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Arquitectura e interiores DECO en La Habana
Hablar del Art Deco como estilo es adentrarse en un conjunto de diferentes manifestaciones estéticas que se dieron cita en la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas de París en el año 1925. El término Art Deco nunca existió durante la vida del movimiento y sólo se usa por primera vez en 1966 en ocasión de la exposición retrospectiva celebrada en el Musée des Art Décoratifs de París: Les Annés 25.
El Art Deco no tuvo un conjunto de normas por las cuales guiar su interpretación. Fue un estilo producto de influencias tan diversas como el Art Nouveau, Cubismo, el Bauhaus, y busca inspiración en las más ricas culturas de la historia. Abarca un período entre las dos guerras mundiales ocurridas en el siglo XX, cuando las vanguardias y los movimientos artísticos, los talleres artesanales y las casas de diseño, los productos industriales, imponen un estilo decorativo que inundó todos los ámbitos de la vida cotidiana, desde una lámpara o un cubierto de mesa, hasta la edificación de un inmueble.
Los muebles, la escultura, la ropa, la joyería, el diseño gráfico, todos fueron influenciados por el estilo Art Deco. Era básicamente la modernización de muchos estilos y temas artísticos.
Es una época de maquinización e industrialización, de producción en gran escala que provoca intercambios comerciales mundiales y negocios internacionales a los que se imprime la velocidad del ferrocarril o la comodidad de los trasatlánticos que se fabrican. El automóvil descapotable y el aeroplano desafían los conceptos espaciales en que se había desenvuelto el hombre hasta entonces. En 1927 Charles Lindbergh logra atravesar el Atlántico sin escalas, consagrando el triunfo de la motorización. Surge la visión poética de la máquina, del mundo moderno y mecanizado.
El aumento de la producción conlleva al aumento del consumo y los grandes almacenes comerciales son decorados para atraer a los consumidores. Aparece la publicidad en un sentido más contemporáneo y el cartel y su diseño toman gran importancia.
El hombre de los veinte y los treinta es un dandy con bigote engomado y esmoquin, que se deja ver entre mujeres peinadas a lo garzón de sombreros encasquetados y ropas ligeras y cortas que muestran las piernas, liberadas como sus dueñas a una vida donde se empareja paulatinamente al desenvolvimiento social permitido al hombre. El vestuario se humaniza y se hace más funcional. En la agitada vida nocturna de los grandes centros mundiales proliferan las orquestas de Charleston y las Jazz Band.
Entre las características generales que identifican el Art Deco están el predominio de la geometría: la línea recta, el cubo, la esfera, los imprescindibles zigzag, líneas rectas horizontales y verticales, las líneas perpendiculares combinadas con circunferencias, hexágonos y octágonos. El sol representado con rayos luminosos y radiales, ondulaciones que representan el fluir del agua o las nubes congeladas que hacen abstracción de la naturaleza. Animales como gacelas, galgos o panteras, junto a algunas aves como la paloma y la garza, se utilizan para representar la velocidad. Las fuentes congeladas con formas ascendentes, así como hombres hercúleos, atlantes, obreros o mujeres estilizadas, seres humanos alados o representados en posturas; circulares, son formas de plasmar la impetuosidad del siglo, la conquista del espacio.
Esa época de entreguerras, los años veinte y treinta, la Belle Epoque, quedaron insertos en la historia del siglo XX y de la decoración como los años del Art Deco.
Es sin dudas el diseño gráfico la primera de las artes visuales de Cuba, en reflejar el nuevo estilo que se imponía en el mundo. Viajando en los modernísimos medios de comunicaciones, en revistas con anuncios comerciales, culturales o de modas, el nuevo modo de ilustrar, atractivo por su simplicidad de líneas y formas geométricas elegantes y simétricas, y una tipografía moderna, caló con rapidez entre los ilustradores cubanos. Portadas de revistas, ilustraciones, humorismo, y la necesaria publicidad comercial, fueron los pioneros en incorporar la estética Deco.
