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Aylet Ojeda Jequin
 
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Toda experiencia estética presupone un acto de expresión de la necesidad humana de exteriorizar lo que el individuo lleva dentro, mientras lo cognoscitivo y la acción en sí están muy vinculados a los medios de producción que operan como soportes comunicativos. El arte, en sus más variadas formas de representación, refleja su propia memoria, ligada a la historia del arte en general y a la historia individual de los artistas.

Una vertiente del arte de nuestro tiempo se caracteriza por el carácter antropológico de sus artefactos, de acuerdo con la situación histórico-geográfica que precede a su producción. Muchos artistas plásticos basan su creación en esencias nacionales conectadas con el lado natural de la gente. Esto sucede en el arte contemporáneo cubano, donde no pocos autores se inspiran en el contexto socio-económico-político para comunicar inquietudes que atañen a todos. En otras ocasiones, la ambivalencia de las obras representa una señal de resistencia del creador hacia la realidad que lo rodea y formaliza la hostilidad de un arte que no quiere implicar mucha información. De cualquier manera estos son resultados esperados, derivados de una memoria cultural que se estratifica y amplía dentro de la experiencia social; resultados que documentan un cuerpo de formas válido para la memoria futura que es, en definitiva, la motivación final del arte.

I. La lengua y la punta de la espada.


Esterio Segura Mora (Santiago de Cuba, 1970) se encuentra entre los artistas cubanos comunicadores de nuestro contexto. No solo revaloriza, de manera personal, fragmentos de la historia de Cuba; también se apropia de ella para parodiar la trama que vivimos. Segura comienza su formación en la Escuela Elemental de Camagüey en 1983 y luego en la Escuela Profesional de la misma provincia. En este período realiza dos exposiciones personales de dibujo: en 1986 en la escuela Profesional y en 1987 una itinerante por varios centros de Camagüey. Obtiene el premio de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba radicado en la provincia en 1988 y en 1989 ingresa en el Instituto Superior de Arte (ISA) para continuar sus estudios de artes plásticas.

La exposición personal de Esculturas de Esterio Segura, desplegada en la Galería 23 y 12 en 1992 cuando aún era estudiante de tercer año del ISA, ya evidencia el buen oficio de sus esculturas con obras como Martí y el dragón, La diestra, Santo de paseo por el trópico, América hermosa, Natividad y Cordero sagrado. El discurso de Esterio lidiaba con la realidad nacional de manera ocurrente, apropiándose de la iconografía religiosa para desvelar aspectos de la historia de la Isla. Explícito en su obra está el kitsch como fenómeno presente en el gusto popular de la época, encarnado en las imágenes y los soportes recurridos por el artista. En el espacio de la galería podíamos disfrutar de la parodia de la muerte de San Sebastián en el Santo de paseo por el trópico , en el que comenta el tema de la conquista y la colonización, poniendo de manifiesto el rastro de la dominación y el encuentro entre culturas a través de un juego intelectualizado de gran impresión visual dada por la dimensión de la pieza y por el dramatismo de toda la composición. Las esculturas de Esterio se caracterizan por un acabado exquisito del yeso policromado con texturas que provocan al tacto, perneadas de una fuerte carga emotiva debido a que recrea aspectos de la historia nacional tomando como referente visual la imaginería barroca. En La diestra , obra que se impone por su potencia discursiva, nos representa la mano en sobreescala aludiendo a una fuerza sobrenatural que posee al pico y la centella definidos por el artista como trabajo y naturaleza, elementos que se contraponen y autentifican la existencia de la fe mágico-religiosa.

Esterio no sólo se destaca por las apropiaciones de símbolos místicos sino por su capacidad de mixturar los temas con iconografía proveniente del Este socialista, creando una “tríada semántica” personal. La pieza Buen hijo en carro de victoria es muestra de esta conjunción –Cristo aparece sobre un tanque de guerra con el pecho atravesado por tres hoces- donde el creador nos evidencia una imagen que decodifica y reconstruye la colisión ideológica de diferentes orígenes que existe en la Isla, para demostrar así la concurrencia de lo material y lo espiritual. Esta visión la hallamos también en la serie Mulata mirándose al espejo, en la que el artista representa una escena de sexo entre Carlos Marx y la Caridad del Cobre para parodiar el encuentro de pensamientos filosóficos y teológicos que confluyen en el ambiente político-cultural de Cuba, haciendo uso del erotismo como medio para alcanzar un fin.

