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Sosabravo
Gerardo Mosquera
 
La figuración de Sosabravo, tan personal y llena de posibilidades, tiene su origen en morfologías de una parte del mundo orgánico que sólo últimamente se han tomado como motivo para fines estrictamente estéticos.
El se inspira en la flora interior y primitiva, en la humilde vegetación de los rincones húmedos: hongos, plantas acuáticas, flores inadvertidas. Igualmente en el reino animal: protozoos, moluscos, insectos, batracios. Es el universo de la laguna como intituló a una serie de litografías. Peor la mezcla, aparentemente contradictoria, de estos elementos con formas mecánicas y de gusto pop expresada hasta en algunos títulos: Flor ferretera, Primavera electrónica en la que consigue el extraordinario poder de sugerencia de obras como la gran serie de los Aparatos. Otras veces alcanza una fuerte expresividad mediante la incorporación heteróclita de clavos, tornillos y hasta cabillas, dentro de esa libertad técnica que siempre lo ha caracterizado.
Debe destacarse también el hecho de que su lenguaje, muy unitario y particular, posee sin embargo un amplio registro estilístico que va, desde un barroquismo por el movimiento y la yuxtaposición de componentes múltiples, hasta formas simples y sintéticas. En algunas obras ambos modos se contrapuntean, en uno de los efectos de contraste típicos de su modo de hacer. Hay que señalar, además, en la cerámica, donde indudablemente ha alcanzado los resultados más altos, su original laboreo de los espacios interiores perfectamente integrado, que enriquece las posibilidades expresivas de esta manifestación, sorprendiendo al espectador y obligándolo a meterse dentro de las piezas.
Pero la mayor importancia de la exposición de Sosabravo radica en que es un índice del desarrollo, que alcanza niveles internacionales, logrado después de la Revolución —y especialmente en la última década— por la cerámica y el grabado, dos antiguas cenicientas de la plástica cubana.
Gerardo Mosquera
Sosabravo.
Periódico Granma,
La Habana, 31 de marzo de 1978.