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Eladio Rivadulla: Pionero del diseño y la impresión en serigrafía artística, del cartel de cine en Cuba
El tiempo oculta magia en sus cinceles. Esculpe en el diamante y en la arena. Eterniza los rasgos de un instante si un artista le ayuda a convertirles en novela, en estatua, en cuadro, en melodía y, en horas más recientes, en cine, que comprende a veces, la obra total, la ópera que fuera aspiración de síntesis. El tiempo eterniza cuando toca, porque su paso puede ser historia, más grande o más pequeña, la del héroe o el sabio o del crustáceo, que convertido en piedra nos resguarda en los palacios y en las casas, caparachón del hombre, su resguardo; el tiempo que eterniza descompone, de arrugas llena el rostro fascinante, las más rítmicas nalgas resultan celulíticas y el erguido esqueleto deviene osteoporósico. Es que el tiempo en su magia omnipresente, se hace dueño de la vida y de la muerte, de eso que vive porque va muriendo, que según muere revive y vive nuevas vidas, sus fragmentos, hoy niño, adolescente, joven, madurito, viejo y anciano y ancianísimo. Si lo que llega pasa, algo se queda; y siempre sorpresivo el mago eterno, funda para sorpresa del que observa y juzga, sorpresas nuevas, tan, tan sorprendentes, que aquello que en su día despreciaste, juzgaste de altanero en altanero, recupera o alcanza con su paso, un golpe de esa magia que se llama, algunas veces, la pátina, la pátina del tiempo.

Estoy ante carteles que recobran su vida. Que vuelven a decirnos mensajes divertidos, con la profunda risa de quienes no se rinden, de quienes son nosotros porque nos anteceden. Les miro con cariño, con amor, me fascino y me pregunto, amigos, si es que ya entré en la fase, en que el delirio tiene el encanto inefable, del recuerdo que llaman de saludable o nostalgia.


Alfredo Guevara. Fundador del ICAIC y del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.


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(...) El cartel de cine cubano tenía un precedente de interés por la vía de la promoción de los filmes foráneos desde la década del 40. Con la génesis de este cartelismo se identifica un nombre: Eladio Rivadulla Martínez, y una técnica: la serifrafía. Lo iniciado entonces por Rivadulla y continuado de manera sistemática en los años 50 sentó las bases de una tradición serigráfica en La Habana.

(...) Rivadulla cuenta en su haber más de 3000 libros y publicaciones periódicas diseñados, así como más de 3500 carteles, entre los que predominan los de cine, políticos y comerciales.

Esta ingente labor de toda una vida enriquece y enaltece a la cultura visual cubana en general y, en particular a la gráfica. Si puede afirmarse que no hay otro país en el mundo que haya tenido durante más de medio siglo un sostenido quehacer serigráfico en relación con el cartel, en parte se debe a Eladio Rivadulla Martínez. (...) La trayectoria profesional de Rivadulla evidencia hasta qué punto el hombre sigue siendo determinante, (...) A este hombre y a la cultura que él representa, vaya nuestro homenaje, a sabiendas de que la verdadera creación, venga de donde venga, sólo la hacen los que han sabido ser hombres de su tiempo.


Dr.Jorge R. Bermúdez. Diciembre del 2000.


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La obra de Eladio Rivadulla colma un espacio del arte que ha alcanzado su plenitud en nuestros días.

Disciplina principal en que ha hallado cauce su talento, el diseño gráfico llega no sólo a la cinematografía cubana, sino a la cultura de la cual ella es parte así como reflejo fiel, noble y comprometido de su tiempo.

Nadie da lo que no tiene es una sentida sentencia antigua y cierta que está vigente en el magisterio llevado a cabo por Rivadulla como profesor.

Al oficio ejercitado en la asiduidad y en la constante búsqueda de la superación, le han rendido tributo la Academia y el pueblo, con galardones y premios que valen para él –en tanto y en cuanto- expresan el sentimiento de admiración y gratitud hacia quien ha servido, con lealtad y consecuencia, a su país y a los valores del ser humano.


Dr.Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana
Diciembre 2002.


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...Un buen cartel como los mencionados no sólo puede embellecer el aspecto de una ciudad; a veces puede decirnos tanto como un libro. Y sólo con insinuar una idea. El pueblo entiende. No se puede, como decía Maikovski, subestimar al pueblo. Hay que respetar su inteligencia y su sensibilidad...


Periódico Revolución, 20 de mayo de 1963.

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