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Juegos y luces: Ernesto García Peña
Se trata de un pintor que se expresa mediante una versión cromática en armonía con los temas desarrollados con su obra; el registro del paisaje por los signos de “tierra adentro”, y por una inclinación natural a la fantasía y el hedonismo, la búsqueda en el diseño de las sensaciones puras y en cierto acuerdo con los proyectos de la afirmación de la memoria.

Quien conoció los primeros momentos de la poética visual suya, sabe que entonces se definieron constantes de su modo de crear, que han resultado permanentes: El disfrute de la realización de líneas y masas sobre el plano, los tropismos devenidos en formas, el recurso de la transparencia, a veces, con elementos de abstracción en aras de la sugerencia.

Poeta cuyo gráfico se acerca al espíritu del Art Nouveau, García Peña ocupa un ángulo peculiar de la generación de artistas que hizo suya la épica del entorno vivido, que él interiorizó y transformó luego, mediante operaciones traslaticias de la imaginación en un sistema de metáforas apropiadas para asumir igualmente el tema intimista.

De manera personal, sus caballos de los años setenta abandonaron el combate que simbolizaban para adquirir un sentido próximo a lo que estos tenían en Chagall, los expresionistas del “Jinete Azul”o en el Cubanismo de Carlos Enríquez. No esta errado tampoco quien vea en este camino del pintar un suceso creador similar al de la poesía.

Con esta trama de certeza y símbolo que nos ofrece, con sus frutas tentadoras y floraciones de fuego, con sus desnudos femeninos que no han perdido las coordenadas de la danza, y con lo que en él es maridaje de fuerza y ternura, Ernesto ha conseguido armar convenciones
que lo han instalado en terreno propio. En su obra no hay otra tendencia que no sea aquella que nace como canto interior y recuerdos traducidos mediante la peripecia del pulso.

Pintar es en este artista una fiesta, hasta los dolores se embellecen en sus visiones.

Por ello la posibilidad de comunicación que tienen sus pinturas y dibujos con gentes distintas, y por eso, asimismo esa propiedad, inherente a sus realizaciones de influir estéticamente sobre el ambiente donde se las sitúa.


Manuel López Oliva, pintor y crítico de Arte.

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Sueños Salvados


Es este día la puesta en escena de sus sueños, de sus visiones, y del mundo espiritual tan poderoso que lo asiste en su creación. Frente al lienzo vacío es donde determina realmente pervivencia del genio y la fortaleza de una inspiración.

Hace un instante detrás de cada uno de los cuadros, como también en su casa, conversando con él, aparecieron los poemas, las sugerencias, los perfiles, las luces y las sombras que inspiran una obra tan bella y tan genuina como la suya.

Cuando digo bella es porque la belleza es una cuestión misteriosa que se establece entre el amador y el ser amado, no hay calco y nadie puede decir que es una forma en otra, es una relación íntima, es una visión.

José Martí decía que esos misterios los había plasmado en sus versos mientras los había visto, de ahí la honestidad de sus versos, cuando había dejado de verlos había dejado de pintarlos. Exactamente igual Ernesto García Peña; sus pinturas tributan como arroyuelos hasta alimentar el torrente, los grandes maestros de la pintura cubana. El concepto del color y la belleza que tuvieron figuras tan esplendorosas de la pintura como Carlos Enrique y Servando Cabrera Moreno, no es una vergüenza ser discípulo; engrandece al que con genio propio sabe poner en el tiempo un paso mas en eso que llamamos la evolución del concepto estético de una sociedad y de una época.

Es por eso que asistimos hoy a una fiesta, a una hermosa fiesta del arte y de la cultura cubana.

Es precisamente el triunfo de esos sentimientos de belleza unido inseparablemente al amor, al amor carnal, a la pasión desbordada y apenas contenida, al recuerdo de lo que hemos vivido, y más queda por vivir, a lo que vemos en los demás vestidos o desnudos, porque desnudos venimos al mundo y colmados de atropellos como decía mi abuela pasamos por la tierra avergonzados de nuestro verdadero rostro que es el cuerpo.

Esta pintura es un culto y un canto al cuerpo. Un canto intemporal, un culto a la belleza, una entrega apasionada a una criatura que es la fugaz visitante de los poetas, de los pintores, y de todos los artistas, no es otra que la inspiración.

Hay quien tiene oficio y le falta eso, hay quien tiene oficio y le falta talento, hay quien tiene esas cosas y le falta inspiración.

Al artista y a su inspiración, el homenaje de todos nosotros, y para él; el fuerte abrazo de los amigos y amigos que hoy se ven retratados en espíritu en cada una de sus obras.


(Eusebio Leal, palabras para la inauguración de la exposición Sueños Salvados)