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Sello postal rememorativo XX años de CUBARTE. Selección de obras de la colección del Museo Nacional de Bellas Artes
Como parte de las acciones de campaña por el XX Aniversario de CUBARTE, está la cancelación de un Sello Postal rememorativo de esa fecha. Se ha escogido para la ocasión, la colección de sellos conmemorativos por el Centenario del Museo de Bellas Artes, que se ha celebrado durante el presente año 2013, con diversas exposiciones, lanzamientos de libros, homenajes de personalidades de la cultura. La selección de obras de la colección museal para impresiones postales, tiene ya más de medio siglo como práctica en nuestro medio, y ha abarcado tanto las colecciones de arte cubano, como las piezas y colecciones más sobresalientes del arte universal.

Con motivo de la conmemoración del primer centenario de la institución Museo Nacional, Correos de Cuba ha reproducido tres figuras imprescindibles de la vanguardia cubana: de Amelia Peláez del Casal un interior con naturaleza muerta, que caracterizaría la obra de la artista plena de elementos del ambiente criollo. De Mariano Rodríguez su Gallo amarillo, uno de los temas preferidos por el artista, donde la tranquila geometría de las formas se ve acompañada del hábil manejo de las manchas de color. El pasado año se celebró el centenario del nacimiento de Mariano Rodríguez, por lo que ha sido además una ocasión propicia para conmemorar al artista en el marco del Centenario del Museo, ya que su coetáneo y también celebrado el año anterior, René Portocarrero, fue ya homenajeado con una cancelación postal. Entre los centenarios de creadores rememorados en el presente año, Mario Carreño ha sido incluido en la emisión postal con la obra Saludo al Mar Caribe, representativa de la fuerza que va adquiriendo la abstracción en la poética del artista, hacia la década del cincuenta. Esta pieza ha sido además utilizada como cubierta en la más reciente edición del Catálogo de Arte Cubano, del Museo Nacional de Bellas Artes. En la selección de obras cubanas, se incluyó Homenaje a la soledad, de Servando Cabrera Moreno, -cuya producción épica ha sido motivo de estampillas en décadas anteriores- ahora con una pieza de asentado erotismo, con cuerpos que se entrelazan representando en una magnífica y extensa gama de azules, un ideal de amor a escala universal.

De las colecciones de arte universal, la selección recayó en obras maestras de las escuelas europeas. La Torre de Babel de la escuela de Marten Van Valckenborgh, que puede ser admirada en la Sala flamenca del Museo; un Paisaje de Thomas Creswick característico del alcance del género en la escuela inglesa durante el siglo XIX; y La Alicantina de Hermenegildo Anglada Camarasa, representando la magnífica exposición de pintura moderna catalana y valenciana con que cuenta la Sala de arte español del Museo Nacional.

Sirva esta ocasión como reconocimiento mutuo a la labor de dos instituciones que prestigian y promueven, desde sus diversos campos de acción, a la cultura cubana.

Breve historia del sello postal en Cuba

En el año 1855 se dieron a la circulación los primeros sellos de correo utilizados en Cuba. Gobernaba entonces el general José Gutiérrez de la Concha, quien convencido de que las armas no eran suficientes para mantener el dominio de España sobre la Isla, se empeñó en la reorganización de distintos sectores de la administración pública; mientras en España reinaba Isabel II.

Aunque bajo la égida de estos gobernantes, se llevó a cabo la reorganización del correo y el establecimiento en Cuba de un sistema postal definitivo –que estabilizaba los cobros y los uniformaba,- es justo tomar en cuenta muchos esfuerzos precedentes por mantener el servicio de comunicaciones en las condiciones precarias de los siglos precedentes.

Desde 1755 se había reglamentado las tarifas del correo terrestre, teniendo en cuenta los pesos y las distancias; y a la altura de 1764 se acordaron las del correo marítimo, con una clasificación más completa. En 1814 se introdujeron modificaciones que contemplaban el pago de la tarifa por los destinatarios y con posterioridad, se estableció el cobro escalonado, según las distancias.

