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Jorge William Cabrera. Viaje en busca del espacio
Alguien dijo una vez que los escritores se expresaban con palabras pero los escultores con actos, y eso fue precisamente lo que comprobé aquella mañana, cuando me enfrenté a la obra de William Cabrera.

Cada pieza se elevaba ante mí, en toda su magnificencia y dimensiones, siendo representativas del conglomerado de ideas y propósitos que vienen gestándose en el artista desde sus incursiones en la escultura africana.

Y es que William, siempre ha necesitado la comunicación constante con quienes lo rodean. Sentirse dueño del espacio, transformarlo a su antojo, determinan su preferencia por la tridimensionalidad, interés que se materializa por primera vez a los 6 años de edad cuando realiza su primera escultura, una talla en madera.

Desde ese mismo instante no ha dejado de crear, sus manos inquietas se deslizan hábiles trabajando la piedra, madera, barro, acrílico, cristales, metales ferrosos y no ferrosos, además de ensamblar y fundir. Abarca desde el pequeño formato hasta la escultura ambiental: (…)

Sin embargo, en ellas hay algo que inmediatamente atrae nuestra atención, han dejado muy atrás el tradicional concepto de escultura, para convertirse en algo novedoso, menos generalizado, abierto al nuevo lenguaje artístico, aquel que resulta más útil al creador para su comunicación.

Eso significa que su encasillamiento dentro de una corriente determinada, sería un grave error; pero no niega en absoluto la inclinación del artista hacia el cientismo, dejando constancia de ello en cada obra.

(…)

A partir de estructuras simples, como pueden ser un cuadrado o un círculo, comienza un entretejido de formas que van incorporando elementos tan importantes para el artista como pueden ser, el movimiento (virtual o real), los juegos de luces, el sonido y por supuesto, la labor co-creadora del espectador.

Como él mismo señala “la comunicación con el público es importante para mí, quiero que en cada obra vean cosas nuevas, que puedan constatar cómo, a partir de un mismo elemento, se pueden conseguir infinidad de soluciones. Así la obra está en constante cambio y transformación, no me gustan las cosas estáticas”*.

Por todo lo anterior, el artista libra a la escultura de esquemas anteriores, fundamentalmente su función contemplativa, para hacerla más dinámica y enriquecedora.

Así, y en vuelo imaginativo hacia el espacio sideral –pues este ya resulta estrecho para sus pretensiones- se alza la obra de William Cabrera, como mezcla desprejuiciada de recursos técnicos, materiales, para ocupar un lugar cimero en la escultura de nuestro tiempo.

Nieves Machado

• Entrevista personal con el artista, 25 de febrero de 1991