En 1992 recibe mención en el Salón Nacional de Escultura de Pequeño Formato con las obras América hermosa y Martí y el dragón, ambas pertenecientes a la serie de los retablos. Esterio reinterpreta la historia a través de simulaciones contextuales; se permite codificar la realidad basándose en un ambiente simbólico que reajusta el fenómeno tratado y lo hace susceptible para el espectador. Es esta una característica interesante dentro de su quehacer. Al decir de Gerardo Mosquera, Segura es como un “imaginero que introduce desde dentro elementos populares en el lenguaje culto” propiciando, a la vez, que el público receptor sea más diverso, pues la semiótica utilizada por él es accesible a cualquier individuo con sensibilidad y buen tino.

El tránsito de los 80 a los 90 se hizo lento para el arte cubano principalmente por la crisis económica que enfrentaba el país y por la desesperanza y anónimas decepciones que se provocaron después del juego de pelota de los artistas plásticos en 1989. El fenómeno llamado posteriormente “promoción de los 90” fue real y se valoró como tal en la exposición Las metáforas del templo en febrero de 1993. Esterio Segura y Carlos Garaicoa, curadores de la muestra, propusieron la metáfora como génesis de inspiración para los artistas participantes, en su mayoría estudiantes de segundo y tercer años del ISA. Segura, quien ya demostraba la profundidad conceptual de su obra, experimentó la opción de curar una exhibición considerada entre las más importantes de la década, por sustentar la aparición de nuevos discursos y lecturas formulados por la generación que se instruía en la escuela de arte.

II. El colibrí libando la memoria y los habanos libres.


La preocupación antropológica se torna una variable constante en la obra de Esterio. La realidad del hombre, sus mecanismos de resistencia hacia los elementos adversos que se le presentan en su tránsito por la vida, y la propia existencia humana, son puntos neurálgicos que explota el artista y en los cuales se basa para sustentar su dinámica discursiva.

En 1996 realiza la exposición Colibrí libando la memoria. Pinturas y dibujos de Esterio Segura , donde se relacionan las obras con el tema de la memoria que incide sobre la existencia del hombre. Esta vez contextualiza la historia con hechos que acechan y se vuelven estereotipos que atormentan. Cada pieza reajusta la posición del tema histórico, y valiéndose de la paradoja incorpora al hombre como ente angustiado por los códigos y valores que le propicia el aprendizaje.

En estos dibujos nos habla de la simulación, trocando lo femenino en masculino y viceversa. Esterio nos lleva a extremos donde lo “muy macho” puede ser afeminado, y plantea la noción de travestismo en un orden profundamente conceptual, induciéndonos a replantearnos, a partir de comportamientos, la teoría de los géneros. Esta idea la representa explícitamente a partir de hacer interactuar en los dibujos elementos corpóreos del hombre y la mujer en un mismo ser, creando un personaje híbrido.

En obras como Colibrí libando la memoria y La inmovilidad, la médula espinal y colibrí libando volcanes , se siente la probabilidad múltiple de la orientación del ser humano y la crítica hacia los centros de poder que pueden llegar a borrar del todo la memoria del hombre, incluso inmovilizarlo a medio desarrollo y convertirlo en un ente vegetativo. La profundidad discursiva de este artista se hace más que evidente y la búsqueda se torna más abarcadora. No sólo pone de manifiesto las estructuras sociales, sino que se preocupa en divulgar la incidencia que provocan en el sujeto, así como los estigmas que van quedando con el paso de la historia.

Esta incesante preocupación antropológica lo lleva a realizar en 1997 la exposición Habanos libres y yo . Por primera vez se exhibe la fascinación del artista por “el misterio de la locura”. Esta serie está compuesta por proyectos dibujados y documentación fotográfica como soporte incorporado, que sirven de base para esculturas futuras. Los locos de Esterio no presentan cualquier patología definida por los médicos: son personas a las que el peso de la memoria los ha llevado a circunstancias extremas, y lo más interesante en ellas es que conservan la autonomía a pesar de su demencia. Cada uno se quedó paralizado en un peldaño de su existencia y cada atributo que poseen encarna ese período de vida en que se quedaron ensimismados. Los dibujos llevan incluidos textos donde el artista narra pasajes de la historia de estos individuos, que justifican sus acciones y el aspecto físico.

