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Vincench: Hay cosas que te puedo decir
Rafael Grillo
 

A propósito de Lo que te puedo decir con el expresionismo abstracto, que José Angel Vincench Barrera exponía en junio de 2007 dentro de la colectiva Espacios Multiplicados (Centro de Desarrollo de las Artes Visuales-CDAV), le pregunté al autor hacia dónde apuntaba con esa pieza. Y él me respondió con un slogan enigmático: “Hay cosas que te puedo decir. Otras no”.
En un primer momento pensé que Vincench tan sólo intentaba defender nuevamente el sesgo intraducible y polisémico del arte. Ahora, unos meses después, cuando esa obra suya se me revela como parte de una serie titulada Lo que te puedo decir —expuesta en la Galería 23 y 12 entre el 17 de noviembre y el 1 de diciembre—,  comprendo del todo que él estaba buscando provocar con una estrategia metadiscursiva de mayor alcance.

Si se adhieren los espectadores sólo a los pies de las obras que componen esa exposición: “Lo que te puedo decir con Ad Reinhardt”, “Lo que te puedo decir con Chuck Close”, “Lo que te puedo decir con Lucio Fontana”, “Lo que te puedo decir con Rachel Whiteread”, “Lo que te puedo decir del expresionismo abstracto”, y lo mismo con otras menciones de escuelas y figuras relevantes del arte contemporáneo, les parecerá que Vincench está exorcizando influencias.

Si además saben que Reinhardt fue el de las llamadas “pinturas negras”, que cuestionaban lo absoluto del color; y ven que Vincench colocó bajo ese apelativo tres cuadrados oscuros de distintos tamaños; si conocen que Close fue un magnificador del retrato fotorrealista, y en la obra del cubano es una cara enorme lo que emerge en la composición; o han oído del Manifiesto Blanco de Fontana, una propuesta de ruptura con el detalle figurativo para un nuevo arte, y observan que José Ángel lo representa con la silueta de un rostro en rojo; de igual modo, pueden quedarse con la impresión de que Vincench se ha dedicado a hacer homenajes.

Pero esto es sólo una verdad a medias, porque el trazo grande de su intención está en ese “lo que te puedo decir” que unifica la exposición toda. Con esta declaración el artista relativiza un canon, lo cuestiona y reconstruye el suyo. Revoca los patrones pictóricos nacionales e instaura un orden propio.

Encima, con la impronta que estructura sus composiciones, desliza su singularidad, y pone en solfa abstracciones y minimalismos con un toque donde “lo aparente no es”. Donde las partes sólo pueden entenderse como parte de un todo que exige una mirada más distanciada y atenta. Pero, sobre todo, esta reflexión:

¿Acaso “lo que te puedo decir”, no está dando por hecho que hay mucho que no te digo? Atiendan a estos títulos de otras de las exposiciones más conocidas de Vincench: Acerca de lo privado y lo publico (CDAV, 1997),  Hacer de lo privado lo publico (Centro Wifredo Lam, 1998), Ni es lo mismo ni es igual (Galería Habana, 2000) o Una imagen vale más que mil palabras (casa del artista en La Habana, 2005).

Es obvio, entonces, que Vincench es un obsesionado con las fronteras que demarcan lo trasmitido y validado, de las zonas de silencio que existen, de los ocultamientos y manipulaciones del sentido. De una manera personal, a lo que aspira con su obra es a que el arte no quede circunscrito dentro de sus límites expresivos y salga al ruedo, para hacer saltar la realidad completa.