hemeroteca 
  textos críticos

Buscar  
 

 
Perder el entusiasmo por la escritura luego de haber escrito.
Elvia Rosa Castro
 
Advertencia: Tal vez lo que lean a continuación esté pleno de vacuidades, aunque se hayan escogido las palabras supuestamente exactas.

¿Verdad? Estos son los cinco judíos que más han influido en la forma de ver el mundo y sus cambios:

Moisés dijo: «la Ley es TODO...»
Jesús dijo: «el Amor es TODO...»
Marx dijo: «el Capital es TODO...»
Freud dijo: «el Sexo es TODO...»

Después vino Einstein e hizo mierda las teorías cuando dijo: «TODO es relativo.»

La obra de Jorge Wellesley es susceptible de un paneo múltiple. Si nos referimos a la relación arte-diseño, sus obras serían de referencia obligada; si hablamos de comunión imagen-texto en la obra de arte, de igual modo estaríamos presionados por su rotundez. Y si realizamos esos ajustes de cuentas generacionales o simplemente diagnosticamos una etapa, su nombre ganaría la atención del especialista o crítico en nuestro caso.
Tratar —aunque un día sea necesario hacerlo— de emparentarlo con el conceptualismo más ortodoxo o con el arte neoconcreto sería casi un lugar demasiado común. Por ello, comenzar por El origen de la tragedia me parece un pretexto más fruitivo por menos evidente.
Estoy casi segura de que para Nietzsche la tragedia era una ilustrada excusa para revelar la crisis del pensamiento occidental y sus modos de representación, o ella misma. Toda crítica al canon apolíneo se convierte, ipso facto, en una crítica al mismísimo tema de la representación, al binarismo, a la desconexión con la realidad, a ese desorden vía lenguaje que en el siglo XIX un científico llamaría afasia, término que sería luego retomado por el positivismo lógico.
Se trata de un caos siempre sublimado y en consecuencia oculto, pues no nos damos cuenta de tal disyunción…, por suerte.
Algunos pensadores, entre ellos el cubano Alexis Jardines, ubican esta crisis en el justo origen de la conciencia del yo, o en la escisión de este. Desde el momento en que el yo deja de ser la realidad para convertirse en una parte de ella (objetivo/subjetivo), y además comienza a designarla de manera arbitraria o convencional, aparece lo que Jorge llama abstracción, y yo, androginia o manifestación tropológica.
Las mismas preocupaciones de Nietzsche, las de Jardines y las de otros teóricos, sobre todo del siglo XIX, son las que Jorge nos trae a nivel visual. También es un tópico que se da en otros jóvenes artistas, digamos, de la misma promoción de Wellesley. Tales son los casos de Hander Lara, Irving Vera y Yornel Martínez, por citar solo tres ejemplos.
Enmanuel Kant posee acaso una respuesta para estas disquisiciones. Según él, el sujeto es dueño de una situación patrimonial o de un conocimiento heredado sobre cierto objeto o realidad, y esa herencia entra en contradicción momentánea con los nuevos conocimientos adquiridos sobre el mismo objeto, de ahí que el concepto sea un ente en proceso y no estático. En ese punto aparecen el caos, la ruptura, el desorden, y luego todo vuelve aparentemente a la normalidad. No olvidemos aquella sabiduría lezamiana: «definir es cenizar».
Pero si en otros jóvenes las poéticas emergen de una ascendencia directa que puede ser la literatura, Wiggenstein, o del budismo zen fundamentalmente, en Wellesley esta preocupación proviene de una zona eminentemente autobiográfica: de la repetición de palabras, del olvido de otras y, a su vez, del darse cuenta de que esa indiferencia para con un término está en el propio vacío que este porta, en su insignificancia y en su reducción a pura grafía, a puro trazo.
Luego vendrían las lecturas básicamente imprescindibles —Wiggenstein y sus fantasmas—, mucha filosofía, pero sus obras no apelan al suplemento verbal, como sí sucede en las de muchos artistas, sino que la palabra, la grafía, constituya la obra, como en los neones de Bruce Nauman (One hundred live and die, 1984), o el vídeo de Luis Gómez Los hombres que nunca existieron. Y esta operatoria, en sí, exige ya una hermandad con el diseño, incluso aunque no se trate de un propósito expedito, que no es el caso de Wellesley, quien sí apela a la frialdad y los recursos formales que aquel le brinda para acentuar aún más la disyunción. Esta promiscuidad disciplinar, que se da sobre todo en TRUTH realidad y lenguaje, también y por supuesto contiene un look muy superpop que lo acerca a Socialismo o Muerte, el slogan sobre lienzo del matancero José Hidalgo.
(…)
Elvia Rosa Castro