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El último eclipse
Silvia Llanes Torres
 
Amparado por la engañosa sombra del último eclipse Carlos Guzmán propone su última transformación; la metamorfosis del gusano a la mariposa. Si primero fue del hombre a la máquina, primitivo signo de poder, ínfimo además, pues su paso por el mundo está limitado y manipulado por los constructores de engranajes; la última mutación es, no ya del insignificante mortal al autómata, sino del artefacto al ancestro, al animal primero, al origen del mundo.

Probó en la piel de los pequeños saurios y en las poderosas alas del ave majestuosa, para culminar trasmutado en el animal originario: el padre de todas las leyendas, el poder del fuego que expulsa; del aire donde se mueve; del agua donde se sumerge; de la tierra donde se oculta para cobrar más fuerzas; el animal símbolo de los elementos, la alegoría del principio y el fin, del poder absoluto.

Transformación dolorosa, realizada al precio de cualquier sacrificio, a través de cualquier camino: incluso de un camino místico, como el de recluirse en el desierto, al calor, la sed, el hambre y las alucinaciones para convertirse, cambiarse en sus animales totémicos, sus alter ego: la salamandra y el águila. Pero no fue suficiente. Al poder de la tierra y el agua, del aire y las alas tenía que añadir el de la eternidad y el fuego. Grandes alas en espacios azules, boca ávida de calor y grito, redondas sensaciones de pesadez en los miembros incompletos que no alcanzan a elevarse, pequeñas máscaras que no esconden la necesidad de ascensión, todo un conjunto de impresiones que deben ser superadas.

La nueva mutación hombre-dragón, resume la serie de los caballeros águila y el viaje del hombre salamandra. El dolor es nuevamente tema de la serie, sentimiento explorado en creaciones anteriores: Oxígeno, Algunos cortes en la piel, El viaje del hombre salamandra; y la expresión del sufrimiento como método o purga para la limpieza del cuerpo y el espíritu, el gran dragón es también la pureza, el resultado de esa purificación, el paraíso de la conversión. Es el universo y el impulso, el sitio al que conducen todos los sacrificios, el premio supremo, cuerpo, lugar y paradigma, meta de todos los peregrinajes por los cuerpos de animales y máquinas.

Guzmán ha creado una nueva simbología para el dragón, mezcla del mítico dragón chino y aquel otro de las leyendas de la infancia, unión de todas las aspiraciones personales y os poderes que tradicionalmente se han atribuido a estos animales. El dragón representa la libertad, la longevidad, el poder, la fuerza y la invulnerabilidad; todos los anhelos que estuvieran latentes en la conjunción con sus totems.

Para expresar este nuevo universo donde el cuerpo del dragón es la tierra, el espacio, el soporte y sostén de la vida, recrea el collage recurso recurrente en sus trabajos, los delicados ensamblajes y la acumulación de texturas a partir de la propia pintura y la profusión de los dorados y los plateados, pigmentos que no ha abandonado desde sus series anteriores, matizados desde los cálidos sienas hasta los más intensos azules.

Para la necesidad de manifestarse en la seguridad y la vida, el hombre artefacto no es suficiente, porque persiste en mantenerse prisionero del cuerpo humano aunque sea trastocado en máquina. Una segunda metamorfosis es necesaria para superar el cuerpo humano, aún el perfeccionismo de este, el hombre máquina; hacia un ente nuevo, símbolo del poder y la libertad absolutos: el dragón y más, un dragón máquina.

El sujeto se desprende de su cuerpo cárcel; aún después de idealizado, produce el cambio final hasta sus más profundas consecuencias, e último trueque es absoluto, como absoluto ha sido el último eclipse, están fuera de todas las normas, un hombre-máquina alimenta y mantiene vivo al espíritu-dragón que puede volar eternamente.

Silvia Llanes Torres