Revistas de larga vida y alcance muy diverso como Social y Carteles, dieron amplia difusión a una visualidad novedosa, estilizada y cargada de aires de renovación que se suspiraban desde todas las aristas de la sociedad cubana. La Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales celebrada en París en 1925, ampliamente difundida en Cuba a través de fotografías, grabados y dibujos que aparecieron publicados en la revista Social, fue el primer espolonazo que conquistó entre los arquitectos cubanos los primeros seguidores, y produjo, sobre todo en La Habana, las primeras construcciones del luego denominado Deco. La evolución del estilo moderno en Europa, y sus repercusiones en y desde los Estados Unidos, completaron el impulso a la nueva arquitectura en suelo cubano. El Art Deco se expandió por la isla, amén la aceptación del estilo, por el fin del boom económico asociado a la producción azucarera durante la Primera Guerra Mundial, que ya a fines de los 20 y principios de los treinta, hacían más adecuada la tendencia a reducir el ornamento aplicado y fue excluyendo las formas historicistas.

Joaquín E. Weiss para introducir la arquitectura cubana contemporánea, en el año 1947, comienza citando al arquitecto norteamericano Ralph T. Walker:
“Un estilo no se conoce por sus comienzos, sino por su decadencia, y recibe nombre no de sus creadores, sino de los historiadores...” y concluye con voz propia “No podemos pues, definir este estilo en proceso de formación, ni mucho menos trazarle normas”(1)
Cronológicamente, la época Art Deco coincidió en Cuba con el gobierno del dictador Gerardo Machado, que toma la presidencia el 20 de mayo de 1925. Este gobierno no empleó el estilo Deco en las construcciones de carácter oficial que promovió, hubo más bien una marcada preferencia por los estilos clásicos para investir de significados de poder y seguridad la imagen que proyectaba la arquitectura.
Aunque evidente, la aspiración de la cultura cubana de elite, de estar al día en las corrientes renovadoras de línea moderna, cuyos focos irradiaban desde París y New York, y de que el estilo Art Deco se importó casi desde su misma aparición, sin embargo, resultan escasos los ejemplos en Cuba en que la planta, la decoración y el equipamiento de la construcción sean puramente Deco. Aunque sí existen ejemplos sobresalientes, como son:
El Edificio Bacardí: Es la obra maestra del Deco habanero. Encargado, por concurso cerrado a Esteban Rodríguez Castells y a Rafael Fernández Ruenes y José Menéndez Menéndez, fue terminado en el año 1930.
En este edificio se ven las características generales del Deco desarrollado en Europa, que emplea materiales ricos que superaron al decadente art-nouveau, donde la calamina y el hierro forjado tenían un carácter más seriado; e imprime una línea más personal a las edificaciones. Se señala su referente en el zigurat mesopotámico y en la Puerta de Istar, conservada en un museo alemán, y redescubierta por la cultura occidental para incorporarla a los motivos del Deco. En la construcción se usó granito natural Labrador oscuro de Noruega, en la fachada Granito rojo de Baviera y en el lobby Granito rosado de Baviera. El verde suave del mármol de las paredes, fue usado aquí por primera vez en Cuba.
Quizá no sea coincidencia que en la década siguiente, la firma emplazara su oficina de representación de la Bacardí en New York, en el Empire State, una de las joyas del Deco mundial.
El Balneario de la playa del Casino Español, 1937. Proyectado por el arquitecto Honorato Colete en la playa de Marianao, se decoró con placas en bajorrelieve realizadas por Ernesto Navarro. La planta baja contenía vestíbulo, sala de estar, comedor, bar, cocina y taquillas para niños. La primera planta albergaba las taquillas de hombre y mujeres, mientras en la segunda, se ubicaban un salón de baile y dos salas de juego. Las terrazas voladizas proveen espacio al aire libre y vista hacia el mar.
Aunque la edificación se encuentra sometida en la actualidad a una reparación capital, aún se pueden apreciar los paneles decorativos y la herrería de la puerta principal.
Los edificios de apartamentos para alquiler de dos y tres plantas, se comenzaron a construir en La Habana desde principios del siglo XX, dedicados a obtener el máximo beneficio económico de los terrenos; pero en los años de las Vacas Gordas, entre 1917 y 1919, se generalizó la construcción de edificios con apartamentos para alquilar.
En parte con la velocidad que va tomando la vida moderna y nocturna de la capital, comienzan a resultar demasiado distantes las fincas y casas de campo, alejadas del bullicio de la ciudad y de la vida social. La proliferación de estos Apart Hotel que se construyen para la alta burguesía –y el turismo- permitía a las familias tener un lugar donde pernoctar en la ciudad.
