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| Roberto Fabelo. Premio Nacional de Artes Plásticas 2004 |
La violencia y el espanto han sido componentes de una buena parte del discurso de Roberto Fabelo. Esta afirmación, en abstracto, puede resultar paradójica para muchos de los que conocen un poco la obra hecha por él y la piensan en términos más nobles, amables –permítaseme eludir el compromiso estético de clasificarla como bella. La paradoja surge justo del punto de conjunción entre el desgarramiento ante la tragedia humana y el placer del canto a la vida, que se entrelazan y confunden como asuntos viscerales que han ido quedando expuestos durante todos estos años en sus dibujos, acuarelas, tintas, óleos, esculturas y –más recientemente- en sus instalaciones.
“Un poco de mí” –su anterior exposición en este mismo espacio del Museo Nacional de Bellas Artes, en mayo de 2003- viene a ser el antecedente más cercano de la nueva serie (Mundos) que Fabelo presenta ahora. Me gustaría, no obstante, recordar que toda la variedad de cazuelas y utensilios de cocina tomados de la vida cotidiana a partir de esa necesidad vital del ser humano que es comer, y que tuvieron su protagonismo como objetos reales en la instalación La Mesa y en otras obras presentadas en aquella oportunidad, son elementos recurrentes en la poética del artista desde que iniciara, a principios de la década del 80, la serie titulada Fragmentos vitales.
Esta acotación tiene como propósito despejar en lo posible un juicio valorativo equívoco que pudiera formarse a partir de entender las nuevas morfologías empleadas por Fabelo como una abrupta escisión y no como la continuidad –que en realidad es- de un largo proceso de trabajo aún sin terminar. Por otra parte, lo que el artista nos propone objetualmente no le hace olvidar el oficio de dibujante que va consigo a todas partes. Es en el dibujo donde todo lo que hace tiene su esbozo o su consumación. Sus instalaciones escultóricas o esculturas instalativas –como quiera llamárseles- nunca van en solitario, sino en compañía de lo que las antecedió, a manera de un gesto que trata de conciliar la fertilidad de una acuarela y –sobre todo- del dibujo como el primer procedimiento germinativo de todas sus inquietudes, que ahora se desplazan hacia otros soportes, materiales y formas...
Caridad Blanco de la Cruz (En Una ración de mundo. Palabras al catálogo de la exposición Mundos. Museo Nacional de Bellas Artes, noviembre 2005 –enero 2006)
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...Roberto Fabelo se integra en el contexto local y en el internacional con un lenguaje auténtico. Sus referencias a las corrientes interculturales le vinculan al discurso artístico internacional sin perder su identidad. Su preocupación por el entorno, la naturaleza y la participación del espectador en este ensayo enriquecedor, expresa la coherencia de su arsenal creativo. Al incorporar materiales u objetos encontrados, intenta acercarse a su cultura en un evidente interés de compenetración con su hábitat. El disfrute de su anecdotario trasciende las expresiones de la experiencia humana, creando un universo donde conviven la realidad-irrealidad con características de lo cotidiano...
Hortensia Montero (En Un poco de Fabelo. Palabras al catálogo de la exposición Un poco de mí. Museo Nacional de Bellas Artes, abril del 2003)
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...Fabelo es un pintor culto en el que se entremezclan la ternura y la sátira, la crítica social y la comprensión ante las torpezas y los vicios de los seres humanos. La ética y la estética caminan indisolublemente unidas por su obra. La alegoría y el símbolo, la fantasía y la crítica, la fealdad y la belleza se dan cita en su quehacer apasionado y silencioso...
Mario Antolín Paz (Presidente de la Asociación Madrileña de Críticos de Arte. Palabras al catálogo de la exposición Fabelo, Lucio Muñoz y Manolo Valdés. Tres nombres, tres conceptos y tres caminos. Galería Pedro Torres, Logroño, España, 2001)
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...Todo esto nos habla de una obra en movimiento, inconforme, abierta al riesgo y preparada para evitar la rutina –también la más peligrosa, aquella envuelta en el rielar siempre engañoso del éxito y de la adulación. Una obra que ha impuesto, desde la perseverancia, la humildad suficiente de sus medios y ha hecho sustancia de todos sus procesos, exhibiéndolos, desnudándose en ellos. Obra por tanto madura e inconclusa en la que cada espectador, con paciencia y algo de complicidad, podrá encontrarse a sí mismo retratado- es decir, burlado...
Antonio Eligio Fernández (Tonel) (Artista y crítico de arte. En Manera del arte de Roberto Fabelo. Palabras al catálogo de la exposición Trabajos en el proceso. Galería La Acacia, enero de 1997)
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...Los fragmentos vitales son, pues, los fragmentos de la realidad vivida. La línea armoniosa y fina se trasmuta en el trazo gestual y violento. Las relaciones del hombre con la naturaleza, de figura humana con la animal, del ser pensante con el objeto inanimado, son los puntos referenciales de un discurso creador que se colma con el dibujo riquísimo sobre el modesto papel. Es un código que procede parabólicamente, cuyo hilo conductor es el desgarramiento y la violencia últimos...
Adelaida de Juan (Profesora y crítica de arte. En Los fragmentos vitales de Roberto Fabelo. Palabras al catálogo de la exposición Fragmentos vitales. Museo Nacional de Bellas Artes, junio de 1988)
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