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Estatuas y Fuentes principales de la Habana
Ramón Meza
 

Por: Ramón Meza
El Fígaro
, año XVII, septiembre de 1901, p.386-389


Estatua de Fernando VII

En el reinado de Fernando VII, el monarca absoluto y ominoso de la Metrópoli, fueron cedidas a Cuba medidas de grande liberalidad y que propendieron al desarrollo de su riqueza y cultura. En el año de 1817 celebrose el convenio entre España e Inglaterra para abolir el tráfico negrero y se decretó el desestanco del tabaco, quedando a disposición del Estado el edificio de la Factoría de Tabaco, luego Hospital de San Ambrosio, donde pensó establecer Dn José de la Luz y Caballero su Instituto cubano a semejanza del Instituto Asturiano, fundado por Jovellanos, variando después de idea, por no reunir este edificio las condiciones pedagógicas que él tenía proyectadas y que realizó en Carraguao y en El Salvador del Cerro.

En 1818 se dictó la orden que declaró libres los puertos de Cuba al comercio extranjero, la disposición más beneficiosa, según dijo Saco, que atravesó los mares a favor de la colonia.

Por estas y otras medidas análogas el pueblo de Cuba consagró a la memoria de Fernando VII la estatua que hoy se ve en la Plaza de Armas. Levantose en 1828 y es obra del escultor Sola.

Estatua de Carlos III

Carlos III fue el fundador en España de las Sociedades Económicas que tanto bien han hecho en el sentido de propagar los más sólidos cimientos de cultura. En Austria y otras naciones de Europa ya habían dado fruto estas sociedades en el sentido indicado. La Sociedad Económica de la Habana no se fundó hasta el 9 de enero de 1793, reinando Carlos IV; pero la idea de dichas instituciones es del anterior monarca.

La estatua que hoy se ve, dando nombre al paseo donde se alza, fue erigida el 4 de noviembre de 1803, bajo el mando del Marqués de Someruelos en el paseo extramuros, al cual dio amplitud este gobernador. Estuvo primero en el lugar donde hoy se halla la Fuente de la India. Manuel Zequeira y Arango tiene una Oda anacreóntica dedicada a la “descripción exacta de la general alegría y majestuoso modo con que se descubrió al público la excelente estatua del Sr. D. Carlos III erigida por el pueblo de la Habana a la memoria de tan benéfico rey y colocada en el centro de la primera plazuela del paseo extramuros”

Tradicionalmente viene atribuyéndose por el pueblo, y aún por los autores, esta escultura a Cánova. Es quizás la más artística figura que en el género poseemos. El manto aparece recogido en pliegues trabajados con soltura y gracia y toda la figura presenta gran esbeltez. No debemos desprendernos de ella: bien está donde se halla.

Estatua de Colón

El Ayuntamiento de la Habana hizo colocar en 9 de enero de 1862 una estatua de Cristóbal Colón, muy inferior en mérito a la de Fernando VII que adorna la Plaza de Armas; sobre no ser dicha estatua de las mejores, fue de las pocas levantadas en la monarquía española, por esa época, al grande y genial descubridor de la tierra americana.

En 6 de enero de 1870, por acontecimientos que se dirán, abandonó la estatua de Colón su pedestal del patio del Palacio de Gobierno y fue a ocupar el del Parque de Isabel II, frente al teatro de Tacón.

Proclamado rey de España Alfonso XII, volvió a su antiguo pedestal la estatua de Isabel II, saliendo del lugar donde, por los acontecimientos históricos, permaneció arrinconada y recogida; y la de Colón, puesta en su lugar, volvió a su primitivo pedestal o sea el del patio del Palacio de Gobierno, donde hoy se halla, casi oculta entre el follaje de arbustos y hojas coloreados, lo cual es muy vistoso; pero no deja de ser un atentado artístico.