Estos habanos coleccionan mariposas, recogen cabitos de cigarros y monedas, se proclaman generales y reinas, se desdoblan en el escenario recreado por sus mentes. Son la representación viva de la locura ligada al absurdo que conforma la memoria. El autor propone otra interpretación de la historia, lo que evidencia que va investigando sus diferentes estratos y sus disímiles facetas.

III. Espacio ocupado por un sueño.


La próxima serie de Segura, Espacio ocupado por un sueño , inicia una nueva inquietud que se deriva de un tanteo investigativo: el tema de la comunicación como apoyatura para las relaciones interpersonales. En estas obras el artista habla de la dificultad de expresión, de la falta de intercambio, de lo difícil de la convivencia por la represión de sentimientos e ideas y de lo angustioso del encerramiento espiritual.

En la VII Bienal de La Habana del 2000, quien entraba en el espacio del Morro no podía dejar de admirar la impresionante instalación Espacio ocupado por un sueño que representaba a un hombre acostado sobre montones de revistas y periódicos antiguos soñando con los avatares del ser humano mientras se elevan sobre él filas de máquinas de escribir en desuso. La composición es una elegía a esa necesidad del individuo de emitir criterios. El ambiente era sobrecogedor, muchos casi creíamos que alguien dormía dentro de aquel recinto escultórico. Una vez más, Esterio nos envolvía con su enigmática manera de decir.

Los símbolos de esa serie se sintetizan en la reiteración de elementos tales como la jaula, los aviones, el altavoz, los teléfonos, las máquinas de escribir, entre otros. El artista los recrea y produce artefactos que evocan la imposibilidad de la comunicación y de la realización espiritual y material del sujeto; problemas que transgreden una lectura localizada en nuestro contexto para hacerse universal.

Las últimas obras de su producción nos presentan la nueva tónica que comprende al cuerpo, los sueños y la posibilidad del vuelo como metáforas que evocan la necesidad de romper con los límites para lograr la realización personal. También sugieren que la capacidad de viajar por la vida con el rumbo que sea es una acción determinada por el individuo. Para lograr este efecto se vale de símbolos como las alas, aviones, trenes, barcos y puentes, elementos que nos ayudan a traspasar caminos, a descubrir nuevos trayectos, a discernir nuestro objetivo en la vida a través del obligado viaje por ella.

La mente hace puentes hacia todas partes, Buscador de orillas o El derecho a o decir lo que pienso , son piezas que nos ofrecen la poética de una realidad convertida en utopía para el hombre contemporáneo y es la realización como ente autónomo y con derecho a vivir sin esquemas estereotipados por una sociedad cuyo peso incide sobre él. Esta nueva creación nos revela la madurez del artista que va reciclando su obra en busca de respuestas a nuevas interrogantes. Tras conocer a los habanos libres , Esterio comprende que no hay que recurrir a la locura para liberarse de prejuicios y vivir sin límites.


IV. ¿Ecléctico?


Esterio es un artista ecléctico, así se autodenomina él y quien traduce sus códigos también lo aprecia, pues compone sus obras con elementos identificables visualmente y provova que cada serie nos conduzca a la otra a través de parábolas semánticas que propician la inmersión en sus diferentes derroteros discursivos. Las líneas de demarcación entre lo nuevo y lo viejo no existen porque este autor lo recicla todo, lo trastoca para sustentar nuevas reflexiones alrededor de su creación. La iconografía religiosa, el kitsch, las imágenes del Este socialista, el hombre híbrido, la historia y la memoria, son piezas en un juego de ajedrez que el artista toma como apoyatura para reconstruir realidades otras y legitimar el mestizaje dentro de la obra –elemento que demuestra un fuerte sentimiento de pertenencia e identidad ya que pertenecemos a una sociedad caracterizada por la mezcla cultural.

Esterio Segura es una de estas personalidades inquietas que permite que el espíritu conteste asfixiando el silencio que corroe el alma y calmando la angustia que se eleva del grito. Su obra se legitima en tanto expresa la preocupación por la realidad y el destino del hombre, además de erigirse como gigante que pisa fuerte.



Por: Aylet Ojeda Jequín

Publicado en: Artecubano, Nº 2-3, 2003.