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| Yuri Santana. De la plástica joven |
Hace ya algún tiempo se dice que las grandes ferias de arte se están bienalizando en alusión a las propuestas que se exhiben y su nivel, digamos, conceptual o experimental. Ese fenómeno, que se da principalmente en Art Forum, Art Basel e incluso ARCO, en Madrid, tiene un curioso correlato –pero inverso- aquí en La Habana: El arte que se da por serio y exhibe en galerías le está escamoteando los motivos a esos “cuadritos” facilones y grotescos que se venden en la feria capitalina.
Es una certeza que se me encima frente a Peregrinación, instalación de fotos y dibujos de José Ángel Toirac y Ricardo G. Elías, o a las pinturas de Harold López, suerte de cronista de los nuevos y mickitos estilos de vida, así como delante de Monotownías, proyecto expositivo de Yuri Santana.
Este creador, a quien ya conocía por muestras colectivas, lo hace ahora en solitario e invierte el modus operandi con que se graduó del Instituto Superior de Arte, sustentado en el soporte. Yuri pintaba retratos –fundamentalmente- sobre objetos cotidianos: lavadoras, chancletas, tablas de planchar, etcétera, etcétera…, con una gran carga de intimismo y autobiografía. Ahora, toda esa cotidianidad, que ya no es casera sino pueblerina, la vuelca en el cuadro o inserta objetos de ese mundo a modo de ensamblaje o pintura objetual que raya en lo instalativo, reproduciendo así parte de las artimañas e ingenios del pueblo para garantizar la supervivencia. Yuri echa mano también a cuanto se aparezca: zinc, madera…. Y a cuantos estilos conoce: pop, informalismo, expresionismo abstracto… Planos eminentemente gestuales, abstractos conviven con otros de estirpe realista. El objeto real se yuxtapone con el virtual y así por el estilo, dando como resultado una textura ruda, desmañada, tratando de ser muy fiel a los códigos que desea representar: ya fácticos, ya ideológicos, muy cercanos a aquella “desobediencia tecnológica” o “estética provisional” que tanto trabajó Ernesto Oroza desde la fotografía y el vídeo básicamente.
Pero más allá del plano objetual a Yuri le interesa la zaga. O mejor, dicho, lo intangible, la fundidera. De ahí el título de su proyecto, Monotownías. Exquisito juego de palabras en español e inglés que habla de la rutina pueblerina, de la obstinación y de la precariedad de los planes de vida. Si El grito de Munch bien podía ser la summa visual del existencialismo y Antonia Eiriz cotidianizó esa misma angustia, la hizo terrenal, palpable en La anunciación, Yuri ni evoca ni alude a la rutina o el monotema: los quiere traer a presencia. Re-presenta. Por eso el énfasis narrativo, en contar la historia, digo yo. En volver sobre otras estampas cotidianas. Según el propio artista, “las costumbres, las expectativas, los gustos estéticos, el lenguaje cotidiano, las creencias religiosas, etcétera, están marcados por la impronta de lo popular y su peculiar modo de simplificar la riqueza de la realidad desde ese mundillo psicológico particular construido de intereses propios, y que en algunos casos degenera en un pragmatismo vulgar o en sensiblería superflua”.
Yuri atestigua. Es un buen espectador y alguien endurecerá el rostro.
Por: Elvia Rosa Castro
YURI SANTANA O LA EVIDENCIA DE LA ESCENA DEL CRIMEN
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Aunque estudiante del Instituto Superior de Arte (ISA), Yuri Santana García ingresó a sus aulas sin pasar por un nivel medio de artes plásticas. El ISA tiene una pedagogía de carácter tutorial donde el estudiante debe dedicar su carrera universitaria a encontrar un discurso personal. Para Yuri esta situación le indujo a dedicar su tiempo académico aprendiendo a pintar, entre otras razones porque él considera que el arte es la mimesis, la copia fiel de la realidad. Su sueño era pintar y pintar bien, como los maestros. En busca de la posesión de un oficio volcó toda su propuesta hacia tópicos relacionados con la familia y el espacio doméstico.
Como autodidacta que es, su elección de los objetos como soporte es instintiva. Para ser exactos, el aprendizaje de cierto ABC de la pintura le ha llevado a una experimentación lógica en evolución sobre medios de representación menos ortodoxos. Géneros tradicionales como el retrato y el bodegón con su naturaleza muerta se recomponen a través de objetos propios del hábitat doméstico. Una instalación como Maravillosa Maura propone cierto discurso de corte inclusivista, si no íntimo, al recomponer la historia de su madre y de su familia, en los diversos objetos de su casa. La familia gira entorno a la madre, también esposa e hija, y con ella sus objetos de uso. La mujer como dueña del hogar, pilar donde descansan cada uno de sus componentes. Yuri es obsesivo y la memoria familiar le persigue en un ejercicio cada vez más hábil de asir el pasado. La historia familiar se convierte de dato en pretexto para reconstruir el ayer; pero sobre todo, en motivo para conseguir el dominio de una techné y sus secretos. Al mismo tiempo cada objeto se reconoce como fragmento de la memoria familiar y nacional. Batidoras, lavadoras, tablas de planchar, jarros, ventiladores, cacharros de cocina, devienen testimonio de acciones y situaciones domésticas. La casa se torna espacio de protección, círculo de confianza, territorio único donde somos sin miedo.
En esta variación de soportes, del lienzo al objeto, del objeto a su acumulación, y de la acumulación fortuita a una disposición de los objetos a la manera de su espacio original, Yuri reproduce las influencias de su contexto. La mayoría de sus compañeros de aula realizan arte de tipo conceptual. El resultado es una pintura que intenta ser académica mientras coquetea con lenguajes para su gusto algo reaccionarios, cuando lo cierto es que prevalece la techné sobre el concepto, el acto de pintar sobre la idea. La obsesión primera y última de Yuri Santana García es pintar; lo otro es hojarasca en el camino que dejar.
Sandra Sosa Fernández
Marzo de 2006. PALABRAS DE LA CURADORA Y CRITICA DE ARTE SANDRA SOSA FERNANDEZ SOBRE LA INSTALACION “MARAVILLOSA MAURA”, EXHIBIDA COMO PARTE DE LA EXPOSICION COLECTIVA “LATIDO”(Oslo). |
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