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Sosabravo: 80 cumpleaños de un Maestro
Con más de cincuenta años de quehacer artístico ininterrumpido, el maestro Sosabravo celebrará su ochenta cumpleaños con una muestra de obra actual que mucho habla sobre su impronta en el arte cubano contemporáneo.

Obra de variado soporte, que ha alcanzado en la cerámica y los bronces un punto álgido de expresión, ha merecido valoraciones de diversos críticos y estudiosos del arte cubano:



Adherido a las actuales tendencias incursiona por lo irónico y no se aleja de lo decorativo. La Mariposa acuática es una variante, ya de mayor jerarquía, que las anteriores a que nos tenía acostumbrados.
Vista así, ligeramente, la exposición la dividimos en dos modos actuales: El decorativo y el tremendista al que se lanza como un conquistador intrépido, independizándose de su anterior estilo y avanzando en modalidades coloreadas sobre viejos elementos retomados, fijados en áspera piedra.
Pero son las cerámicas en realidad, las que dan a Sosabravo su más legítimo éxito como creador. En ellas aúna la técnica de estupenda factura (piezas macizas y ligeras a la vez, pulidas y toscas; formales e imaginativas) y la expresión que siempre, sobre todo en las máscaras, dejan la rememoración del tremendismo. Es la nota preponderante del arte contemporáneo, la vía emocional a que ha recurrido el artesano para dar el sentido de lo monstruoso y, no pocas veces, de lo siniestro de la época actual. Con juego de luces y sombras, con adaptación de la materia plástica, se acentúan vigorosamente los rasgos de la primitiva estatuaria presentando ídolos objetos o seres fantásticos que, develando formas arcaizantes, logran tremenda fuerza envueltos en un ambiente mágico lleno de misterio.
Loló de la Torriente
Sosabravo.
Periódico El Mundo.
La Habana, 24 de noviembre de 1967.


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La figuración de Sosabravo, tan personal y llena de posibilidades, tiene su origen en morfologías de una parte del mundo orgánico que sólo últimamente se han tomado como motivo para fines estrictamente estéticos.
El se inspira en la flora interior y primitiva, en la humilde vegetación de los rincones húmedos: hongos, plantas acuáticas, flores inadvertidas. Igualmente en el reino animal: protozoos, moluscos, insectos, batracios. Es el universo de la laguna como intituló a una serie de litografías. Peor la mezcla, aparentemente contradictoria, de estos elementos con formas mecánicas y de gusto pop expresada hasta en algunos títulos: Flor ferretera, Primavera electrónica en la que consigue el extraordinario poder de sugerencia de obras como la gran serie de los Aparatos. Otras veces alcanza una fuerte expresividad mediante la incorporación heteróclita de clavos, tornillos y hasta cabillas, dentro de esa libertad técnica que siempre lo ha caracterizado.
Debe destacarse también el hecho de que su lenguaje, muy unitario y particular, posee sin embargo un amplio registro estilístico que va, desde un barroquismo por el movimiento y la yuxtaposición de componentes múltiples, hasta formas simples y sintéticas. En algunas obras ambos modos se contrapuntean, en uno de los efectos de contraste típicos de su modo de hacer. Hay que señalar, además, en la cerámica, donde indudablemente ha alcanzado los resultados más altos, su original laboreo de los espacios interiores perfectamente integrado, que enriquece las posibilidades expresivas de esta manifestación, sorprendiendo al espectador y obligándolo a meterse dentro de las piezas.
Pero la mayor importancia de la exposición de Sosabravo radica en que es un índice del desarrollo, que alcanza niveles internacionales, logrado después de la Revolución —y especialmente en la última década— por la cerámica y el grabado, dos antiguas cenicientas de la plástica cubana.
Gerardo Mosquera
Sosabravo.
Periódico Granma,
La Habana, 31 de marzo de 1978.