Sobre el empleo de los adelantos tecnológicos del momento, que aseguraban a los inquilinos un servicio seguro y eficiente, se comenzó a levantar en 1929 el Edificio López Serrano, que sería por muchos años el edificio más alto de La Habana.
Situado en la intersección de Línea y calle 13, fue proyectado por los arquitectos Ricardo Mira y Miguel Rosich(2), y se inauguró en 1932. Responden al encargo del Dr. José A. López Serrano –hijo de José López Rodríguez, el famoso Pote- que era entonces miembro prominente de las Empresas Editoriales Cervantes y La Moderna Poesía.
La apariencia exterior es de línea Deco, con marcada influencia norteamericana, en particular el Medical Centre de New York, con cuerpos entrantes y salientes que facilitan la ventilación e iluminación de los apartamentos. El estilo se extiende a las jardineras, plafones, y en el interior a las puertas de los elevadores –fabricadas por Otis en plata-níquel según diseño solicitado por los proyectistas- y las puertas de los apartamentos.
Con diez pisos generales y cuatro en la torre, sus vestíbulos tienen bellos pisos de terrazo y los muros enchapados en mármoles rojos de Marruecos. En el lobby volvemos a encontrar la relación entre escultura y arquitectura: allí se sitúa el relieve El Tiempo, realizado en níquel-plata sobre un diseño de García Cabrera, y que fuera fundido en 1931 en talleres de Luyanó por un valor de 78 pesos(3). Contiene referencias a la velocidad que imprime a las costumbres la vida moderna y al imperio del tiempo.
Además de locales de uso público en la primera planta como son restaurante, farmacia, barbería, grocery; en los apartamentos se incluyen todos los servicios auxiliares necesarios al hogar: luz eléctrica, gas, cocina, teléfono, agua fría y caliente, salida de radio; pudiendo rentarse de forma adicional la comida y el mobiliario. Los años fueron montados con estilos modernos con un contrato obtenido por la Casa Pons, Cobo y Cía.
En la vivienda particular, son también escasas las construcciones con planta y equipamiento Deco.
La casa de Argüelles. Con una elegante fachada esquinera, se levantó en 1927 en 5ta y 22, Miramar, siendo su diseñador José Antonio Mendigutía. Tiene un claro referente en el Pabellón Maitrise de los almacenes Lafayette en la Exposición de París de 1925. Su composición se basa en una torre central flanqueada por portales a cada lado. En el interior la decoración sobria se concentra en los estilizados capiteles de las pilastras, la herrería en las vidrieras y el mobiliario. Sobre la puerta principal, un relieve de Juan José Sicre representa el conflicto entre el clasicismo y el arte nuevo.

Casa de Manuel López Chávez. 41 y 44a. Construida en 1932 por Esteban Rodríguez Castells, tiene una concepción integral de diseño que abarca los pisos, la jardinería, el mobiliario y la iluminación.

Casa de José Manuel Corroalles. Avenida 31 y calle 10. Ahora deshabitada, es un ejemplo claro de cómo el gusto de la sociedad habanera se mueve a lo ardecosiano. El padre de Corroalles, que fue uno de los constructores de la carretera central, se había construido una finca de recreo El Trébol en las afueras de la ciudad –el hoy restaurante La Giraldilla- en un estilo neocolonial, y con menos de diez años de diferencia manda a construir en 1935, una casa “de estilo modernista de lujo” para su hijo José Manuel Corroalles, corredor de bolsa y casado con Elena de Cárdenas. El arquitecto fue Armando Puentes. La residencia estaba rodea de amplios jardines, lo que permitió la construcción de otro edificio años después.
Existen otros ejemplos donde vemos repetida esta tipología de la casa de Corroalles. Uno de ellos es la casa de Salomón Kalmanowitz 1936, biplanta, en la calle 28 Nº 4517 en las Alturas de Miramar. Su arquitecto fue Angel López Valladares.
Sólo algunas familias de alta burguesía, con casas de corte historicista, adoptan total o parcialmente el Deco para sus interiores.
