lindezas”, en http://salonkritik.net/, noviembre 14 de 2007.
(4) Rosa Olivares, “El artista”, en Exit Express. Revista de información y Debate sobre arte actual, noviembre de 2007, p.5.
(5) Héctor Antón Castillo, Ídem.

Publicado en: Artnexus, Nº68, Vol.7, marzo-mayo de 2008, pp.114-115.