Pero estos complicados reglamentos, se volvieron anacrónicos después que en Inglaterra, desde 1840, Rowland Hill hubiera logrado implantar un nuevo sistema de pago previo con el uso de estampillas postales adhesivas. La efigie de Isabel II sería el motivo de los primeros cuatro sellos que circularan en Cuba, reproduciendo el rostro de la entonces joven reina, y que había sido empleado en la península, al implantarse el sistema en 1850. Los primeros sellos se dieron a la circulación el 24 de abril de 1855, y estaban destinados a los Correos de Cuba y Puerto Rico conjuntamente, y más tarde se usaron con carácter provisional en Filipinas. Su diseñador fue Don José Pérez Varela, Grabador de la Fábrica Nacional del Sello de Madrid. Su rótulo “CORREOS” fue sustituido por el de “ULTRAMAR” en 1868 y su diseño varió poco en los años siguientes; hasta que, restaurados los Borbones al trono de España en diciembre de 1874, se utilizaría la imagen de Alfonso XII en los sellos destinados a Cuba y Puerto Rico, y es precisamente en 1877 que comienzan a identificarse geográficamente en su denominación, apareciendo el primer sello con la inscripción “CUBA”.

En 1897, la Revolución imprimió una serie de cuatro sellos de diferentes denominaciones y colocó en ellos el escudo de la República en Armas; y al año siguiente, cuando España concedía tardíamente a Cuba su autonomía, se emite una serie especial con la imagen de Alfonso XIII niño, cuya circulación fue muy breve, sustituido por las emisiones postales norteamericanas que puso en curso el gobierno interventor. Quizá la primera obra artística que recuerda nuestra historia filatélica, sea una emisión de tres centavos en color violeta, donde se podía apreciar una de las esculturas públicas más hermosas de la capital, la de la India o La Noble Habana. El diseño de la época de la intervención, fue excluido por razones de valor al imprimirse las primeras estampillas republicanas.

Los primeros sellos de la República, llevaban: la estampa de Cristóbal Colón (en verde, por valor de un centavo), tres palmas reales (en rosado, por valor de dos centavos), una carabela (en azul, por valor de cinco centavos), y el de diez centavos presentaba una escena campesina, con un labrador arando la tierra con el empleo de una yunta de bueyes.

Tan antigua como la emisión de sellos postales, viene resultando en nuestro suelo la costumbre de las emisiones conmemorativas. Entre otras, en 1940 la Administración Postal cubana dedicó un sello al centenario del primer sello inglés, con un diseño que reproducía el “Penny Post” de 1840, el sello de Isabel II usado en la Isla en 1855, y el primer sello de dos centavos que circuló en la República en el año 1902. La emisión conmemorativa del cincuentenario de la República en 1952, utilizaría como motivo la escultura del Alma Mater, que recibe en lo alto de la colina universitaria a los visitantes que se acercan al alto centro de estudios. Las emisiones conmemorativas del Centenario del Sello Postal en Cuba en 1955, revisitaron variadas estampas coloniales entre las que estaban: por el valor de dos centavos, una vista de la “Antigua Plaza y Convento de San Francisco”; el de cuatro centavos, dedicado a la Volanta como medio de transporte colonial, tenía como fondo la fuente de la India; mientras la denominación de catorce centavos, mostraba una panorámica de la residencia de los Capitanes Generales y la plaza de Armas, cuando tenía colocada la escultura de Fernando VII en su centro.

En particular la denominación de ocho centavos lanzada en 1955, tenía en su diseño uno de los sellos de 1855, la efigie de Cristóbal Colón y el azul pálido el recién inaugurado Palacio de Bellas Artes, que sería a la vez, el lugar de celebración de la exposición Filatélica Internacional convocada por el Centenario del primer sello postal circulante en Cuba.

La feliz coincidencia de fechas y lugares, daría a nuestra producción filatélica las primeras reproducciones de obras de arte pictóricas. Pero de forma indiscutible, sería a partir de la década de 1970 luego del triunfo revolucionario, que el sello cubano visitaría con mayor asiduidad las colecciones de las instituciones museales y la producción artística nacional. Vinculadas las emisiones de estampillas postales a festividades y conmemoraciones culturales, el arte patrio ha tenido desde entonces una vía de acceso a la memoria colectiva, a través de la riqueza y variedad de los diseños postales.


(La mayor parte de los datos han sido compilados del texto Efigies femeninas en los sellos de Cuba. María Martínez Guayanes. Edit. CENIT, La Habana, 1955.)