Residencia de Juan Pedro Baró y Catalina Lasa. El proyecto de la edificación es de Evelio Govantes y Félix Cabarrocas, se comenzó a construir en 1922 y se inauguró en 1927. Su fachada de estilo renacentista florentino, abre paso a interiores totalmente artdecosianos con referencias egipcias. Recordemos que los motivos decorativos del antiguo Egipto se ponen de moda en 1922 cuando Howard Carter exhuma la tumba de Tutankamen, y cobran fuerza con la repentina muerte del descubridor, atribuida a la maldición de los faraones. Participa en el diseño de los muebles del comedor Pedro Luis Estévez Lasa, hijo del primer matrimonio de Catalina, apoyado por la diseñadora Clara Porset. En la decoración interior también participó el afamado diseñador francés René Lalique, que años después realizó el panteón Baró-Lasa en el Cementerio de Colón.
Casa de Ramón Crusellas. 1931. En este caso hay una adaptación parcial de interiores Deco. El arquitecto fue Cristóbal Díaz y la residencia se levantó en el Country Club. Con fachada renacentista, plateresca, adopta el estilo renacimiento español para el living-room y la biblioteca, mientras el comedor de “estilo moderno francés” exhibe relieves de Sicre y consolas fundidas en los talleres habaneros de Merino y Greses.
Casa de la Condesa de Revilla Camargo. En el estilo ecléctico de la mansión de María Luisa Gómez Mena de Cagigas, destaca el baño Deco, que recibió un tratamiento diferenciado, decorado con carácter escenográfico y con materiales impermeables y metales relucientes. Un vistoso ventanal refuerza la sensación de ventilación e higiene.
En la primera planta se habilitó, pero ya con gran distancia de los orígenes del estilo, un salón Deco.
Casa del Dr. Clemente Inclán. Rector de la Universidad. Calle 8 e/ 3ª y 1ª, Miramar. Construida en 1930 por el arquitecto Pedro Martínez Inclán. Los volúmenes son puros, con decoración aplicada estilo Deco, también presente en relieves y herrería. Pero en sus interiores se combinaron el renacimiento español, el estilo Imperio, la sala era Luis XVI. Sólo un pequeño salón y un vitral remiten en el interior al Art Deco.
Casa de Enrique García Cabrera. 1938. Calle 22 del Vedado, arquitecto Max Borges del Junco. Enrique García Cabrera, pintor, ilustrador y caricaturista y una de las figuras ineludibles cuando se habla del Deco en Cuba, es uno de los ejemplos mejores del tránsito que se operó en el gusto de la sociedad cubana y que conllevó a que se asumiera el nuevo estilo como un modo de vida.
La primera casa de García Cabrera, decorada en estilos historicistas, cuyos interiores fueron publicados en un número de la revista Social de Septiembre de 1927, fue sustituida en 1938, por una residencia en el Vedado, arreglada con espíritu moderno, aunque conservó el comedor de su antigua residencia. En el frente, los paños intermedios de ambas plantas han sido enriquecidos con relieves, de Manuel Rodulfo y del propio García Cabrera en los altos.
En Cuba las plantas de las viviendas familiares continuaron siendo tradicionales con puntal alto, y sólo se aplicó decoración artdecosiana en el diseño de los pisos, cornisas, plafones, herrería, ventanas, puertas y jardinería.
El Deco como decoración arquitectónica tuvo gran aceptación entre las clases medias. Esto podemos verlo en un edificio para clase pobre, calle Lagunas casi esquina a Galiano, donde no hay arquitectura Deco, pero se ha utilizado en la decoración un relieve del escultor Florencio Gelabert, 1938. El mismo relieve se repitió en el frente de un edificio de similares características cercano a la farmacia Sarrá.
La mayor influencia Deco se evidenciaba en los baños, ya que se puede constatar la persistencia del estilo durante un largo período.
Fuera de los proyectos privados el Art Deco se extiende de forma paulatina hacia otros repertorios arquitectónicos de carácter social, como son hospitales, cines, teatros e Iglesias.

Hospital Municipal de Maternidad, América Arias.
Sus autores fueron el dúo Govantes – Cabarrocas, que terminaron su primera parte en 1930 y posteriormente lo ampliaron en el año 1957 conservando el mismo estilo.
