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Fernando Pendás: un telón por descorrer.
Yamila Cruz
 
Fernando Pendás: un telón por descorrer.


El joven artista Fernando Pendás, graduado de la Academia Nacional de Bellas Artes de San Alejandro en la especialidad de pintura (entre otros estudios realizados), aborda las artes plásticas desde una postura conscientemente indagadora en las esencias de la espiritualidad humana. Preocupaciones ontológicas subyacen en las telas de este creador en las que el lenguaje abstracto no torna esotérico, generalmente, el discurso del artista. La simbología de los colores y la disposición de las figuras en el espacio delatan su dominio de las herramientas del diseño, y transparentan los sentidos “ocultos” de las piezas.


En otra vertiente de su trabajo, se apropia de los códigos cibernéticos para contraponerlos con una fuerte carga humanista representada por los sentidos como esencia del goce espiritual y de la condición humana. El contraste de significantes es generador de reflexiones acerca de problemáticas contemporáneas, las cuales trascienden la mera intromisión de la tecnología en la vida del hombre, para referirse a las fusiones reales que se producen entre una y otra. La contraposición primigenia se sustituye por una coexistencia armónica en los receptores más apáticos, lo cual torna aún más inquietante esta realidad ineludible.


Gran versatilidad en la utilización de los soportes demuestra también Fernando, destacándose en el medio digital, manifestación privilegiada por los noveles artistas cubanos debido al alcance y poder de convocatoria que tiene en nuestro contexto el Salón de Arte Digital, auspiciado por el Centro Pablo de la Torriente Brau desde el año 1999. Es precisamente en este evento donde ha obtenido este artista sus lauros más significativos, habiendo alcanzado mención en su V Edición por la serie Verdad y Atmósferas; mientras que en su VI Edición le fue otorgado el segundo puesto en la categoría de Audiovisual por Los siete pecados de la capital. En esta obra en particular, Fernando se apropia del sistema categorial católico preestablecido, y lo recontextualiza y resemantiza escarbando en su propio horizonte de expectativas. Su postura ante las circunstancias que denuncia no es en ningún caso moralizante, aunque tampoco conformista; sino que ha optado por la obra artística como vehículo generador de reflexiones, devolviéndole al arte una de sus funciones primigenias y a ratos olvidada.


La obra de Fernando, de manera general, pretende impactar al espectador, más que endulzar los sentidos. Aunque muy joven aún, cuenta con una visualidad muy personal caracterizada fundamentalmente por el uso simbólico de los colores, y la búsqueda de la experiencia estética mediante la indagación profunda en su propia experiencia vital.


Por Yamila Cruz González. Licenciada en Historia del Arte