Estatua de Isabel II

D. Felipe Font de Viela, Marqués de la Torre, comenzó en 1772 el paseo llamado Nuevo del Prado, al cual se le cambió el nombre, poniéndosele de Isabel II, bajo el mando del General Gerónimo Valdés. En él se colocó, en 1840, frente al teatro de Tacón, una pequeña estatua de bronce de Isabel II, con la bola del mundo en una mano, sobre la cabeza la corona real y en la otra mano el cetro. Esta figura era muy pequeña y de muy mal gusto. Según nuestras noticias debe hallarse hoy en la Quinta de los Molinos. Fue bajada de su pedestal en 1857, para colocar el 19 de noviembre del mismo año, la que después de reconstruido el Parque Central figuró en su lugar más céntrico y visible. Es obra del escultor Garbey.

En la madrugada del 6 de enero de 1869, la policía recibió orden de quitar, sin llamar la pública atención, la estatua de Isabel II colocada frente a Tacón, en el paseo de su nombre. En este pedestal se puso, como queda anotado, la de Colón, hasta que vueltos al trono los Borbones, volvieron a Isabel II y Cristóbal Colón a sus antiguos respectivos sitios, en 24 de enero de 1875.

Al rey abuelo Fernando VII, se le dejó tranquilamente en su puesto, en medio de la Plaza de Armas. Hoy la estatua de la reina Isabel II se halla, a mi juicio incultamente en los fosos o depósito de trastos viejos municipales.

Fuente de la India

En el parque de su nombre o sea en el paseo antiguo del Prado, construido en 1772, se levanta esta fuente que es sin duda la más hermosa de la Habana. Fue erigida en 1837, es de mármol y se construyó en Génova. También la regaló el Intendente D. Claudio Martínez Pinillos, Conde de Villanueva, a la ciudad de la Habana. El vaso de la fuente es una elipse de 18 varas en su eje mayor por 14 en su eje menor. La india que corona el soberbio pedestal por donde arrojan agua hermosos delfines a la taza, fue colocada primeramente con la cara vuelta hacia el este, pero la construcción de edificios próximos hicieron necesaria la colocación de la figura mirando a Occidente por haber más espacio despejado desde donde poder contemplarla.

Fuente de los Tres Leones

Hubo una antigua Fuente de los Tres Leones que trasladó el Conde de Santa Clara a la Alameda de Isabel II. Tenía por inscripción dos décimas, bastante malas, que terminaban así:

Y con expresión más rara
Perpetúa en esta fuente
El patriotismo eminente
Del Conde de Santa Clara.

Parece que esta fuente estuvo en el centro del Mercado de Cristina y que era la que se veía destrozada por los años 1836 a 1838, cerca del paredón del Convento de San Francisco. Con la de los Genios fue comenzada en tiempos del General Las Casas. Y el Conde de Santa Clara la trasladó a la Alameda. Allí fue inútil, pues no daba agua y convertía en lodazales el terreno bajo donde se hallaba emplazada.

El General Miguel Tacón la reparó y llevó al Paseo Militar que construyó desde el Campo de Marte hasta el Castillo del Príncipe; lugar donde hoy se ven restauradas estas antiguas fuentes.

En el juicio de residencia del General Tacón el Ayuntamiento le hizo el cargo de haber quitado a San Lázaro esta Fuente de los Tres Leones que daba agua a aquel barrio, pero el defensor de Tacón, José A. de Olañeta, arguyó que esta fuente era inútil para aquel objeto y que el público le llamaba por eso la Pila Seca.

Fuente de los Cuatro Leones

No debe confundirse la anterior fuente de los Tres Leones, con la otra magnífica de los Cuatro Leones que estuvo hasta hace poco en el Parque de Isabel la Católica, dando frente a la calle de Teniente Rey, y que hoy se halla ornando el parque de Trillo en el barrio de San Lázaro, parque que con justicia debiera llamarse de Aramburu que fue el fundador de la Obrapía de su nombre y quien dio vida al barrio de Pueblo Nuevo.

Su inscripción que dice: “Por el Conde de Villanueva, año de 1836” indica que fue soberbio regalo del ilustrado Intendente al pueblo de la Habana.