Fue el primer gran hospital de La Habana que siguió el criterio de varias plantas y no de pabellones aislados. En este edificio los arquitectos invirtieron el sistema usado en la residencia Baró – Lasa: aquí el exterior es Deco y en el interior hallamos una rotonda de fuerte presencia clásica.
El CINE fue una nueva forma de distracción que rápidamente se popularizó y se extendió por los barrios habaneros. Si bien se ha señalado por algunos investigadores que el cine hollywoodense contribuyó en medida no desdeñable a promover con sus producciones el estilo Deco, las salas cinematográficas no quedaron a la zaga en su adopción. Una fachada interpretada con el repertorio moderno, era el mejor anuncio de las maravillas tecnológicas que albergaba en su interior.
Cine Teatro Ludgardita. 1932. Encargado a los arquitectos Govantes y Cabarrocas por Gerardo Machado, utilizó como motivo de inspiración la cultura Maya. No obstante la falta de tradición artística autóctona precolombina, aducida por los arquitectos cuando comentan su decisión de escoger el repertorio maya para la decoración, cabe recordar que desde 1925 se habían revalorizado las culturas prehispánicas maya, mexica, inca, como producto del extravío del explorador Coronel Fawcet en tierras peruanas de Machu – Pichu y la expedición que al mando de Peter Fleming fue en su busca, noticias que ocuparon espacios importantes en la prensa internacional y nacional.
La decoración de zigzags, soles radiantes, cactus hieráticos y templos escalonados empleada en Ludgardita, entronca con una línea dentro del movimiento modernista que volteó hacia las culturas exóticas y encantadamente fantásticas.
Por su parte en la fachada se abre un arco monumental, con ciertos elementos modernos, que acusa la intención de adaptarse al estilo arquitectónico del reparto que es muy diverso.
Teatro Fausto. 1938. Construido por Saturnino Parajón, fue acreedor en 1941 del Premio Medalla de Oro del Colegio Nacional de Arquitectos. La platea y los balcony tienen capacidad para 1640 espectadores. La fachada Deco se iluminó con medios tubos de acero inoxidable que ocultaban líneas de luz de gases incandescentes de diferentes colores.
Para evitar los ruidos de la intersección de Prado y Colón donde se ubica, las paredes exteriores se hicieron de tres elementos sólidos con espacios de aire entre ellos, lo cual contribuye también a mejorar sus condiciones térmicas.
Fue el primer teatro en Cuba en disponer de aire acondicionado. En su interior se colocó mobiliario de acero niquelado, hoy desaparecido.
Iglesia Metodista y Centro Estudiantil del Vedado. Calle K esquina a 25. Construida por el arquitecto Ricardo Franklin Acosta, obtuvo en 1951 el Premio Medalla de Oro del Colegio Nacional de Arquitectos a la obra más sobresaliente del año. Muy tardío para su estilo. Se proyectó varios locales para aulas en la planta baja, salón de reuniones, servicios, almacén y vestuario.
En los altos la iglesia con su santuario y locales para los ministros al fondo. Contiguo a la iglesia, se fabricó un edificio de dos plantas con oficinas, biblioteca y otras funciones.
Edificio Rodríguez Vázquez y Teatro América.El edificio construido para el Sr. Antonio Rodríguez Vázquez en Galiano y Neptuno, fue obra de los arquitectos Fernando Martínez Campos y Pascual Rojas. Su construcción comenzó en 1939 y se inauguró en 1941. Comprende una torre de diez pisos y otros dos en la parte más alta, con 67 apartamentos y dos grandes teatros en la planta baja –el Radio Cine ya existía en el lugar. El cuerpo superior contrasta con la marquesina que corre a lo largo de la fachada principal. En la planta baja se construyó un gran restaurante y locales para el comercio.
El TEATRO AMÉRICA, con marcada influencia norteamericana, en especial del Radio City Music Hall, destaca por la elegancia de las líneas todas curvas en su interior. Desde el vestíbulo circular, de bóveda lumínica cuyo piso representa al hemisferio occidental rodeado de los signos del zodiaco, ascienden las escalinatas curvilíneas que se bifurcan y disuelven en amplios descansos que forman pequeñas salas, que hacen imperceptible el ascenso. El uso del zodiaco fue frecuente en el Deco, desde que en la Exposición de París 1925, la torre Eiffel fue decorada con un zodiaco que publicitaba la marca de automóviles Citroën.