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Es que Sosabravo tiene una imaginación desbordada que le permite como bien señalara Alejandro Alonso en las palabras al catálogo de una exposición del 78...
El empleo de un código —que es a la vez producto de su condición de individuo que vive inmerso en un proceso revolucionario, con la carga ideológica que de ello deriva- y de la expresión por medio de elementos contradictorios como lo mecánico y lo orgánico, el humor y lo dramático y la belleza de deforme.
De toda esa riqueza de recursos brotan indescriptibles interpretaciones de flores, soles, mariposas y otros extraños representantes de la fauna; güijes, títeres, vértebras y torsos que alternan con aparatos, fragmentos, ripios para crear un mundo fabuloso destinado a luchar por el derecho a la vida plena.
Los personajes aparecen ante nuestros ojos, dados a lo Sosabravo, colmados de múltiples elementos con los que introduce el absurdo, la fantasía y el humor. Los aparatos se erizan de clavos, ruedas, tubos agresivos; las flores como árboles atrapan al espectador entre cientos de detalles que no dejan espacio al vacío: las máscaras hablan y los torsos anatomicum contraponen la corbata al boquete abierto por la metralla, o dejan salida al futuro a través del pájaro posado en el hombro. Por muy dura que sea su crítica hacia los males de la humanidad; su modo de decir con el pincel, la piedra litográfica o la arcilla, la suaviza y deja un saldo optimista porque el gran tema de Alfredo Sosabravo es la vida.
María Elena Jubrías
Encuentro de ceramistas contemporáneos
de América Latina. (Catálogo)
Museo de Ponce, Puerto Rico, 1986.


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El ajuste de la mirada de Sosabravo se propone sobrevolar los específicos para constituirse él mismo en natura, en entidad orgánica y no derivada o analógica.

Lo que ha intentado edificar todos estos años el maestro se reconoce apenas como una catedral a la ilusión de la felicidad, de la alegría de vivir, tal hiciera antes Matisse (pintor gozoso donde los hubo), o entre nosotros Raúl Martínez y González Puig. Alfredo Sosabravo está perfectamente consciente de que se trata de una ilusión intocable, inalcanzable casi, pero una ilusión en definitiva muy necesaria a la vida y a la noción de Historia. Su empeño de felicidad, su huracán de energía positivísima es incluso consciente de la necesidad de esos votos a nivel de nación, de proyecto de país, de teleología de la existencia, pues no sólo de la negación y el caos vive el hombre.

Alguna vez leí, no hay que decir que no recuerdo donde, que la manera como amanece la gente es definitoria en los vectores de su conducta. Y no me estoy refiriendo a aquella hermosa película de los amaneceres apacibles que el tiempo ha puesto un poco vieja (que pena de desperdicio), sino a cierta máxima de filósofo, de sicoanalista, que tendía a caracterizar la energía del día a partir de las imágenes que el alba depara. Me pregunto ahora: ¿cómo no va a ser un hombre tremendamente noble Alfredo Sosabravo si tiene la dicha de amanecer todos los días ante la santidad de una iglesia con diseño neogótico para colmo, en cuanto a aquello de la intencionalidad posmoderna de la intervención sobre la historia de la cultura? Aunque su buena seña fluye directo de su interior a sus lienzos, nadie podrá negar que amanecer frente a la imagen del Paraíso o su recuerdo, o su evocación (ya que Alfredo no priorizaría jamás el ángulo de lo infernal, está claro), estimula los mejores pensamientos que el hombre porta y que son cada vez más útiles en tiempos de desmesura y descreimientos. No es que sea uno necesariamente religioso: no hace falta; pero la tenencia de talismanes, de detonantes positivos, de inspiraciones que recuerden el sentido menos perverso de la vida, de veras que se hace aconsejable a las argucias diarias de cualquier creador.

Rufo Caballero
La casa encantada.
(Catálogo).
Alfredo Sosabravo.
Premio Nacional de Artes Plásticas,
La Habana, febrero de 1999.