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VÁMONOS DE VIAJE CON CHOCO
Raimundo Respall
 
VÁMONOS DE VIAJE CON CHOCO

En todos los tiempos, la reacción más común de cualquier espectador ante una obra de arte es la de preguntarse qué quiso expresar su creador. De esa primitiva costumbre tal vez, los primeros críticos, pioneros de la alquimia, de la indagación en los misterios de la merite y su reflejo en los símbolos.

De eras perdidas en la noche de la historia, nos viene el empeño por ejercer oficio de inquisidor frente a cada acontecimiento. Desde entonces, el ser humano se volvió juez de sus propias criaturas, preocupado en encontrar la clave de sus grandezas o la razón de miserias.

¿Cuántas veces, ante una imagen salida de las manos de Choco, nos hemos repetido las mismas preguntas? ¿Por qué esa simbiosis de colores y texturas nos atrapa? ¿Cómo hace para que esas siluetas despierten nuestros sentidos? ¿Qué pretende decirnos? Y casi siempre, la fantasía, don de la inocencia, brinda soluciones y respuestas acorde a nuestra perspectiva, muchas veces, bien distinta a la del creador.

Conversando sobre este tema, Choco dijo que le resultaba curioso que a nadie se le hubiese ocurrido preguntarse qué quiere decir el pájaro cantor: se disfruta con su trino, o sencillamente se le ignora; pero ni los biólogos más eruditos han logrado descifrar su melodía. Las aves tienen cantos premonitorios que anuncian la llegada del alba o de un enemigo cantos de amor y desconsuelo, de hambre y satisfacción... al menos así han clasificado sus gorjeos, algunos científicos muy avanzados en las artes de soñar y pensar como las aves. Pero lo único verdaderamente cierto es que ellas cantan para vivir. Su melodía es el latido de un alma que se resiste a quedar postergada.

Por eso, bástenos el comprender que Choco late desde el impenetrable y placentero reino de sus imágenes, que se entrega a él con la esperanza de salvarse de las sombras del olvido... Vamos a compartir con él este viaje sin equipajes ni compromisos, como si se tratara de una suerte de travesía hacia el lado izquierdo de su pecho, desde donde emana su arte.

Raimundo Respall.