Fuente de Neptuno

El Marqués de Santa Clara, concluyó una estatua de Neptuno ideada en tiempo del General Luís de Las Casas. Llamósele en una época de Neptunito, para diferenciarla de la otra magnífica que hoy se ve en el Parque de la Punta y que fue regalo del Capitán General Miguel Tacón al Comercio de la Habana, según reza su inscripción.

Todo lo que de raquítica y deficiente tiene la primera, que estuvo situada en una época en la orilla del Puerto frente a la Capitanía, en el espigón de piedra de forma octogonal que hoy allí se ve, lo tiene la otra de soberbia y esbelta.

El Dios de las Aguas aparece apoyado en su tridente, con los hombros a medio cubrir por su manto, en actitud pensativa, mirando hacia el estrecho canal del Puerto, sobre un magnífico pedestal levantado hoy en el parque circular de la Punta.

¡Cuántos sucesos no ha presenciado allí, desde que abandonó su antiguo pedestal en el Paseo de Isabel II, frente a la calle Neptuno, a la cual dio nombre!

Estatua de Albear

El insigne arquitecto que dotó a la Habana del magnífico acueducto haciendo notables obras de ingeniería e hidráulica en Vento; obtuvo una estatua levantada por el Ayuntamiento de la Habana en mayo de 1895, en la Plazuela de Monserrate, llamada así por la antigua ermita de ese nombre construida en 1675, y trasladada por orden del General Tacón en 1836, al lugar donde hoy se halla en la calle de Galiano. Se mandó quitar de aquel lugar porque obstruía el paso de volantas, quitrines y carros que en gran número se dirigían a la Puerta de la Muralla, y poder dar mayor amplitud a la calle.

De Albear son los magníficos puentes de piedra sobre los ríos Luyanó, Puentes Grandes y San Juan, entre otras construcciones públicas de mérito.

La obra se encargó al escultor Vilalta Saavedra, al cual también fueron encargados el monumento de los estudiantes fusilados en 1871, que se alza en el Cementerio de Colón; las colosales figuras de la Fe, Esperanza y Caridad, que se colocarán sobre la monumental portada de dicho cementerio y los magníficos bajo relieves de la Crucifixión y la Resurrección de Lázaro para la misma portada.

Este monumento se halla muy mal emplazado. La figura que representa a la Habana está casi hundida junto con el basamento del pedestal, en una verja de hierro de corto vuelo y del mismo mal gusto que ha presidido la disposición de algunos chorrillos mezquinos dedicados a quien tan gran caudal de agua trajo a la ciudad. En otro sitio luciría mucho más este buen monumento.

Obras análogas

Otras fuentes, obeliscos y estatuas existen en la Habana, esto es, en la ciudad viva, que sobre la ciudad muerta no reza este artículo; pero, por su mérito artístico, son las citadas las mejores. Por su carácter histórico puede citarse la estatua que representa la ciudad de la Habana, levantada sobre el torreón del Castillo de la Fuerza, donde con toques de campana se indicaban las horas y con banderas se repetían las señales del Morro.

De carácter histórico también es el obelisco que se alza tras el busto de Colón, ante el Templete de la Plaza de Armas que señala el lugar donde se dijo la primera misa. En 1753 el Gobernador Cagigal de la Vega mandó derribar la Ceiba primitiva y construir un pilar. En 1756 se levantó un obelisco en el mismo lugar. Y en 1828 se erigió el actual Templete, una vara más hacia el este.

La columna triunfal que figura en la antigua Alameda de Paula y que durante el mando del General Leopoldo O´Donell de 1843 a 1848, se transformó en el Salón que lleva su apellido. Es de escaso mérito. Tiene alrededor de su columna, en relieve, cañones, banderas, tambores y otros atributos militares. En lo alto, sobre el capitel había un león de mármol que sostenía el escudo de la Habana al cual cayó un rayo poco después de colocado en aquel lugar.

Y puede citarse el obelisco levantado a Velasco, el heroico defensor del Morro de la Habana, en el muro oeste de la fortaleza de la Cabaña.