El auditorio tiene una capacidad de 1750 asientos. Las condiciones acústicas fueron consideradas con detalle. Hay una serie de arcos abovedados de tamaño decreciente hacia el escenario, que constituyen el tratamiento decorativo de la sala. El teatro América, se proveyó de los más modernos equipos de proyección cinematográfica.
Entre las grandes líneas estéticas derivadas del Deco podemos citar el Monumental Moderno o Neoclásico y el Streamline. La primera tendencia tuvo su auge internacional con la Exposición de Arte Decorativas de París 1937, con el conjunto del Trocadero, y su posterior divulgación en Europa como estilo oficial de la Exposición Universal de Roma en 1942. Su imagen se basó en la sobria repetición de columnas carentes de base y de capitel en los pórticos principales de los edificios. La segunda tendencia mencionada, el streamline, se desarrolló más en los Estados Unidos y representa allí la época de la recuperación económica después del crack bursátil del 1929.

Estas tendencias se identificaron por el hombre desnudo, fuerte, que es capaz de controlar las máquinas más diversas que anuncian un futuro de esplendor tecnológico. Un magnífico ejemplo en el entorno capitalino, es el friso del otrora Diario El País. Los principales motivos decorativos son las líneas curvas y aerodinámicas, las líneas horizontales aplicadas y las múltiples abstracciones de la velocidad.
En la arquitectura las características son la monumentalidad, se destaca lo horizontal y se despejan las superficies de toda decoración superflua. Conceden importancia a las paredes de bloques de cristal. Son características las ventanas redondas en contraste con las poligonales del Deco clásico. Se sustituye el balcón por rejas rectas y los ángulos de las edificaciones se convierten en curvas. Las plantas con formas aerodinámicas fueron una remembranza del trasatlántico, del avión, representativos de la conquista de las distancias y del futuro.
El stream tiene en su haber aprovechar los espacios dentro de la ciudad, dando un carácter más sencillo al diseño de los repartos, adoptándose a los accidentes topográficos y al trazado irregular de las parcelas a construir. Suele verse con frecuencia en edificios que aprovechan las intersecciones de calles en ángulos agudos. Un ejemplo notable en La Habana, es el edificio Solimar, sito en Soledad 205, entre San Lázaro y Animas. Terminado en 1944 es un proyecto del arquitecto Manuel Copado, que brinda a los inquilinos las mejores condiciones de ventilación e iluminación.
Un ejemplo sobresaliente en la capital, del estilo monumental, es la Maternidad Obrera de Marianao, 1940, arquitecto Emilio Soto. Fue Medalla de Oro del Colegio Nacional de Arquitectos. Sobre el pórtico de ingreso se eleva la escultura Madre e Hijo, de cerámica blanca, del escultor Teodoro Ramos Blanco. Adoptó una forma curva en la planta del edificio, para evitar la larga perspectiva de la galería central, lo cual le imprime una cierta sensación de movimiento, como si el edificio se proyectara hacia el visitante.
El arquitecto Pérez Benitoa fue el principal cultivador en Cuba del estilo monumental. Ejecutó en 1944 la Plaza Finlay, con cuatro edificios que rodean una rotonda en cuyo centro se alza un obelisco con relieves de los escultores Navarro y Lombardo. Los edificios corresponden a: Centro Escolar, la Escuela del Hogar, Escuela Normal de Kindergarten y el Asilo de Ancianas.
Quedaría por señalar que el compás abierto –entre dos dictaduras- se destaca por la preferencia hacia los estilos clásicos para la arquitectura de carácter gubernamental. El Deco y sus derivados, se asumió en Cuba mezclado con estilos historicistas entre las clases más altas, y tuvo su mayor auge en las construcciones de carácter social, los edificios de apartamentos para alquilar y las construcciones levantadas para la clase media del país.


Notas:

(1) Tomadas ambas citas de: Weiss, Joaquín. Arquitectura cubana contemporánea. Colección de fotografías de los más recientes y característicos edificios erigidos en Cuba. Cultural S.A. La Habana, 1947.
(2) Con los proyectistas trabajó el también arquitecto Fernando Martínez Campo que luego proyectaría el edificio Fernández Vázquez (América).
(3) Dato tomado del Fondo del Conde de Lagunillas, Museo Nacional.