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El arte de los 70 (Visto en R y C)
Mirar atrás y hacer recuento, arroja en ocasiones balances asombrosos. En el diario afán por conformar cada salida de una revista cultural, puede quedar desenfocada la realidad ineludible de que sus páginas son espacio de diálogo entre diferentes y discrepantes propuestas del arte de una época. Es la distancia, la que permite evaluar esa caracterización polifónica que una publicación seriada ofrece, como terreno para la comprensión de los imaginarios de su tiempo.

Por tanto, volver –como conjunto,- sobre una década de ediciones de una revista cultural, favorece la lectura de la historia a través del arte y contribuye a la reconstrucción de un mapa cultural. Caracteriza no a la publicación, sino que proporciona la recreación del modelo polifacético de una sociedad. La dinámica del arte manifiesta su enlace con la vida en esas imágenes magnificadas en la visualidad de los impresos, ya sea en sus portadas y contraportadas, páginas en color, reservados en toda su extensión para resaltar información sensorial que queda anclada en la retina de cada lector.

Eso sucede, si repasamos los números de Revolución y Cultura de los controvertidos años 70 del siglo XX. Olvidemos por un instante –sólo un instante,- los magníficos artículos de Veigas, los Glosarios donde participa también Leandro Romero, los esclarecedores ensayos de Aldo Menéndez sobre períodos de las artes visuales. Después de nuestra desmemoria, quedan en las páginas de R y C los carteles, los reportes de eventos de la plástica, las premiaciones de Salones. Todo un palmario que comunica un período. En sus páginas veremos las preguntas de Mosquera sobre la prehistoria cubana, pero también leeremos por primera vez los términos de regata salonística y la gestación de criterios aún sostenidos al evaluar la plástica de los 70.

Tanto a nivel formal como temático, llaman la atención dos tendencias que enraízan desde los productores de este arte: los primeros graduados de las Escuelas de Arte y los artistas autodidactas que desde el Salón 70 han encontrado un espacio en el terreno de las exposiciones públicas. Por otro lado, el fotorrealismo y el arte popular resultan dos respuestas lógicas desde la producción artística, al calor de las políticas culturales en boga. Ambas líneas tienen, junto con la privilegiada temática política y patriótica, un espacio de lujo en las páginas de Revolución y Cultura.

Como ha apuntado la MSc. Hortensia Montero, estudiosa de este período de nuestro arte:
La fuerte presencia del arte popular a partir del auge en los 70 del movimiento de aficionados, se expresa (…) con pintores connotados, pues aunque algunas poéticas emergen en una época anterior alcanzan hitos en este momento. Es un período caracterizado por el auge del autodidactismo con énfasis en desarrollar las habilidades individuales e incentivar a los artistas aficionados a desarrollar sus habilidades artísticas y expandir su sensibilidad plástica en aras de la socialización de la cultura” (…)
“El fotorrealismo en Cuba se inicia a partir de 1972 y adquiere auge en 1974. Sus límites se extienden hasta 1981 aunque algunos creadores apegados a esta modalidad artística rebasan esta fecha. Constituye una línea de continuidad en la ganancia de lenguajes plásticos en la Historia del Arte nacional y parte de una gráfica consignista –que desvirtúa sus raíces norteamericanas-, adaptado a nuestras circunstancias a partir del sedimento gráfico que existe en nuestro país. La carga conceptual del mensaje social que ofrecen sus exponentes resulta lo más sobresaliente de esta tendencia. Su fuerza radica precisamente en su valor humano por el sentido, el espíritu y la intención de la obra en sí misma, delatando un profundo amor al Hombre y un marcado carácter introspectivo en las realizaciones. Se concentró en la figura humana ofreciendo versiones muy frescas. Provocó un nuevo auge del retrato” (…)
“Los pioneros fueron César Leal y Aldo Menéndez, ambos diseñadores gráficos y Flavio Garciandía y Rogelio López Marín (Gory), aún estudiantes de la Escuela Nacional de Arte (…) Esta tendencia obtiene su reconocimiento oficial cuando en 1973 –en el Concurso 26 de Julio, XX Aniversario de las FAR- se legitimó al fotorrealismo al ser premiadas tres obras dentro de esta línea creativa, en el cual recibe premio Todos somos uno de César Leal y menciones Qué república era aquella de Flavio Garciandía…”
(*)

Indiscutiblemente, las páginas de R y C fueron el escenario por excelencia de promoción y legitimación de tendencias de nuestra plástica en una época contradictoria y compleja. La selección que ofrecemos al internauta, somera y hasta caprichosa en el azar de la elección de los números explorados, habla por sí misma del abanico cubierto por la publicación. Lo Visto en R y C sentó pautas indiscutibles para asentar la crítica, depurar nombres y tendencias que caracterizan una década, la de los controvertidos años 70.

(*) Cita tomada de: Hortensia Montero. Los 70: Puente para las rupturas. Edic. Juan Marinello. 2006. pp.78-81