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Alejandro Darío: Dicotomías
Sin RESISTENCIA a una mayoría de edad artística.

Bien diferente a como se nos mostró en su primera exhibición personal, VAMOS A ANDAR LA HABANA -en la que abordaba el arquetipo de una ciudad desde su lado más sombrío (el deterioro paulatino por sistemática negligencia o persistentes precariedades), a pesar del esplendor de una arquitectura esbelta y recia que se resiste a no brillar-, Alejandro Darío arremete ahora con un emplazamiento tan complejo y neurálgico como aquel: el hombre mismo, su existencia propia, su convivencia, incluso, con y en contra de otras agresiones que hacen diana en su estructura corporal y en su ensamblaje psicológico… Si bien en aquella primera propuesta se movió en una paleta bien austera, de sobrias gamas cromáticas que se encargaban de transitar el asunto desde los blancos enmascarados hacia los grises-negros, aquí el color puro estalla en una amplitud estridente que –aunque con la presencia de altos contrastes, a veces casi incompatibles en sus valores-, se hace de una inaudita originalidad en un “fauvismo” traído de vuelta, pero renovado desde su inquieta mirada más contemporánea…

Y es aquí una de las características definitorias de este muchacho de veintidós años –que se nos ha hecho artista entre las manos-, que sobresale de su talento: la febril preocupación por todo lo que rodea a la propia existencia humana y a la de ella misma consigo misma en las cotidianas y constantes diatribas o en el posible diálogo entablado con sus congéneres, también protagónicos no explícitos… El individuo, en RESISTENCIA, se convierte en el actor principal de este “drama” visual que nos propone Alejandro Darío…

Empleando las formas básicas de un código geométrico, el joven artista las dota de caracteres humanos o sociales para estructurar su exacta dramaturgia plástica: el cuadrado (la materia) se convierte así en el elemento social, mientras que el triángulo (el reposo) se entrega como la sustancia espiritual que este hombre crea y co-crea para la emancipación o alcance de la libertad, desatada y fluyente para el bien en contra del mal, estableciendo, además, un ejercicio de certeras dualidades que va también a la estructura técnica con el rejuego de fondos y figuras, contenido y forma de su sostén discursivo, de la misma manera, también, que lo establece desde la compilación retórica de sus títulos en los que reitera, a modo de un supuesto prefijo que se sucede, los términos hechos: la redención y la represión, el refugio y el repudio, la resistencia…

Alejandro Darío no deja de lado la facturación de un dibujo que sustenta a la pintura, de tal forma que no se afirma ya de establecer si se trata de lo uno o lo otro…; mejor, resulta de una planimetría tan bien distribuida que dispone el rompimiento de sus bordes para convertirse en la posible osamenta escultórica de cuerpos que quieren salir del atropamiento, ése que –como exacto cuadrado- le pesa en su cabeza y en sus músculos, pero que procederá a echar por tierra para batir alas buscando el infinito cielo…

Alejandro Darío se nos hace adulto, porque su obra ya se perfila con la evidente madurez que está alcanzando… Tendrán que pasar algunos años más, pero RESISTENCIA –por ahora- es el mejor documento probatorio de lo que estoy afirmando…

Antonio Fernández Seoane.
La Habana, jueves 12 de noviembre de 2009

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LA POETICA DE ALEJANDRO DARIO.

Se acaba de inaugurar el 8 de Enero del 2010, la exposición de
artes plásticas titulada “RESISTENCIA”, en la Casa Guayasamín
de la Oficina del Historiador de la Ciudad.
Como pretexto inicial, esta muestra celebra el décimo octavo
aniversario de esta Institución y está integrada por una decena
de obras de gran formato.
Alejandro Darío, a pesar de su extrema juventud, ya ha realizado
exposiciones personales, como “Vamos a andar La Habana” en
la galería “Belkis Ayón”, en diciembre del 2007, y otras dos
en la Embajada de Holanda en La Habana, en el 2007, y
en el Estudio del Sistema Informativo del ICRT, en La
Habana en el 2009.
Ahora con esta nueva incursión personal se aumenta su
currículum y todo ello junto a innumerables exposiciones
colectivas.
Pero en “RESISTENCIA” , la diferencia va a estar en esa gradación
que toda madurez impone. En obras como “Reacciones”, el concepto
es urbanístico y contemporáneo desde el adentro de los cuerpos.
El joven dilata y complejiza la dualidad materia y subjetividad
para insistir en colores expresivos con figuraciones tensas.
Al emplear las formas básicas de un código geométrico,
ello define, pero no limita, el interés y la búsqueda en el
tema psicológico contemporáneo.
“Recargo” es un lienzo que, de forma drástica, nos encierra
en un mundo de represión e inhibición del que decididamente
se quiere salir. Aquí las gamas de rojos, con azules y negros
se conjugan muy bien.
En “Redención”, lo liberador estará en la composición que
genera una fuerza centrípeta que parece estallar.
Por su parte, “Refugio” aborda lo depresivo, el cansancio
y la fatiga, pero no la derrota.
El abanico de cuadritos rojos en “Repudio” , circunda el cuerpo
del figurante con sentido caótico moderno. En la “Reconcentración”
el hombre, ahogado prácticamente por el cuadrado típico en
Alejandro como símbolo, animaliza al hombre que no se deja
vencer a pesar de sus retorcimientos expresivos.
En “Represión 1”, el dogal, de rojo intenso, perpetúa
al hombre que busca, desde su atadura, toda la libertad
de su cuerpo desnudo y profundamente humano.
En “Represión 2 , al igual que la escena bíblica de Sansón
la energía está en la disposición del hombre que no se deja aplastar.
El cuadro “Resistencia” es el fluído interno del contenido de la
exposición y, perspectivamente consigue una buena óptica
que nos hace participar del esfuerzo de vivir.
El fauvismo que se le señala es, en el buen sentido de
aquel movimiento pictórico que tanto aportó, un tanto a su favor.
Alejandro Darío tiene bien elaborado su camino de “mayéutica”
y todos los que vemos sus lienzos participamos de sus preguntas
existenciales. Las respuestas son esperanzadoras. Los avatares
del tiempo y el decursar de la vida, nos dejarán un Alejandro
Darío, cada vez más abierto a nuevos conceptos y como los
buscadores de minerales preciosos en la tierra, su pincel
nos dará , en el futuro, la savia de su talento.

