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Li en Orígenes
Virginia Alberdi
 


Este sofocante septiembre ha sido el espacio temporal en que se ha concretado la revelación de la más reciente obra de un joven creador que desde sus primeras manifestaciones anunció que sería una presencia sostenida en la expresión de las artes visuales cubanas. En esta ocasión, Li Domínguez Fong, en Relieve del Asombro, experimenta con las obras presentadas, pruebas fehacientes de la constante búsqueda, de su empeño tenaz por expresarse. La pintura y la instalación han sido propiciatorias de sus empeños creativos al permitirle armar historias, plasmar inquietudes, sugerir situaciones.

Con la presencia de El gran archipiélago, obra de gran formato, ejecutada en técnica mixta sobre tela, se permite poblar la geografía cubana con un especial andamiaje, surcarla con carreteras sinuosas y figuras humanas que la habitan, en un deambular que se adivina constante y fortuito. En el conjunto de obras bidimensionales presentadas en la muestra, ejecutadas en el presente año, las masas líquidas son elementos incluidos en sus composiciones, “la obsesión del agua por todas partes”, que una y otra vez aflora en el arte y la literatura insular. Las aguas mansas, las aguas rebeldes, en sepias, grises y hasta en las tonalidades rojizas de El recuerdo que nos persigue.

Formas caprichosas y variadas, en la instalación integrada por elementos ejecutados con relieves, en los que esa bien situada escalera conduce e hilvana este espacio-pupitre, o silla escolar. Se aprecia una poética muy personal, de evocación, y una vez más, el artista demuestra su dominio técnico en una obra que subraya sus posibilidades creativas.

Así, este conjunto de obras, compuesto por una serie de pinturas sobre lienzo y dos instalaciones, presentan el proceso continuo de transformación que experimenta el ser humano tanto en su interior como en el espacio físico que ocupa, la relación entre el individuo y los elementos que le rodean no se limita a la mera presentación, sino que se hay un cuestionamiento de esa realidad aparente, situada en el límite de la ensoñación. Seductora y enigmática.

En los componentes de esta muestra se adivina una intención lúdicra que permite transgredir los límites, Sin aparente conexión con las restantes obras expuestas, Mi bandera, emplea un recipiente que permite visualizar aves y peces al unísono.


Virginia Alberdi
septiembre/2009