LINA DE FERIA
Enero del 2010


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PERÍMETROS PICTÓRICOS DE LA CIUDAD.

El pintor de la modernidad es una especie de arqueólogo que excava dentro de sí mismo, que se abre camino entre fragmentos de su patrimonio cultural y reúne todo lo que le parece capaz de tener algún sentido.
Alejandro Darío lo ha percibido claramente: “En el arte intentamos hacer una forma de las mismas cosas de que estamos hechos nosotros mismos”. Y define la modernidad “como una serie de fragmentos, vestigios de todo tipo de disciplinas, que llegan por este canal o aquella influencia…”.
En el joven artista (pintor y escultor), estos vestigios han surgido de la fusión de dos realidades: la interior sentida y la exterior dada. El mundo interior fragmentado del ser contemporáneo y el mundo exterior fragmentado de una civilización.
Todo ello aparece a flote en esta su primera exposición personal Vamos a andar La Habana, donde se va apoderando, poco a poco de estos vestigios, hasta aparecer restos arqueológicos, ruinas, pavimentos, muros, calles, plazas, viejos edificios y otros más nuevos….
La ciudad es la casa común de todo el que la habita. Hombres y edificaciones la componen. Alejandro Darío se va por las segundas, porque son creadas por los primeros. Es un espejo del interior humano. Evocada de diversas formas, la ciudad aparece en esos exteriores donde luz y sombra dejan huellas, donde el tiempo anida con su carga destructiva. Y en elementos constructivos de diversa índole, entre los que sobresalen los arcos, y la columna, metáfora visual que expresa lo universal, lo persistente y verdadero de todas las épocas.
Por eso habla, entre formas y muy poco color, de la memoria, a partir de un entramado que resulta al mismo tiempo constatación física de sus reflexiones acerca de la vida, el arte y otras íntimas vinculaciones que entre ellos existen. Involucrando imágenes en una sutil escenografía.
Un determinado universo ha quedado visualizado y fijado en estos pedazos de muro. Las formas arquitectónicas recias y magnas bullen en sus cuadros y liberan una energía mística que multiplica la acción contemplativa del espectador: misterios en los trazos y la atmósfera, que se tensan sobre un fondo ingrávido, donde al final hay un espacio en el que resultan imprecisas realidad-ficción, lo material y lo espiritual, aunque son captados de nuestra realidad más cercana: La Habana que está ahí, esperando por nuestras miradas.
Son, muchas de ellas, arquitecturas vistas frontalmente. Como en las basílicas, se focaliza la mirada hacia el espacio central, grandes escenarios que, al mismo tiempo, exigen la atención de los espectadores. Son, además, arquitecturas táctiles.
Al joven graduado de la Academia de San Alejandro, quien tiene por delante aún, un mundo por pintar y superficies que llenar, le atrae la exploración, el desafío técnico. Y esa vocación le sirve para recrear la calidad y la riqueza que cada objeto tiene en su piel. Para hacer táctilmente vivos los muros, hay que trabajar la superficie de cada obra como si fuera exactamente una cosa viva.
Son arquitecturas cromáticamente sobrias. No hay excesos. Ajustado en el color, encuentra en él un elemento definidor de su pintura presente, configurando espacios, creando el clima preciso que envuelve sus creaciones. Con muros, o sin ellos, el artista nos entrega un espacio metafísico, su interpretación de los sucesos y ese complemento poético y conceptual que vibra adentro y sale en forma de pinturas donde se integra historia, geografía, en una palabra, vida, aunque el hombre casi no aparezca y sólo se intuya.

TONI PIÑERA
Diciembre 2007